Jaime Hayon convierte el amor en escultura pública con «Love Catcher», una pieza que aterriza en Madrid para recordarnos que sentir —de verdad— sigue siendo un acto casi radical. Hablamos con el creador sobre honestidad, libertad y la necesidad de emoción en tiempos fragmentados
Con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas y sus obras repartidas entre algunos de los museos más importantes a nivel internacional, Jaime Hayon vuelve a presentar el jueves su última obra, Love Catcher. Una presentación que tendrá lugar en el marco de FORMA Design Fair Madrid, la nueva feria de diseño de colección de la capital que ya se postula como uno de los encuentros de referencia en el mundo artístico a nivel internacional.
Jaime Hayon, «Love Catcher» (2026). Escultura en acabado bronce perteneciente a la serie Soft Bronze, presentada en Madrid dentro de FORMA Design Fair. Imagen: Giovanni Ricco
Jaime Hayon: «En un mundo fragmentado, recordar que el amor es una fuerza activa, compartida y capaz de elevarnos, me parece esencial»
Love Catcher nace bajo una frase muy potente: «Entre tanto ruido y conflicto, querer es lo único que nos sostiene». ¿En qué momento sentiste la necesidad de convertir esa idea en una escultura pública?
Vivimos en un momento de saturación constante: conflicto, velocidad, polarización. Sentí que necesitaba responder desde mi lenguaje, que es el visual. No desde el discurso, sino desde la forma. Love Catcher nace como un acto de resistencia visual frente a esa fractura del mundo.
Pero también nace de algo profundamente personal. Para mí era fundamental hacerlo en Madrid. Mi voz en el diseño español y en el mundo del arte siempre ha estado influenciada por lo que ocurre en España: el color, la vitalidad, nuestra energía, el sol, el clima, la manera en que dialogamos y cómo vivimos el espacio público. Todo eso forma parte de mi imaginario creativo.
El personaje se estira para alcanzar un corazón, como si el amor exigiera esfuerzo. ¿Crees que hoy el afecto es un acto casi radical dentro del espacio urbano?
Sí, absolutamente. El amor hoy requiere intención. No es pasivo. El personaje se estira porque alcanzar algo valioso implica esfuerzo. En un entorno urbano marcado por la productividad y el ritmo acelerado, detenerse frente a una figura que lucha por alcanzar un corazón es casi un gesto subversivo. Es una invitación a recordar que el afecto es activo.
Imagen del proceso de creación de «Love Catcher», de Jaime Hayon. Imagen: Giovanni Ricco
¿Cómo surgió la idea principal de Love Catcher? ¿Siempre tuviste clara la idea?
La idea surgió de manera orgánica. Primero apareció la intuición: quería hablar del amor como elevación. Después llegó la imagen del personaje en pleno esfuerzo vital. Mi trabajo siempre intenta dialogar con el espectador. No me interesa imponer respuestas, sino formular preguntas a través de la creatividad.
La pieza forma parte de tu nueva serie Soft Bronze, donde trabajas la tensión entre lo monumental y lo blando. ¿Qué te interesa explorar en esa contradicción entre lo aparentemente sólido y lo flexible?
Me interesa cuestionar nuestra idea de permanencia. Durante siglos, el bronce representaba lo eterno. En Soft Bronze utilizo materiales ligeros y flexibles que evocan esa solidez monumental. El trabajo experimental sobre el material es clave aquí. Lo que parece sólido puede ser frágil, y lo que parece ligero puede ser profundamente estructural.
Jaime Hayon junto a «Love Catcher» en los jardines del Hotel Villa Magna, una intervención escultórica en pleno eje de la Castellana. Imagen: Giovanni Ricco
En Love Catcher hay algo lúdico, casi naïf, pero al mismo tiempo profundamente político. ¿Buscas conscientemente ese equilibrio entre juego y mensaje?
Sí, es natural en mi trabajo. El lenguaje lúdico abre la puerta emocional. Me interesa que el espectador entre desde la curiosidad y luego descubra la capa conceptual. El juego no es superficial; es una herramienta para hablar de temas complejos.
Presentar la obra en los jardines del Hotel Villa Magna, en pleno eje de la Castellana, convierte la escultura en un gesto urbano muy visible. ¿Cómo dialoga la pieza con el ritmo, el lujo y la arquitectura de ese entorno?
El eje de la Castellana simboliza poder, arquitectura sólida y ritmo acelerado. Insertar una escultura hinchable que habla de amor genera un contraste necesario. Además, participar en un festival que cada año gana más fuerza es importante para mí. Creo que es relevante que mi voz, que ha tenido influencia internacional, siga presente también en mi país.
El artista y diseñador Jaime Hayon presenta «Love Catcher» en Madrid, una pieza pública que reflexiona sobre el amor como acto activo. Imagen: Giovanni Ricco
En un momento en el que la cultura visual está dominada por lo digital y lo efímero, ¿qué papel crees que deben asumir las esculturas públicas en la construcción de memoria colectiva?
Las esculturas públicas generan experiencias compartidas. En un entorno dominado por lo digital, la presencia física obliga a una relación corporal y espacial distinta. Mi trabajo intenta generar diálogo. El espacio público es el lugar más honesto para que esa conversación ocurra.
Detalle del proceso experimental de «Love Catcher», donde Jaime Hayon explora la tensión entre monumentalidad y ligereza en su serie Soft Bronze. Imagen: Giovanni Ricco
¿Cuál es el secreto para que una obra conecte de verdad con alguien? O por lo menos, ¿cuál crees que ha sido tu secreto?
No sé si hay un secreto, pero sí honestidad. Cuando una obra nace de una inquietud real, conecta. Si yo no siento algo al crearla, difícilmente lo sentirá otra persona.
Después de más de dos décadas de trayectoria, ¿qué sigue inspirándote a crear?
Después de dos décadas de trayectoria, lo que más me interesa es seguir experimentando. Seguir aprendiendo de nuevos materiales, de los viajes, de trabajar con personas nuevas. Yo me reto constantemente. Es ese reto continuo el que me hace evolucionar. Paso del arte al diseño, del diseño al espacio, de la escala mayor a la pequeña sin miedo a la clasificación.
Creo que tengo un mundo imaginario rico que me permite moverme entre disciplinas con libertad. Esa versatilidad es lo que me mantiene vivo creativamente. Es una libertad casi infantil. Crear, para mí, es mantener esa libertad intacta y seguir aprendiendo mientras hago.
«Love Catcher», la nueva escultura de Jaime Hayon, instalada en Madrid como símbolo de esperanza y elevación en el espacio urbano. Imagen: Giovanni Ricco
¿Hay algo que necesites tener siempre para poder crear una obra? Estar en un lugar determinado, seguir un patrón determinado…
Necesito libertad, sobre todo mental. Un espacio donde pueda jugar, equivocarme y probar. No sigo un patrón fijo; cada obra exige su propio proceso.
Si tuvieras que definir Love Catcher en una sola emoción que te gustaría que el espectador se llevara al marcharse, ¿cuál sería y por qué?
Esperanza. Porque en un mundo fragmentado, recordar que el amor es una fuerza activa, compartida y capaz de elevarnos, me parece esencial.