El dúo Ornaghi & Prestinari presenta «Giunti» en Ibiza, una exposición que explora la unión, el equilibrio y las conexiones invisibles entre objetos y relaciones humanas. Hablamos con ellos para conocer todos los detalles:
Valentina Ornaghi y Claudio Prestinari trabajan juntos desde el año 2009, formando un duo artístico reconocido por combinar arte, diseño y arquitectura y por haber conseguido hacerse un nombre propio de referencia en el mundo del arte. Su metodología se centra en la historia de los materiales y las técnicas de producción, situándose en una era que los propios artistas definen como postartesanal.
Ahora, con su nueva muestra «Giunti», la pareja artística presenta una exploración acerca de las conexiones invisibles que sostienen tanto los objetos como las relaciones humanas. En Vanidad hemos hablado con ellos para conocer todos los detalles de esta nueva propuesta
Ornaghi & Prestinari presentan «Giunti» en Ibiza
Ornaghi & Prestinari: «El «giunto» es el lugar donde dos cosas separadas fingen ser una sola»
La exposición se titula «Giunti», una palabra que remite a la unión pero también a la estructura.
¿Cómo nació este concepto y qué queríais explorar exactamente con él en esta exposición en Ibiza?
La exposición nació, como casi todas las cosas que parecen muy pensadas, por casualidad. Más concretamente, al observar una conexión reparada entre dos elementos del marco de una ventana de nuestro estudio. Era uno de esos trabajos algo improvisados pero sorprendentemente sólidos, hechos por alguien que probablemente no se consideraba un artista pero que, en el intento muy pragmático de evitar que la ventana se le cayera encima, había inventado una solución casi elegante.
Esto nos hizo pensar. El hecho es que casi todo lo que existe —una mesa, una casa, una frase, incluso una relación— funciona gracias a puntos de contacto que normalmente no miramos. El «giunto» es el lugar donde dos cosas separadas fingen ser una sola, pero también es el punto en el que deben admitir (con cierta modestia estructural) que necesitan una de la otra para funcionar.
«Apunti». Composición abstracta en amarillo y pan de oro que explora la tensión entre superficie, materialidad y ensamblaje, una constante en el trabajo de Ornaghi & Prestinari
Ibiza es un lugar marcado al mismo tiempo por la idea de aislamiento y de conexión. ¿De qué manera el contexto de la isla y el espacio en Santa Gertrudis han influido en la concepción de la exposición?
Un lugar que parece suspendido entre aislamiento y conexión te empuja a observar cómo las relaciones entre objetos, entre personas, entre el espacio y los cuerpos se aprenden sobre el terreno. La exposición no cuenta solo cómo las cosas están juntas, sino más bien cómo las cosas aprenden a estar juntas: un proceso hecho de equilibrios frágiles y de ese sutil momento de satisfacción cuando, por un instante, todo se sostiene.
La idea de ensamblaje, de elementos que se sostienen mutuamente, aparece constantemente en vuestro trabajo. ¿Diríais que vuestro trabajo habla más de relaciones humanas o de relaciones entre objetos?
La distinción entre relaciones humanas y relaciones entre objetos es casi un truco retórico. Los objetos contienen rastros de humanidad: historias, decisiones, errores, necesidades…que no se pueden ignorar. Cuando observas objetos, lo que realmente ves es a ti mismo: tus relaciones, tu experiencia. Puedes reflejarte en ellos sin sentirte directamente implicado; así, si ves dos piezas de madera que se sostienen mutuamente, estás mirando casi una pequeña réplica de confianza, dependencia y, quizá, un poco de ansiedad. Los objetos son grandes actores porque no necesitan fingir emociones, pero nosotros se las atribuimos igualmente.
El título remite también a algo mecánico y constructivo. ¿Os interesa mostrar cómo funcionan las cosas o más bien revelar la fragilidad de estos sistemas?
El lado mecánico del título no es una invitación a dar una clase de ingeniería; más bien es un recordatorio de que la estabilidad es fruto de un compromiso, de un esfuerzo mutuo. Cada unión que mostramos expone el compromiso y la precariedad del sistema, pero también la imaginación y la multiplicidad de formas que puede asumir.
«Attaccaglie-arancione». Instalación escultórica de Ornaghi & Prestinari donde piezas ensambladas mediante fijaciones visibles revelan la fragilidad estructural de los objetos cotidianos
Vuestra práctica se mueve entre escultura, diseño y arquitectura. ¿Os sentís cómodos en esta zona híbrida, y es precisamente ahí donde encontráis vuestra libertad creativa?
Sí. Como todas las zonas híbridas, es más rica en estímulos aunque menos tranquilizadora. Para nosotros es especialmente hospitalaria porque, al no haber una tarea precisa que cumplir, puedes fracasar de mil maneras y aun así aprender algo.
En «Giunti» se percibe una tensión entre equilibrio y precariedad. ¿Es una metáfora consciente de la manera en que vivimos hoy?
Si esto recuerda a la forma en que vivimos hoy, probablemente es porque no vivimos en Marte ni en otra época.
En los últimos años el arte contemporáneo parece dividido entre lo conceptual y lo espectacular. ¿Dónde pensáis que se sitúa vuestro trabajo dentro de este panorama?
No estamos seguros de esa división entre esos dos extremos, pero, si se plantea en esos términos, como siempre nos situamos en una zona híbrida. No nos interesa lo espectacular por sí mismo ni lo conceptual desligado de la forma. Cultivamos una investigación silenciosa pero intensa, que no grita para captar la atención, sino que te atrapa lentamente.
«DSL08363». Escultura en equilibrio que combina objetos domésticos y estructuras de madera, reflejando la relación entre gravedad, tensión y diseño postartesanal
Muchas de vuestras piezas se basan en gestos muy simples: unir, sostener, sujetar, encajar. ¿Os interesa recuperar los objetos cotidianos como material artístico?
Los objetos cotidianos, ¿cuántas vidas han vivido sin que nadie los note? Un botón, un tornillo, un recipiente: cada uno tiene su manera de sostener, de resistir, de contener, de participar en el mundo sin hacer ruido.
Sí, nos interesa mostrarlos, porque cada gesto simple —unir, sostener, sujetar, encajar— es ya de por sí una pequeña historia. Los objetos cotidianos, tan a menudo ignorados, se convierten en materiales densos de posibilidades narrativas y poéticas, porque contienen las huellas de muchas vidas.
Vivimos en una época en la que el arte se consume a un ritmo cada vez más rápido, a menudo a través de una pantalla. ¿De qué manera un trabajo tan físico y material como el vuestro se enfrenta a este contexto?
La pantalla es muy buena para transformar las obras en imágenes, lo cual es útil, pero también un poco engañoso. Un objeto que vive en el espacio tiene peso, historia, una tensión real. También cierta imprevisibilidad. El trabajo material obliga a la presencia, pero también a la sorpresa. Cuando miras algo en vivo, la mirada puede posarse en un detalle periférico, y quizá sea ahí donde realmente puedas entender algo, en los pliegues de lo que se muestra.
Si «Giunti» habla de conexiones, ¿qué tipo de conexión os interesa crear con el espectador que entra en la galería? ¿Intelectual, emocional o también física con el espacio?
Todas las conexiones nos interesan, también porque unas sin la otras no son posibles.
En muchas de vuestras obras los sistemas de fijación (bisagras, uniones, soportes) son completamente visibles. ¿Es una manera de revelar la «arquitectura secreta» de los objetos?
O también una manera de intentar ser honestos. Las cosas a menudo nos parecen más simples de lo que son en realidad, porque gran parte del trabajo está oculto. Cuando consideramos las cosas que no se ven inmediatamente, todo se vuelve mucho más complejo. Una simple piedra está compuesta por la interacción de una miríada de átomos, sin tener nada que envidiar a las galaxias.
Espacio de trabajo de los artistas en el que arquitectura, diseño y escultura conviven en un entorno de experimentación material. Imagen: Filippo Prestinari
En esta exposición parece haber un diálogo constante entre equilibrio, gravedad y tensión. ¿En qué medida el azar o la física real influyen en el proceso de creación de una obra?
Diríamos que el azar y la física no son simplemente factores del proceso: son colaboradores. En cierto sentido trabajamos junto a ellos, no son simplemente elementos externos que intervienen al final. Cuando trabajas con objetos reales, con peso y gravedad, descubres que cada decisión se convierte en una especie de negociación con el mundo físico. No puedes imponer completamente una idea: debes crear condiciones en las que las cosas puedan encontrar su equilibrio.
En este sentido, el proceso creativo se parece menos a construir una máquina perfecta y más a cultivar un entorno en el que ciertas relaciones puedan ocurrir. El equilibrio, la tensión y la precariedad no son solo efectos estéticos: son el resultado visible de un diálogo continuo entre intención y realidad.
En un momento en el que muchas obras buscan producir un impacto visual inmediato, vuestro lenguaje se centra en la sutileza y el detalle. ¿Creéis que hoy el arte necesita volver a ser mirado más lentamente?
Quizá lo primero que hay que decir es que el arte es hermoso precisamente porque no existe una sola forma de hacerlo. Cada uno cultiva su propia sensibilidad y es mucho mejor que exista la mayor riqueza posible. Algunas obras entran en una habitación como un relámpago; otras se quedan sentadas en un rincón y esperan. Y sorprendentemente, también funcionan.
Nuestro lenguaje quizá pertenece a esta segunda categoría. No porque la lentitud sea una virtud moral (las virtudes morales suelen ser un poco sospechosas— sino porque algunas cosas solo existen si alguien tiene la paciencia de detenerse. Un detalle no grita. No posa. No pide nada. Se queda ahí, casi tímido, como muchas cosas importantes: una grieta en la pared.
«Sbilenco». Obra gráfica que combina geometría, repetición y color en una reflexión sobre ritmo visual y estructura en el lenguaje contemporáneo
Trabajáis como dúo desde hace años. En una exposición que habla precisamente de unión y cooperación, ¿cómo funciona ese «giunto» entre vosotros en el proceso creativo?
El giunto entre nosotros funciona un poco como los que se ven en las obras: no es invisible, no es perfecto, y no elimina la diferencia entre las partes. Al contrario, diría que funciona precisamente porque esa diferencia permanece ahí, activa.
Trabajar en dúo es, ante todo, una práctica. No es simplemente una condición romántica de colaboración, sino algo que se construye con el tiempo. En este sentido nos resulta natural pensarlo en los términos que utiliza a menudo Richard Sennett cuando habla de cooperación: no como una fusión entre individuos, sino como la capacidad de trabajar con las diferencias.
No es el punto en el que dos ideas se vuelven idénticas, sino el lugar en el que siguen siendo distintas y, aun así, logran sostenerse. Como en una buena estructura, la fuerza no proviene de eliminar las tensiones, sino de distribuirlas.
La exposición se podrá visitar hasta el 6 de mayo en la galería ibicenca Parra & Romero.