NIEVES GONZÁLEZ. Otra mirada

Entre veladuras, referencias barrocas y una mirada profundamente contemporánea, Nieves González reescribe el imaginario clásico desde lo femenino, reivindicando el tiempo, la materia y el lugar de la mujer en la historia del arte. Hablamos con la artista en #Vanidad243:

Nieves González (Huelva, 1996) habla alto y claro, no solo de su obra, sino también de las cuentas pendientes de la industria del arte, de la herencia y del ritmo acelerado del presente. En esta entrevista, la artista andaluza desentraña «El cuerpo sostenido», su primera exposición individual en Bilbao, un proyecto que nace del impacto de un encuentro con Ribera y se transforma en una relectura contemporánea del cuidado, lo femenino y la tradición pictórica. Pero también ofrece una mirada más amplia sobre cómo entiende el arte y su propia práctica. Y es que González no replica el pasado: lo cuestiona y lo reinterpreta, situando a las mujeres en el centro y devolviéndoles su lugar como agentes activas dentro del relato visual.

Nieves González: «Se suma que soy una mujer y que soy joven. Todo el mundo te va a mirar por encima del hombro. Yo no sé cuántos años tengo que cumplir para dejar de ser joven. Siempre te va a costar el doble llegar a todos lados. Entonces, cuando se nos abre un poquito la puerta, tú das el 200%»

Retrato de Nieves González. Imagen: Jeremias Pau Toledo
Retrato de Nieves González. Imagen: Jeremias Pau Toledo
Tu exposición «El cuerpo sostenido» parte de un encuentro con el cuadro «San Sebastián curado por las santas mujeres» de Ribera. ¿Recuerdas qué fue exactamente lo que te impactó de esa pintura en aquel momento?

La exposición parte de un reencuentro con la obra. Yo viví en Bilbao un año durante la carrera y, la verdad, siempre he tenido como mucha fijación con la pintura en general, por supuesto, y con la pintura barroca en concreto. Algunos autores más que otros, como es el caso de Rivera. De este autor me llama especialmente la atención su manera de trabajar las luces, las sombras y los ropajes.

En este caso, lo que más me impactó de la obra fue el contenido temático. Esa escena tan curiosa de San Sebastián, que no es la de su martirio, sino la del post-martirio y cómo intervienen de repente los personajes femeninos, y que hoy en día a nivel simbólico tiene una carga muy feminista. Al final, es lo que yo suelo hacer con mi trabajo: reconvertir o repensar esas escenas.

Cuando te enfrentaste al lienzo en blanco para reinterpretar esta obra, ¿qué querías que conservar y qué querías cambiar?

El proceso ha sido un poco intuitivo. Para mí era importante que permaneciese la composición, que es algo que visualmente te lleva a pensar en un símil con la imagen original, y el color también. Eran como dos elementos potentes que hacían que ese vínculo con la obra original funcionase. Luego, en cuanto a las texturas, por ejemplo, ya es algo común en mi trabajo como acercarlas un poco a las texturas, a los tejidos contemporáneos y hacer los personajes míos. A partir de ahí, aderezar un poco la composición con elementos que hicieran que compositivamente y pictóricamente funcionase.

«San Sebastián curado por las santas mujeres», de Nieves González. La escena barroca se resignifica desde una mirada contemporánea que sitúa el cuidado femenino en el centro del relato. Imagen: SC Gallery
«San Sebastián curado por las santas mujeres», de Nieves González. La escena barroca se resignifica desde una mirada contemporánea que sitúa el cuidado femenino en el centro del relato. Imagen: SC Gallery
¿Por qué eliges la moda como vía de distinción?

La moda siempre ha sido una manera de testimoniar la época. No es algo que haya inventado yo. La vestimenta que plasma Rivera hace referencia a los materiales y a las vestimentas que utilizaban en el siglo XVII. Entonces, Rivera está hablando del siglo XVII y yo estoy hablando del siglo XXI. No tendría sentido utilizar otro tipo de moda que no fuera la de hoy en día. Tiene que ver con eso, con situarme en el presente y en lo que veo en la calle.

Por ejemplo, Zurbarán vistió a sus santas con ropa de cortesana. Era casi un catálogo de la moda del momento. Estas no llevaban ropajes pobres, llevaban la ropa que ellos se ponían y que estaba de moda. Es mi manera de colocarme y de hablar de un presente, de unos materiales, de una manera de hacer, de una manera de vestir, de sentirse, de entender los símbolos. 

Tu trabajo dialoga constantemente con la pintura barroca española. ¿Qué encuentras en artistas como Ribera, Caravaggio o Zurbarán que sigue resonando en el presente?

Para nosotros ellos han creado nuestro imaginario. Yo soy andaluza y el imaginario andaluz tiene mucho que ver con la cultura judío-cristiana. Ellos fueron creadores de todo ese imaginario y pertenecieron a la época de la Contrarreforma, donde se regenera un poco la imagen y donde se crea el imaginario más potente que prima en sociedades mediterráneas, sobre todo española e italiana. 

«Son tus ojos dos estrellas que alumbran como luceros», de Nieves González. Una pieza que explora lo simbólico y lo íntimo desde una estética contemporánea. Imagen: SC Gallery
«Son tus ojos dos estrellas que alumbran como luceros», de Nieves González. Una pieza que explora lo simbólico y lo íntimo desde una estética contemporánea. Imagen: SC Gallery
Muchos artistas contemporáneos han abandonado la pintura figurativa o histórica, mientras que tú vuelves a ella desde un lugar muy consciente. ¿Qué te permite decir la pintura clásica que otros lenguajes no te permiten?

Es mi manera de ponerme cómoda, de recurrir a mis raíces y a mi identidad. Identificarme con un lenguaje que pertenece a una zona geográfica, a una manera de ser, a una manera de entender, a lo que tú has mirado, con lo que te has rodeado…

¿Lo haces desde una una consciencia de «correción» y búsqueda de nuevos puntos de vista?

No es una crítica en el sentido negativo de la palabra hacia esa pintura, porque lo hago desde la admiración. Pero sí, hay una intención de rehacer. Cuando me pongo delante de una obra del barroco o de cualquier otra época, la miro desde lo que soy a día de hoy. Es imposible pensar en algo sin contexto. Así que, claro, ahí está ahí la intención de rehacer los códigos. Para empezar soy una mujer pintando, que ya eso me parece reivindicativo. Los códigos que aparecen, la manera de hacer, los símbolos, las actitudes… Son totalmente distintas. Se trata de recomponer y de cambiar los puntos de vista.

«Fuente y caudal», de Nieves González. La figura clásica se transforma en un ejercicio de identidad y reinterpretación visual. Imagen: SC Gallery
«Fuente y caudal», de Nieves González. La figura clásica se transforma en un ejercicio de identidad y reinterpretación visual. Imagen: SC Gallery
Trabajas con óleo y veladuras, una técnica muy ligada a la pintura clásica. ¿Qué relación tienes con el tiempo en el estudio cuando trabajas con un material que exige tanta espera y paciencia?

El procedimiento que utilizo es muy importante, porque el óleo también hay muchas maneras de utilizarlo. En mi caso, el procedimiento sería similar al que utilizarían grandes maestros como, por ejemplo, Velázquez, el Greco… Pues trabajo en monócromo, hago un trabajo posterior de veladura… Todo esto es muy relativo, porque cada uno tenía su manera de trabajar. Y, también, adaptado a los materiales contemporáneos, es decir, yo no me preparo las telas, pero si hay una imprimación. Digamos que adapto un poco el procedimiento para que el resultado final tenga que ver con esa estética o con esas atmósferas.

Esto puede ser problemático, efectivamente, con los tiempos de secado y con los tiempos de producción, porque la manera de producir también es muy distinta. Date cuenta que en las épocas que hablamos eran artesanos y había talleres. No sé cuántas personas podían trabajar en un taller, pero muchas. No era un solo pintor como yo. Entonces, los tiempos y la rapidez que nos exigen hoy en día de producción dificultan mucho todo esto. Hay que tener muy en cuenta los tiempos, el tiempo previo que hay para producir un proyecto.  Pero no tendría sentido cambiar de técnica, porque sino no tendría sentido lo que hago. Creo que hay que mantenerse fiel a ciertos principios que tienen que ver con tu obra y, en este caso, el proceso tiene mucha importancia. 

¿Cómo convive ese proceso artesano con la actualidad acelerada que vivimos?

Yo ahora mismo estoy cerrando proyectos con dos años vista. En el caso de SC Gallery, la galería de Bilbao, en la que estoy exponiendo ahora, eso se cerró hace un año.

Yo normalmente no trabajo por comisión, no trabajo por encargo, más que nada porque mi agenda ahora mismo no me lo permite, porque tengo varios proyectos con galerías privadas y estamos intentando cerrar alguna institucional.

«Solangia», de Nieves González. La artista reinterpreta el retrato clásico desde una estética contemporánea donde la moda y la identidad femenina adquieren un nuevo protagonismo. Imagen: cortesía de la artista
«Solangia», de Nieves González. La artista reinterpreta el retrato clásico desde una estética contemporánea donde la moda y la identidad femenina adquieren un nuevo protagonismo. Imagen: cortesía de la artista
Vivimos en una cultura saturada de imágenes rápidas. ¿Crees que la pintura todavía puede ofrecer una experiencia diferente de mirar?

A mí me la ofrece, y yo creo que no seré la única persona del universo. La gente busca poner los pies en la tierra, busca sitios donde se pueda agarrar. Volvemos otra vez al tema del imaginario relacionado con una iconografía concreta. Tiene que ver con rebuscar en las raíces, agarrarte fuerte a tu origen, a tus imágenes… Yo creo que eso ocurre también con lo material. No es lo mismo ver una imagen digital, que pararte en frente de una pintura y analizar. La pintura, al final, es pintura, no es una  imagen. Creo que hay mucha gente que mira busca la pintura, que la quiere y que la necesita.

También Internet tiene muchas partes buenas, porque como artista te ayuda a que tu trabajo se expanda y se reconozca en otros lugares.

¿Te cuesta desprenderte de tus obras cuando alguien las compra?

Hace tiempo no me costaba tanto pero, últimamente, me pasa mucho por el ritmo de trabajo tan acelerado, que hay ciertas piezas con las que me gustaría haber pasado más tiempo. Pero por lo demás, al final es nuestro trabajo. No obstante, luego está la fase que, a mí me gusta mucho, que es verlas montadas en la exposición.

¿Cómo gestionas los días que la creatividad y la inspiración no llegan con este ritmo acelerado de trabajo?

Se gestiona con trabajo. Ya está. No cabe el «hoy no estoy inspirada«, o por lo menos en mi manera de trabajar. En mi caso, trabajar mucho es la base de que las cosas vayan bien. Me gustaría trabajar un poquito menos y poder ponerme de aquí a un tiempecito una jornada un poco más tranquila. También a mi me cuesta mucho en mi trabajo ver cómo pasa el tren y decir que no. ¿No hay tiempo? Ya lo saco de donde sea, yo me tengo que subir a ese tren.

«Quiteria», de Nieves González. Un retrato que fusiona tradición pictórica y códigos actuales a través de volúmenes, textura y presencia. Imagen: cortesía de la artista
«Quiteria», de Nieves González. Un retrato que fusiona tradición pictórica y códigos actuales a través de volúmenes, textura y presencia. Imagen: cortesía de la artista
¿Esa mentalidad nace de una posición no tan privilegiada en la industria?

Viene de muchas cosas. En primer lugar, creo que es una cuestión cultural y familiar de la importancia del trabajo. En mi familia el trabajo es una cosa muy importante y el amor por el trabajo yo siempre lo he visto en mi casa. Pero es verdad que, además, se le suma que tengo una profesión de la que muy poca gente puede vivir de ello. Y eso te lo dicen todo el rato.

Yo toda mi vida he querido ser pintora. Entonces, todo el mundo se ha encargado siempre de repetirme —menos en mi casa, que siempre me han apoyado muchísimo— que Bellas Artes no tiene salida. Así que tú ya vas con la idea de que para ser pintora tienes que ser la mejor, tienes que dar el 200% de ti porque te han dicho que no vas a llegar.

Luego, se suma que soy una mujer y que soy joven. Todo el mundo te va a mirar por encima del hombro. Yo no sé cuántos años tengo que cumplir para dejar de ser joven. Siempre te va a costar el doble llegar a todos lados. Entonces, cuando se nos abre un poquito la puerta, tú das el 200%.

Háblame del papel de la mujer en el arte, ¿cómo ves tu la industria?

Está mejorando, pero todavía el porcentaje de mujeres es más bajo. Lo que está mejorando es que ya las galerías empiezan a buscar cierta paridad, pero por una cuestión de que la gente mira el porcentaje de mujeres y hombres que hay en la galería. Si en una galería no hay mujeres, o el porcentaje de mujeres es prácticamente inexistente, se les empieza un poco a mirar mal. Digamos que dan una mala imagen o empiezan a chirriar un poco. La realidad es que todavía no hay una igualdad. A mí me da miedo decir que está mejorando, porque suena a que ya todo el mundo puede estar tranquilo. Creo que tiene peligro decir está mejorando.

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Alba Ramos Robles @alba_rr22

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