Hablamos con el actor Fernando Valdivielso sobre su último trabajo en la serie «1992», dirigida por Álex de la Iglesia. También sobre los entresijos de la industria, una pasada nominación al Goya y futuros trabajos que verán la luz dentro de poco…
¿Cómo es trabajar con Álex de la Iglesia, a quien él llama «el jefe», cómo se ha preparado su último papel para «1992», cómo recibió la nominación al Goya por Mejor Actor Revelación gracias a «No matarás»? FERNANDO VALDIVIELSO está aquí y llega para resolvernos todas estas incógnitas…
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Fernando Valdivielso: «Es frustrante que puedan crearse una imagen sobre ti y lo que cuesta romperla»
Fernando, ¡estás en un momento increíble! ¿Cómo te sientes al ver cómo ha evolucionado tu carrera desde tus primeros trabajos hasta ahora?
Estoy muy feliz, me siento un auténtico privilegiado. Ya es un hito el hecho de poder trabajar en un sector en el que solo el 8% de la gente que se forma está en activo… así que me siento muy satisfecho por notar que la profesión va confiando más y más en mi trabajo y cada vez van llegando propuestas y personajes más complejos y ricos.
Para mí, esto no es solo un trabajo, sino también cumplir el sueño de mi vida, así que ver cómo, poco a poco, se va cristalizando, me llena de alegría, la verdad.
Hablemos de tu último trabajo… ¿Cómo te sentiste al recibir el papel de Richi en «1992»? ¿Y qué siente cuando quien te lo ofrece es Álex de la Iglesia?
Imagínate cómo es que un día suene el teléfono y al otro lado esté uno de los mejores directores del cine español ofreciéndote el papel protagonista de su próximo proyecto… COLAPSÉ, OBVIAMENTE.
Amo el trabajo de Álex desde que vi «Perdita Durango», siendo un renacuajo. No tenemos a nadie como él en nuestro cine; no tiene límites, es un temerario, arriesga y lleva sus historias hasta lugares a los que otros no se atreven a adentrarse. Fue un sueño cumplido trabajar con él, formamos un team perfecto y nos entendimos a las mil maravillas.
Si no me equivoco, venías de estar un largo período de tiempo sin trabajar. ¿Cómo sueles gestionar estas subidas y bajadas que una profesión como la de ser actor conlleva?
Efectivamente, fueron casi dos años de sequía. Incluso tuve que volver a trabajar en la puerta de un local.
Recuerdo que cuando Amazon Primer subió «Venus», la película que hice con Jaume Balagueró en esas mismas fechas, todos los chavales que pasaban por la puerta de la discoteca en la que trabajaba me reconocían y me preguntaban si era yo el de la peli de terror con Ester Expósito. Yo les contestaba que no, que siempre me decían que me parecía a ese tipo, pero que no era yo (risas).
Hay que amar mucho esto y ser un poco «titán» para aguantar estos vacíos psicológicamente. Es importante ocupar tu tiempo en actividades en esos momentos muertos, entrenar, meditar y no pensar demasiado es fundamental. De lo contrario, estás totalmente perdido.
Total look de Dickies
¿Hay algo más allá de esta incertidumbre que te desespere del hecho de ser actor?
La precariedad es lo peor en nuestra profesión. Hay que saber gestionar muy bien el dinero cuando lo tienes porque nunca se sabe cuándo viene el próximo trabajo. Hay que tener siempre ese «pepito grillo» activo para los tiempos laboralmente duros.
También existe una realidad dura que es innegable: cuando tienes un proyecto nuevo vas a resultar interesante para el público, los medios, las convocatorias de eventos, etc. Eres más atractivo para todo el mundo, incluso la gente de tu entorno te llama más. Una vez pasado ese momento, la atención ya se centra en el siguiente, en el nuevo estreno de cartel. Da bastante vértigo.
Ahora, con las plataformas, se consume de una forma muy rápida, voraz, y pasas meses trabajando en un proyecto para que, tras el estreno, haya un momento hype de un par de semanas y luego el público pase a otra serie o película. Es genial que haya mucha más producción local que antes, pero a la vez el ritmo al que se consume el trabajo es algo vertiginoso.
Como decía anteriormente, hay que ser consciente de esto en el momento actual de esta profesión y estar mentalmente preparado.
Richi es bastante diferente a los papeles que llevabas interpretando en los últimos años. Consideras que, en general, ¿cuesta que un actor se desprenda de ciertas etiquetas o características que sus personajes suelen encadenar?
Es frustrante que puedan crearse una imagen sobre ti y lo que cuesta romperla.
Una vez que has hecho un trabajo que han visto que has solventado bien y gusta, a veces, te encajan en ese estereotipo y es muy difícil salir de ahí. Si un actor defiende muy bien un personaje agresivo, por ejemplo, puede parecer que sale de una forma natural, cuando en realidad ha trabajado mucho para llegar a esa energía y nivel de agresividad, y por eso ha salido bien. Tal y como haría con cualquier otro tipo de personaje para alcanzar otros lugares, pero, en ocasiones, parece que el resto no es consciente de ese proceso.
Desde mi punto de vista, hay dos tipos de papeles: por un lado, los que se alcanzan con más naturalidad, por trabajarse desde la personalidad del propio actor, por una cuestión de similitud, de salir de algo que ya es familiar con la persona que interpreta. Y, por otro, los que implican un proceso completamente camaleónico, que piden destilar otra energía, crear una fantasía nueva con sus físicos, mutar a otras personalidades para contar historias y sorprender a los espectadores. Estos últimos son los que me fascinan, naturalmente.
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¿Cómo te preparaste para ponerte en la piel de Richi?
Richi era un caramelo: expolicía, alcohólico, un looser, un tío sagaz, temperamental, torpe, romántico. Estaba lleno de matices interesantes.
Lo que más me atrae de mi trabajo es la preparación del personaje, investigar, leer, ver muchas pelis, ponerme músicas que me inspiren, salir a la calle con el personaje. Para habitar a Richi, vi casi todo el trabajo de Stephen Graham: «The Virtues», «Boling Point»… cómo no, también revisité a Nicolas Cage, otro genio que maneja las escenas de borrachera como nadie en «Leaving las Vegas». También me ayudó mucho esta situación de estar borracho sin hacer nada, cosa que hace magistralmente Lee Remick en «Días de vino y rosas».
Acudí a muchos thrillers, como «Seven», la primera de «True Detective» y «Memories of the murder». Me llené de todo esto y me lo llevé al set para dejarme provocar y escuchar a la mejor compañera que me podía haber tocado: Marián Álvarez. Y este cocktail lo agitó como es debido el gran jefe (Álex de la Iglesia) y parece que ha salido algo que gusta a la gente. Así que todos contentos, ¿no?
«1992» refleja la corrupción y los problemas sociales que España enfrentó en los años 90. A propósito, ¿has descubierto algo a posteriori de tu trabajo en la serie que no sabías de nuestro país o a lo que quieras dar voz?
En realidad, más que descubierto, se ha refutado una idea, a pesar de que «1992» es todo pura ficción y solamente es cierto lo del hundimiento de la Nao Victoria y el incendio del pabellón.
La idea que extraigo de todo esto, desgraciadamente, es que nuestra clase política en general deja bastante que desear, que su estereotipo está fielmente retratado en nuestra ficción, y que ojalá no tuviéramos esta figura asociada a factores negativos, sino a velar por el cuidado del ciudadano de a pie.
¿Qué esperas que la audiencia tome de la historia y el mensaje de «1992»?
Lo único que espero es que se diviertan, que metan un paquete de palomitas en el microondas y disfruten de la serie del tirón porque es súper entretenida. Álex es un maestro en esto de volverte loco con todas las barbaridades que pasan en la pantalla, así que lo único que espero es que disfruten tanto como yo lo hice mientras la rodaba.
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Si tuvieras que lanzarnos una frase para atraer al espectador a ver «1992», ¿cuál sería?
Soy malísimo como publicista… Estoy pensando en unas cuantas frases y la verdad es que ninguna hace justicia, así que lo mejor es que se pongan el tráiler, que es muy fiel a lo que van a ver y seguro que les pica más la curiosidad para engancharse a la serie que cualquier frase mía…
Dejando a un lado «1992», has trabajado en proyectos increíbles, como «No matarás», entre otros. Sin querer ponernos melancólicos… ¿Hay algún proyecto en particular que te haya marcado personalmente o que recuerdes con especial cariño?
Cada proyecto tiene su lugar y con cada uno vas poniendo un pie en un peldaño nuevo. Bien es verdad que desde «No Matarás» y la nominación al premio Goya por Mejor Actor Revelación, las cosas empezaron a ir por un nuevo camino y me posicionó en otro lugar. El recuerdo de aquel proyecto es muy bonito.
Pero con cada proyecto vas conociendo a gente nueva y siempre te terminas llevando a alguien de cada uno ellos. Ten que en cuenta que en cada rodaje se crea una pequeña familia. Comes, duermes y pasas mucho tiempo con esas personas…
Por último, ¿tienes algún otro proyecto nuevo del que puedas hablarnos?
Este año estreno dos películas. Por un lado, «La deuda», dirigida por Daniel Guzmán, que pone el foco en el asunto de los fondos buitre y de la que aún no puedo desvelar mucho más…
Por otro, acabo de terminar el rodaje de «La Tregua», dirigida por Miguel Ángel Vivas, basada en hechos reales, que cuenta una historia que transcurrió en plena Segunda Guerra Mundial sobre un grupo de soldados republicanos y nacionales que fueron encerrados durante años en un gulag, campos de trabajos forzados en la antigua Unión Soviética. Interpreto a un minero anarquista republicano llamado Junqueras que ha sido todo un lujo poder encarnar. Además, aborda una tesis final muy humana que yo creo que va a dar bastante de qué hablar.
¡Estoy deseando poder compartir ya ambos proyectos con el público!