Produce en mí una gran fascinación la decoración de las casas en Francia. Los franceses tienen la rara virtud de la gracia en la acumulación. Heredan, compran y mezclan muebles y objetos en una espiral imposible que resulta ser lo más. Obviamente, hay excepciones. Por ejemplo, nada tiene que ver el gusto del interiorista Jacques García, autor de espacios tan espesos como el Hôtel Costes, con el aséptico de Carine Roitfeld, que no es por ello menos francesa. Pero diré en su defensa que en una casa parisién, con los balcones, escayolas, molduras, altos techos y parqués como los de Carine, el minimal pierde notablemente su esencia.   Hablando con Lorenzo Castillo, uno de nuestros interioristas y anticuarios más reputados, me comentaba que la acumulación no es sólo cosa de los franceses, sino de los europeos en general. De hecho, en su opinión, los franceses acumulan muy bien, pero son muy puristas con lo patrio y no mezclan con lo foráneo hasta finales del siglo XIX. En cuanto a la variedad, considera que "son mejores los ingleses, que están más abiertos a influjos externos". Como yo, Lorenzo cree que el minimalismo ha pasado de moda, que es "forzado y opuesto a la propia naturaleza humana. Las antigüedades lo aportan todo; sin ellas una casa nunca tendrá el nivel adecuado, no económico, sino cultural. Se pueden comprar antigüedades por casi nada, es cuestión de gusto y educar el ojo." Además, piensa que la decoración está en la mezcla "porque refleja nuestra riqueza de mente y absorción de influencias externas, de cualquier tipo y procedencia, por eso centrarse en un único período vuelve a ser muy forzado y pretencioso". Karl Lagerfeld subastó en 2000 su colección de arte y mobiliario del siglo XVIII. Se producía entonces su metamorfosis hacia la silueta Slimane y se quitó kilos de peso y toneladas de Barroco. No sé si una cosa llevó a la otra, pero me puedo imaginar que la decoración rococó le hastió tanto como a mí mis sillas de Phillipe Starck. De su gusto por el XVIII sólo conservó su coleta empolvada, de la que quizás, pasado el tiempo y la moda, ahora se tire recordando su autoexpolio. Digo esto porque ya en los 70, el director creativo de Chanel, Karl y Fendi, sufrió un episodio similar con su colección Art Decó; la subastó, para más tarde retractarse y decorar su casa de Biarritz con este estilo. Dice Castillo que le gusta especialmente la España del siglo XVII. "Es de una elegancia casi contemporánea, de una sencillez de líneas y paleta de colores muy moderna, paredes blancas, suelo de barro muy viejo, tapicerías de cuero color bronce, muebles de forma rotunda, y algun toque de azul o rojo básicos." Pero cuando le hablo de lo cambiante del gusto, me cuenta que "todos tenemos una evolución, yo he cambiado mucho en los veinte años que llevo en esto, pero creo que es siempre un cambio positivo, resultado de ampliar conocimientos, viajar, leer y empaparnos de belleza." Por último, me asalta una duda. Con todos los fascinantes objetos que adquiere Lorenzo Castillo para su venta, ¿no siente la tentación de quedarse con alguno? "Sé que algunas cosas son irrepetibles, pero es el precio que hay que pagar para seguir comprando". Para ver el trabajo de Lorenzo Castillo: www.lorenzocastillo.org Por Jorge Acuña