Después del estreno de «Sinners» de Ryan Coogler, desde VANIDAD examinamos algunas de las historias reales e influencias que inspiraron al filme.
Fotograma oficial de «Sinners» (2025).
Fotograma oficial de «Sinners» (2025).
Después del estreno de «Sinners» de Ryan Coogler, desde VANIDAD examinamos algunas de las historias reales e influencias que inspiraron al filme.
El sonido atravesó a la audiencia, que ya no era la misma que cuando hubo empezado el concierto. Sammy, el cantante y guitarrista, no lo sabía; pero lo que había empezado como una mera actuación, se había transformado en algo más. El tiempo, se había disuelto. Y bailarines de todas las épocas –pasadas y futuras–, festejaban al unísono. La fiesta acababa de empezar.

Hacía mucho tiempo que no me sorprendía en el cine. Cuando entré a ver «Sinners» de Ryan Coogler no sabía qué esperarme (es cierto que no vi el tráiler, y menos mal). Igual una película sobre el blues tradicional. O quizás el biopic de algún artista del que no había oído hablar todavía, o yo qué sé, un musical. Pero desde luego, no un thriller de terror con música, vampiros y figuras folklóricas mezcladas con dos protagonistas sacados directamente de una película de mafiosos.
Tampoco me esperaba que la historia en la que se basaron para escribir al personaje protagonista, Sammy Moore, fuera la del icónico Robert Johnson: el legendario guitarrista del Delta del Mississippi que, según cuenta la leyenda, vendió su alma al diablo en una encrucijada para tocar como nadie lo había hecho antes.

Robert Johnson, nacido en 1911, era un músico mediocre en sus inicios. Sus contemporáneos, como Son House, lo recordaban como un chaval torpe con la guitarra, más entusiasta que talentoso. Según se decía, prácticamente lo echaban de los bares donde tocaba, hasta que un día cogió sus maletas, salió del pueblo de Misisipi en el que había nacido sin que nadie le viera y, simplemente, desapareció.
No se sabe exactamente qué es lo que hizo durante esos dos años. Se dice que vagó por el sur de los Estados Unidos, estado a estado, pueblo a pueblo, buscando inspiración. Se asume que debió tener algún maestro, o que debió encontrar algún estilo de música desconocido que consiguió adaptar al suyo propio en el tiempo que estuvo fuera. Pero esa no es la versión que se convertiría en mito…
La historia que sobrevivió dice que Johnson fue a un cruce de caminos solitario, en algún lugar de Misisipi, y allí, bajo la luna y con su guitarra colgando del hombro, se encontró con el diablo. La figura le ofreció un trato: le daría el don de tocar como nadie más, de cambiar la historia… a cambio de su alma. Johnson aceptó y cinco años más tarde estaría muerto.

Lo que vino después es conocido: una carrera breve pero fulgurante, apenas cinco o seis años de giras entre juke joints, whisky y hostales polvorientos. Grabó solo 29 canciones, lo justo para reconfigurar la historia del blues. Se dice que fue envenenado por un marido celoso, —aunque no hubo autopsia que lo confirmara— después de coquetear con la mujer del mismo. No dejó herederos, ni fortuna, ni siquiera un ataúd con nombre seguro (hoy hay tres tumbas distintas que reclaman ser la suya).
Esa figura tan representativa del blues del sur de los Estados Unidos, atrapada entre la salvación de la guitarra y todas sus maldiciones, es la que representa Sammy Moore en la película de «Sinners». Ahora bien, más que contar la vida del personaje, se invoca a su espíritu. Un joven guitarrista hijo de un pastor, negro, pobre, criado en un Misisipi hostil, y con un fuego dentro que ni Dios ni su padre pueden apagar.

Y por eso, en esa escena del club, cuando los muros se disuelven y empiezan a bailar los vivos y los muertos, los antiguos y los futuros, los que han tenido que pagar el precio y los que aún no saben que tendrán que hacerlo… lo entendí perfectamente. No estaba viendo una película sobre vampiros. Estaba viendo una misa. Un ritual de invocación. Un blues.
Y como toda buena canción maldita, «Sinners» (2025) se te queda dentro. Como una deuda. Como un cruce de caminos que aún no has cruzado.
Adrián Sánchez: @adriansanchezliggeri
Imágenes: Fotogramas de oficiales de la película
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