MINA EL HAMMANI. Abrir camino

Solo encadena éxitos en uno de los momentos más brillantes de su carrera. Su Helena de Troya en «Las Troyanas», premiada por la Unión de Actores, y su reciente galardón de Actriz del Siglo XXI de Medina del Campo, lo confirman. Mina El Hammani es la portada 2/11 de Vanidad #243. Descubre la entrevista exclusiva a continuación:

Tras conquistar al público en televisión y ampliar su presencia en el cine y las series internacionales, Mina El Hammani (Madrid, 1993) encuentra ahora en el teatro un espacio desde el que seguir expandiendo su trabajo como actriz. Desde el escenario del Festival de Mérida con «Las Troyanas» hasta su próximo paso por Almagro, con un rodaje de por medio en Portugal, atraviesa uno de los momentos más intensos de su carrera. Un impulso que también ha reconocido la profesión con su galardón a Mejor Actriz Secundaria de Teatro por parte de la Unión de Actores. Paso a paso, la intérprete se ha consolidado como una de las voces más personales de su generación, siempre en busca de personajes con capas, fuerza y verdad. Proyectos que, además, le permiten reflexionar sobre cuestiones como el encasillamiento en la industria, la responsabilidad de quienes cuentan historias y el papel del arte para abrir conversaciones.

Mina El Hammani: «Esto no es solo por mí, sino por muchísimas compañeras con las que puedo hablar desde el conocimiento. Ya nos toca. Hemos hecho mucho trabajo, queremos seguir siendo vistas, queremos seguir contando historias y creo que hay espacio para todos»

Vestido azul palabra de honor en seda plisada y cinturón negro ancho. Todo de EMPORIO ARMANI 30-37ArmaniMina-m.indd 34 26/3/26 12:12 Vestido azul palabra de honor en seda plisada y cinturón negro ancho. Todo de EMPORIO ARMANI
Vestido azul palabra de honor en seda plisada y cinturón negro ancho. Todo de EMPORIO ARMANI
Estás viviendo un momento muy intenso profesionalmente entre teatro, series internacionales y nuevos proyectos. ¿Cómo estás viviendo esta etapa de tu carrera?

Muy ilusionada. Al final, poder vivir de esto, como artista y como actriz, siempre es una gran suerte. Es un trabajo muy complicado y muy inestable. También estoy intentando colocarme en otra tesitura: intentando procesarlo todo y disfrutarlo. A veces se entra en un círculo en el que todo avanza muy rápido y no te da tiempo a frenar ni a valorar lo que estás haciendo ni cómo lo estás haciendo.

Estoy en un momento de enorgullecerme de los pasos que estoy dando y de por qué los estoy dando. De no dejarme arrastrar ni adentrarme en una corriente en la que, al final, se pierden los valores. Yo creo que es importante mantenerlos siempre y también tener muy claro por qué me dedico a esto y por qué no.

Cuando miras hacia atrás, desde tus primeros trabajos hasta ahora, ¿sientes que ha cambiado la forma en la que eliges los proyectos?

Puedo elegir y, de hecho, he dicho que no a ciertos proyectos, pero tampoco es que tenga veinte guiones sobre la mesa (risas). Al fin y al cabo, he tenido la suerte de crear personajes muy interesantes y con mucha fortaleza, algo que se me recalca mucho y que agradezco, porque hay una energía y una carga emocional que me interesa mucho de los personajes que he ido interpretando a lo largo de mi trayectoria. Ahora tengo la fortuna de que haya directores o directoras que se fijan un poco más en mí. Por ejemplo, con Carlota Ferrer, que me ha dado la oportunidad de poder interpretar a Helena de Troya, uno de los grandes personajes a nivel actoral que, yo creo que a cualquier actriz le encantaría encarnar. Estoy súper agradecida de desarrollarlo en amplitud y, obviamente, contar este personaje en la historia de «Las Troyanas».

En cuanto a decidir aceptar un papel o no, en mi caso, a veces, es un poco más sentir que lo que cuenta un personaje ya lo he podido explorar con otro, a pesar de que de valor a todos. Si hay una situación o un detonante distinto que no he podido observar con otros personajes, me meto de lleno. Pero si es «sota, caballo, rey», algo que siento que ya he realizado y que ya he comunicado al público, entonces no. Quiero decir, no tengo ninguna carga familiar (risas). Tengo dos gatos maravillosos y puedo decidir, en este momento de mi vida, si hacerlo o no. Eso sí, siempre intento adentrarme en historias donde sienta que el personaje tiene algo especial, algunas capas que puedan llegar a sorprenderme.

En varias ocasiones has hablado de la responsabilidad que sientes con los personajes que interpretas ¿Ha evolucionado esa mirada con los años?

No. Siempre me sentiré responsable de los personajes que interprete. Antes ya lo sabía, cuando era más jovencita, pero no tenía ni la experiencia ni el vocabulario suficiente para poder comunicarlo. Ahora me he dado cuenta de que, al final, me considero un canal comunicativo.

Hay algo de la profesión que yo disfruto muchísimo: haber interpretado personajes que, de alguna manera, me ha salvado la vida. Si yo no fuera actriz, sinceramente, no sé lo que sería. Pero cuando hablo de interpretar personajes, de esta profesión, no considero que sea algo mío. Al final veo que tengo una labor, y esa labor es contar historias que entretengan al público, pero sobre todo que generen una reflexión, un debate, unas preguntas… Eso es lo que me interesa. Esa responsabilidad que yo tengo con el público la tengo también con los personajes. Por suerte, o no, según como se mire, con los personajes que me han ido ofreciendo he podido generar esos debates, que para mí son muy interesantes.

Mono beige en seda, pulseras en resina y sandalias. Todo de EMPORIO ARMANI
Mono beige en seda, pulseras en resina y sandalias. Todo de EMPORIO ARMANI
Has hablado alguna vez de lo fácil que es que la industria te encasille en determinados perfiles. ¿Cómo se lucha contra eso sin dejar de trabajar o cómo lo utilizas a tu favor? ¿Sientes que, de alguna manera, tu carrera también ha abierto camino para otras generaciones?

Yo creo que sí. Me han hecho llegar muchos mensajes con mucho cariño de personas que, al verme, han querido adentrarse más en este mundo y han querido formarse al sentir que alguien había abierto una pequeña ventanita. Yo soy de los 93 y de pequeña no he visto a nadie con quien haya podido reflejarme. Recuerdo «El Príncipe» con Hiba y pensar: «Jo, que una chica árabe sea protagonista y esté triunfando… Si ella lo ha conseguido, ¿por qué yo no?» Y es verdad que me han llegado mensajes muy similares a lo que yo sentía en ese momento.

La industria te coloca en un lugar determinado. Yo creo que por la exposición que has tenido con ciertos personajes, pero muchas veces se quedan ahí. Así que, hay que seguir trabajando día a día. Monté una productora para intentar avanzar con este tema. Es verdad que he trabajado detrás de cámaras, no he protagonizado ningún proyecto con otro tipo de personajes, pero porque no me interesaba en ese momento. Me gustaba mucho cómo se gestaban y cómo se gestionaban las cosas que ocurrían detrás. Me parece algo muy interesante entenderlo para luego poder desarrollarlo con amplitud en otros trabajos.

A día de hoy sigo con teatro, con «Las Troyanas». El teatro me ofrece un espacio donde no me encasillan. De repente interpreto a Helena de Troya y voy a hacer una obra de Cervantes. El teatro me permite no estar limitada. Creo que esto habla también de industria: hay muchas industrias dentro de una industria y cada uno decide dónde colocarse. A mí me encantaría poder interpretar miles de personajes con distintas situaciones. Creo que ya toca ese avance. Francia y otros países europeos ya nos han adelantado. España tiene que empezar a tomar el relevo desde un lugar serio, concreto y humilde. Sobre todo, por la nueva sociedad que tiene que verse reflejada en el audiovisual. Esto no es solo por mí, sino por muchísimas compañeras con las que comparto esta opinión y con las que puedo hablar desde el conocimiento. Ya nos toca. Hemos hecho mucho trabajo, queremos seguir siendo vistas, queremos seguir contando historias y creo que hay espacio para todos y todas.

No sé quién decide lo del encasillamiento. Desde luego, yo no soy la persona adecuada para que le digan lo que tiene que hacer. Toda mi vida he intentado ir por mi camino sin interferir en el de nadie. Pero sí, tengo muchos sueños y muchas ganas de seguir comunicando cosas. Espero que algún día, en alguna entrevista, no tenga que hablar de esto (risas).

Aunque te hemos visto mucho en pantalla, como dices, el teatro ocupa cada vez más espacio en tu carrera. ¿Hay algo que te dé el escenario que no encuentras en el audiovisual?

Puede ser, no sé. El teatro de repente me coloca en otro espacio, en otro lugar. También es verdad que el contacto directo con el público es algo que me aterra y me fascina a partes iguales (risas). Obviamente en el audiovisual también sigo con esos nervios. Antes de que digan «acción», siempre siento un gusanillo que nunca se va a perder y creo que es fundamental para seguir dedicándome a esto.

El teatro te coloca en el aquí y en el ahora, en la situación de los personajes y, sobre todo, en el compañerismo. Hay algo especial en saber que estás ahí no por ti, sino por tus compañeros, que tienes que contar esa historia de la mejor manera posible porque el público lo está recibiendo. De hecho, la energía que hay en un escenario influye tanto en cómo lo vivimos como en cómo lo percibe el público, y eso es muy, muy interesante.

Ahora con Helena de Troya no solo interpreto a Helena; de repente estamos contando la historia de «Las Troyanas», una historia que habla de las guerras y refleja situaciones que seguimos viviendo hoy. Es una cosa muy loca cómo algo que se contaba en su momento, hoy se vuelva a vivir. Poder ser consciente de que la humanidad repite ciclos constantemente… A mí me fascina mucho. Me genera muchísimas preguntas.

También disfruto sentirme muy arropada. Hay una cosa que me encanta del teatro (aunque el cine a veces también lo ofrece): levantarte por la mañana, recoger tu café e ir a ensayar a un lugar donde sabes que vas a estar ocho horas de lunes a sábado, creando un personaje, viendo cómo trabajan tus compañeros y trabajando mano a mano con el director o directora. Eso para mí siempre es de agradecer porque, al final, el trabajo lo construye uno, pero no puedes hacerlo sin un equipo. El teatro siempre te va a ofrecer ese espacio y ese tiempo que a veces el audiovisual no te ofrece y es una pena, la verdad. El arte no se construye en un día.

Levita y pantalón beige en lino, bolso negro bandolera y botas negras en piel y red. Todo de EMPORIO ARMANI
Levita y pantalón beige en lino, bolso negro bandolera y botas negras en piel y red. Todo de EMPORIO ARMANI
¿Construyes tus personajes del audiovisual de manera diferente a como construyes los del teatro?

Creo que no. Obviamente les doy todo el valor, al cien por cien, tanto en uno como en otro. Sí que es verdad que con el teatro tengo más tiempo, pero no porque se lo dé yo, sino porque el proceso lo permite. Voy al ensayo y estoy allí mis ocho horas trabajando y, a veces, sigo trabajando después respecto a las notas que me ha dado la directora, en el caso de «Las Troyanas». Lo pongo en pie en mi casa, con mi música, con mis mantras, con mis cosas.

En el audiovisual, en cambio, ese trabajo es un poco más solitario. Analizas mucho más el texto y esas horas que no dedicas a los ensayos (que a veces ni hay), pues tienes que hacerlas en casa. Al día siguiente lo compartes con el director o la directora para ver si hay un acuerdo, si hay una línea común que podamos seguir para que, el día del rodaje estemos lo más alineados posible. Entonces, sí, hay momentos que para mí el audiovisual es mucho más solitario por tiempo.

Aunque, por ejemplo, con «Élite», en la primera y la segunda temporada, ensayamos durante un mes, ocho horas al día. Ramón Salazar y Daniel de la Orden construyeron ese espacio y ese tiempo para que los personajes estuvieran lo más próximos al rodaje y, si había que hacer cambios, tener la materia prima muy bien trabajada. En otros proyectos a lo mejor tienes la oportunidad de estar una semana haciendo trabajo de mesa, pero lo que es poner en pie las situaciones, tener a directores trabajando contigo mano a mano, que se tiren al suelo, probar, jugar… Me ha pasado solo en «Élite».

Estrenaste «Las Troyanas» en el Festival de Mérida, un lugar muy especial para cualquier actor y actriz. ¿Cómo recuerdas aquella experiencia?

La verdad que increíble. Fue la segunda vez que iba. La primera estuve con «Edipo» y justo mi padre falleció. Lo enterramos y, al mes, estaba en Mérida. Una cosa muy loca. Lo disfruté, claro, pero al mismo tiempo no lo disfruté porque estaba de luto. O eso creía en ese momento…

Ahora he tenido la oportunidad de volver a Mérida y de recibir su energía desde un lugar mucho más templado. Ha sido muy especial. También influye mucho con quién vas, ¿no? He tenido mucha suerte de ir con un equipo increíble y con mis compañeros. Además, siempre me gustará del teatro, pero en especial de Mérida que, independientemente del calor (al final tienes las funciones a las diez y media de la noche y aun así hace 42 o 43), escuchas el abanico de la gente antes de empezar, sientes ese calor, esos nervios… Hay una energía que espero poder vivirla muchas veces más, aunque, habiendo estado dos veces, me doy ya un canto en los dientes (risa). Es una energía muy pura, muy real y muy de tierra.

Ha sido una semana muy valiosa, muy bonita y agradecida. De verdad que sí. De pequeña decía: «el día de mañana cuando sea actriz y viva bastantes historias…». Pues al final, Mérida, si tengo nietos, será un recuerdo precioso, el poder contarles que yo estuve allí.

La obra llegará muy pronto a Madrid. ¿Se vive y se percibe diferente actuar en un espacio como Mérida a hacerlo en uno como el Teatro La Latina?

Yo creo que sí, obviamente, por el espacio. Al final es algo que cuenta mucho y dice mucho, sobre todo a nivel energético (yo pienso bastante en las energías). Pero no te sabría decir al cien por cien cuáles serían los cambios aparte de ese.

Tengo ganas de volver a ensayar. Nosotros paramos. Hicimos las funciones en Mérida, en agosto, y a los dos días me fui a Lisboa a rodar una serie. Desde entonces no he tocado «Las Troyanas». Tengo muchas ganas de ver cómo cambia. Al final Mérida es un espacio muy grande. De hecho, antes del festival, nosotros ensayábamos en una sala grande, pero claro, no era Mérida. Constantemente la directora nos recordaba que teníamos que engrandecerlo todo muchísimo. Ahora, será lo contrario: habrá que reducirlo. Pero bueno, con Carlota y con Ana, la coreógrafa, tendremos tiempo para recolocar la pieza en el espacio del Teatro La Latina.

Es algo que ya me pasó con «Edipo». También estrenamos en Mérida y luego estuvimos en el Teatro Español. Pero ahí no noté tanta diferencia porque la estructura y la escenografía estaban muy adecuadas a Mérida. Sí que se recortaban unos metros, pero no era una cosa tan exagerada como a lo mejor con «Las Troyanas». También aquí tengo una coreografía de danza y todo eso habrá que recolocarlo. En Mérida, al final, estaba con Carlos Beluga, mi compañero, que me subía y me bajaba con todo el espacio del mundo. Ahora… A ver, a ver (risas).

Chaleco negro en seda, broche rosa multi-tiras, pantalón verde agua con lentejuelas y bailarinas negras en piel. Todo de EMPORIO ARMANI
Chaleco negro en seda, broche rosa multi-tiras, pantalón verde agua con lentejuelas y bailarinas negras en piel. Todo de EMPORIO ARMANI
Ahora empiezas los ensayos de «Cautivas» para el Festival de Almagro. ¿Qué fue lo primero que te atrapó de este proyecto?

Sí, de hecho, me voy en dos semanas a ensayar. Lo primero que me atrapó del proyecto probablemente fue Emilio Manzano, que es un director maravilloso al que quiero y admiro muchísimo. Y luego, obviamente, el elenco: están María Moreno, Farah Hamed, que es quien hacía de mi madre en «Élite»…

Vamos a hablar de Cervantes y de unas mujeres muy poderosas. No puedo hablar mucho del texto, pero sí de lo bonito que va a ser colocarme en un espacio donde vamos a estar todos metidos durante un mes ensayando. Siempre lo digo: hay cosas muy bonitas de trabajar y otras no tanto. La ilusión que tienes al principio, cuando vas a formarte y conoces gente nueva, se va perdiendo un poco a medida que creces. Este proyecto donde voy a estar metida en un lugar con gente a la que admiro y quiero, que son pura creación al cien por cien, me va a devolver esa ilusión. Vamos a contar historias de las que yo misma también voy a ir aprendiendo, igual que de los textos que escribió Cervantes dentro del imaginario de Emilio Manzano. Tengo muchas ganas de estar ahí y de ver qué ocurre.

Además, Emilio tiene una forma de trabajar muy abierta. Hablé ayer con él y me decía «quiero que vengáis aquí, que podamos leer el texto juntos y que luego, cambiemos lo que haya que cambiar». Va a ser un lugar de creación y eso también me llama mucho de esta obra. Por no hablar de la posibilidad de estar en Almagro que, para mí es como hacer otro check. El CDN, el Español, Mérida… Y de repente, ¡Almagro! Son teatros muy potentes y, sinceramente, para mí es un privilegio poder estar ahí.

También tienes pendiente el estreno de «Lisbon Noir» para Prime Video, rodada en Portugal y con un reparto internacional en el que tú eres la única actriz española. ¿Cómo fue entrar en ese proyecto?

Hace casi un año y medio tuvimos una reunión con los productores y el director. Me contaron un poco la idea del personaje y de lo que querían hacer con esta historia. Era un personaje marroquí pero nacida en España, como yo, y de repente era policía. Fue como: «¡Guau! ¡Esto no lo he contado nunca!» (risas).

También había otros matices del personaje que me generaban mucho interés para poder construirlo. Después de rodar la película de «RAQA» (también de Prime) con Álvaro Morte y Gerardo Herrero, un drama-thriller, pero con mucha acción, se me quedó un gusanillo dentro. Cuando me comentaron que también iba a haber escenas de acción en esta serie, dije que sí. Hay algo ahí que, a nivel emocional y físico, me pide implicación al cien por cien. Quería un personaje que no me dejaste a medio gas y este personaje era todo eso: potente, fuerte y, la posibilidad de poder interpretar a una policía, que es algo que siempre he querido.

También estaba la posibilidad de trabajar con nuestro país vecino. A mí hay algo que me encanta: poder viajar, poder conocer muchas culturas y muchas situaciones. Así que dije: «¿Qué mejor manera para hacerlo que irme a Lisboa tres meses?» Además, he grabado con Pêpê Rapazote, con quien ya coincidí (aunque no en trama), en «Marea Negra», en la tercera temporada. Ha habido un elenco maravilloso.

Tengo muchas ganas de ver el resultado. Soy de esas actrices que hace su proyecto, se vuelve y no ve nada hasta que el director o la directora le diga: «Oye, puedes ver esto». Así que, estoy con mucha curiosidad de ver qué ha quedado y cómo ha quedado. Con el streaming nunca se sabe. De repente estás contando una historia de cien minutos y a lo mejor eso se queda a cuarenta. Nunca se sabe…

Chaqueta gris en lino con cuello mao, pantalón gris en lino, cinturón negro de piel con flecos y botas negras en piel y red. Todo de EMPORIO ARMANI
Chaqueta gris en lino con cuello mao, pantalón gris en lino, cinturón negro de piel con flecos y botas negras en piel y red. Todo de EMPORIO ARMANI
Rodar fuera de España siempre implica otras dinámicas de trabajo. ¿Qué te llevas de la experiencia de grabar en Portugal?

Es la tercera vez que trabajo fuera de España y hay algo que esta industria tiene en común en cualquier país y que es muy bonito: hay un idioma distinto, pero el lenguaje es el mismo. Entre ellos hablaban portugués, también inglés y luego mi personaje hablaba en español. Yo estaba todo el rato intentando que el director entendiese por qué decía ciertas cosas mi personaje, porque la manera en que estaba escrito en el guion, no es la misma a cómo nos expresamos aquí. Era entre un follón y algo ordenado (risas).

Hay un código igualitario en el que todo el mundo se entiende. Yo, como he dicho, soy una persona a la que le encanta viajar, conocer gente de distintas culturas y colocarse en esa tesitura de entender y no entender. A veces estás ahí y, aunque una conversación no vaya contigo, intentas rescatar lo que se está comentando. No solo con los actores o con el director, también con el equipo. Soy una actriz a la que le encanta saber qué ocurre en los distintos departamentos, ver cómo se manejan entre ellos, qué van colocando y cómo van descubriendo también el proyecto a medida que pasa el tiempo. Y, con una actriz que tampoco habla su idioma, hay situaciones muy graciosas.

Al final, los que nos dedicamos a esto, es porque amamos el arte e, independientemente del idioma que hablemos, llegamos al mismo lugar. Además, fueron muy respetuosos. Había mucho cariño, muchas ganas de cuidarme, de hacerme entender absolutamente todo lo que estaba pasando.

Hoy en día parece que las redes sociales forman una parte inevitable de la carrera de un actor. ¿Ves necesaria esa relación? ¿Qué papel han tenido en tu trayectoria y cómo gestionas esa exposición extra?

Siento que a mí eso no me ha pasado. Utilizo las redes sociales y las mías, las manejo yo porque me gusta tener el control sobre quién soy, sobre mi imagen y sobre lo que muestro. Creo que son una herramienta que nos ayuda, pero también es un arma de doble filo. Hay que tener mucho cuidado y tener en cuenta que yo soy actriz y que el trabajo que realizo está encima de un escenario o delante de una cámara. Luego, obviamente, está la promoción que puedo hacer de esos proyectos en redes, algo que, por otro lado, es maravilloso.

Es un tema… Hace unos meses publiqué algo respecto a esto, pero siento que no podría dar una respuesta detallada. Es que es algo tan nuevo… No llevan con nosotros ni diez años y de una manera tan presente, yo creo que ni cinco. Entonces, no sé. Es una pregunta que me gustaría reflexionar conmigo misma. Yo intento mostrarme como quiero, de una manera natural y sencilla. Obviamente lo enlazo con las alfombras rojas, porque al final forman parte de mi vida, pero sin querer magnificarlo. No me interesa mostrar algo que no estoy viviendo o glorificar algo que sí.

También creo que es importante educar a la gente joven. Yo soy de la época Tuenti y eso ya era súper loco. Recuerdo tener profesores maravillosos que nos decían: «Todo lo que subáis a las redes sociales se va a quedar ahí». Creo que es algo que todavía no sé tiene en cuenta. Veo en ellas muchas cosas y me pregunto si esa gente tiene a alguien que le explique que es peligroso.

Por otro lado, cuando hablo con directores de casting, con directoras o con gente de la industria, es verdad que a veces te piden el usuario, aunque no necesariamente porque ellos lo quieran. Puede ser un requisito del productor o de la plataforma. Pero en mi caso, puede que estar tan encasillada me haya salvado (risas). Nadie ha dicho «bueno, la cogemos por los seguidores». No me ha pasado y lo prefiero. Quiero que me llamen por mi trabajo, por el valor que le doy, la responsabilidad y el compromiso que tengo con este oficio. Eso es lo más importante. Luego, obviamente, todo suma, no digo que no. Al final, las redes sociales son el público y son personas. A veces, cuando hablamos de la industria parece que hablamos de metal, pero no, son personas que están ahí y te apoyan. Entonces, como mínimo hay que tenerlo todo cuidado.

Mono beige en seda, pulseras en resina y sandalias. Todo de EMPORIO ARMANI
Mono beige en seda, pulseras en resina y sandalias. Todo de EMPORIO ARMANI

DESCUBRE TODOS LOS CONTENIDOS DE LA TEMPORADA AL COMPLETO EN NUESTRO NÚMERO DE PRIMAVERA-VERANO 2026. HAZTE CON LA PORTADA DE MINA EL HAMMANI AQUÍ

Texto: Sofía Villar @sofiavillarb

Fotografía: Rafa Gallar @rafagallar

Realizador: Guillermo Boschomonar @yoyo_says_hi

Estilismo: Fran Marto @franmarto

M.u.a.h: Yos Baute (One off artists) @yosbaute para ARMANI BEAUTY

Asistentes de foto: Pablo Mingo @pablomingo y Leo Serra 

Con la colaboración de EMPORIO ARMANI

/

People

/

Te puede interesar