El nuevo álbum de Rosalía es una misa futurista donde el deseo, la fe y la vulnerabilidad se funden en un solo idioma: el suyo. Y desde Vanidad, te lo contamos:
Rosalía en «Beghain». Fotograma oficial del vídeo.
Rosalía en «Beghain». Fotograma oficial del vídeo.
El nuevo álbum de Rosalía es una misa futurista donde el deseo, la fe y la vulnerabilidad se funden en un solo idioma: el suyo. Y desde Vanidad, te lo contamos:
Hay artistas que graban discos y luego está Rosalía, que construye universos. «LUX» no es solo su regreso: es una revelación. Tres años de gestación, un año de escritura obsesiva y una producción que cruza lo sagrado y lo terrenal, lo humano y lo divino. Grabado con la Orquesta Sinfónica de Londres y los coros de L’Orfeó Català y la Escolanía de Montserrat, el disco suena a algo imposible: un pop celestial que se atreve a rozar lo eterno.
«LUX», del latín «luz», es exactamente eso: una investigación sobre la mística de la feminidad y la santidad. Pero también sobre el poder de seguir el propio deseo, incluso cuando te lleva por caminos donde no hay mapa posible. Rosalía ha dispuesto de lo más escaso en la industria —tiempo, espacio y libertad— para crear un álbum que parece brillar desde dentro.
Desde el primer tema, «Sexo, violencia y llantas», se siente el pulso de lo que va a ser el álbum. Es un golpe sobre la mesa, una declaración de presencia: su voz —que se echaba de menos— vuelve como un trueno. A partir de ahí, el disco es un ascenso. «Reliquia» te transporta entre violines y electrónica, una liturgia que mezcla épocas y texturas; «Divnize MAN» entrelaza catalán, inglés y español, como si Rosalía quisiera recordarnos que su idioma es la mezcla, la transgresión.
En «Porcelana» emerge la conexión con la Rosalía más reciente —sí, hablamos de la de «Motomami»—, pero vestida de un nuevo magnetismo orquestal que ya veíamos en «Berghain» y que nos sorprendió de igual manera. Hay ecos de Charli XCX, sí, pero filtrados por una sensibilidad que ya no busca la vanguardia por rebeldía, sino por verdad.
«Mio Cristo», en cambio, es un aria en italiano, escrita con la complejidad y la devoción de quien se enfrenta a su propia fe. «Perla» suena a bolero moderno, un ajuste de cuentas con un amor que traiciona y una letra que suena directa a su destinatario. Quién será o no, a pesar de que desde Vanidad tengamos nuestras ideas, siempre quedará solo en su memoria.
Y es que el álbum sigue, y sin darte cuenta llegas a «De Madrugá» retoma la raíz flamenca, pero en clave onírica. «La Yugular» duele, literalmente, y «Sauvignon Blanc» rompe en lágrimas. Es un disco que no teme el dramatismo ni la emoción desnuda.
La canción inesperada llega con «La rumba del perdón», junto a Estrella Morente y Silvia Pérez Cruz. Tres voces que se encuentran en una rumba que trasciende géneros, generaciones y etiquetas. Es un diálogo entre tradiciones, pero también una muestra de cómo Rosalía puede habitar cualquier territorio sonoro sin perder identidad.
En «Memoría», cantada en portugués y coescrita con Carminho, se amplía aún más el mapa emocional del disco. Y el cierre, «Magnolias», es casi una plegaria: un grito al cielo, un llanto que se convierte en canto. Como si el álbum entero hubiera sido una ascensión hacia esa nota final, donde el dolor y la belleza se confunden.
«LUX» no es un disco para oír de fondo. Es un rito, un espejo que obliga a mirar hacia dentro mientras su autora asciende hacia lo alto. En una era dominada por la inmediatez, Rosalía entrega una obra que se detiene, que exige atención y se niega a complacer por simple inercia.
Es una demostración de que el pop también puede ser una forma de plegaria. Estos sesenta minutos —que serán analizados hasta el cansancio— representan un desafío. Contienen de todo: un mosaico sostenido por pura fuerza de voluntad, de producción, de visión. Pero, por momentos, ese conjunto parece un cuerpo con demasiadas cabezas. Detrás hay una ambición descomunal, imposible de negar.
Y cuando suena el último acorde de «Magnolias», solo queda una certeza flotando: Rosalía ya no busca la luz. Ella es la luz.

Lucía Martínez Rubio @luciamartinezrubio
Imágenes: SONY Music Spain