Cuando creces te das cuenta de todas esas mentiras que has contado a tus progenitores, todas aquellas que nada más pronunciarlas han ido cargadas de un sentimiento de culpa o ésas que no se las cree ni el más ingenuo del lugar. foto1-mentiras-vanidad A los 16 años, en pleno auge hormonal, ocultas los vicios inconfesables, inventas castillos de arena y prometes a los astros mil y una excusas con tal de no hacer lo correcto. Los años pasan y ese mundo que en aquel entonces se tildaba de conflictivo se convierte en un mundo donde la responsabilidad y la independencia cobran un nuevo sentido. Los padres dejan de ser los enemigos para convertirse en tus mayores aliados. Ante todo esto, hoy rescatamos todas esas falacias que ya están en el olvido y otras que empleamos o emplearemos en un futuro.

Pijama Party

mentiras ¿Cuantas veces me habré quedado en casa de mi amigo Luis? Los viernes y los sábados eran para disfrutar de la buena compañía de…¡TODA LA DISCOTECA! Luis parece ser que también durmió en mi casa durante unos cuantos meses... hasta que un fatídico 26 de octubre nuestras madres decidieron ponerse al día. No hubo más pijama party.

Todo notables

mentiras_gif2 Ejem… notablemente bueno falsificando la firma de mi madre. ¿Qué levante la mano quien no haya suspendido un par de asignaturas y no haya falsificado las notas? La vergüenza y la desesperación hacen mella y la solución más fácil es hacer un buen garabato.

Ese tabaco no es mío, lo estoy guardando

mentiras_gif3 ¿Desde cuándo soy una taquilla? Ésta es la mentira que nunca nadie se puede creer. Recuerdo como mi padre me miró con cara de circunstancia, cogió mis dedos y seguidamente decidió inhalar ese olor. Acabé con 19 cigarrillos en el retrete y con un castigo de los que hacen temblar al mismísimo Rumplestilkin.

Con la billetera hemos topado

mentiras_gif4 Al llegar a la universidad, un nuevo mundo se abre ante ti: las fiestas, el colegio mayor, las novatadas, las resacas… El ritmo de vida (fiesta) es brutal y tu economía no siempre puede permitírselo. Un “papá me tengo que comprar un libro de texto” y todo solucionado. Las estanterías están vacías.

Acabo de ver tu llamada

mentiras_gif5 Son las 3 de la tarde de un domingo cualquiera y el teléfono no para de sonar. En tu cabeza todavía resuena esa música infernal del último garito desfasado en el que estuviste,y de repente la melodía especial que has asignado a tu madre no cesa en su empeño de sacarte de tal ensimismamiento. A la novena llamada perdida decides devolver la llamada, no vaya a ser que se haya caído el techo familiar... pero no, no caerá esa breva. Como siempre, nada importante.

Vida saludable

mentiras_gif6 ¡Por supuesto que como bien! Los 7 nuggets de tu estómago y el Toblerone no dicen lo mismo... Pero tú tienes que argumentar con tu santa madre; ya que si no es probable que te envíe una dieta macrobiótica. Tras el séptimo grito y posterior enfado ocasional desistes y acatas una reprimenda de las memorables.     Pablo Aragón - @aragon_pablo