Con el afro como bandera, la artista con raíces portuguesas y canarias Suzete presenta su primer trabajo de larga duración con una autenticidad y dedicación dignas de admirar. Además, lo hace pudiendo presumir de ser apadrinada nada más y nada menos que por Lola Índigo, una de las caras (y voces) más reconocibles del mainstream de nuestro país.
Salitre, arena y lujuria conforman el proyecto, llamado «Baby Wata» en homenaje a la diosa del mar, Mama Wata, que aprieta fuerte por posicionarse en la lista de los mejores discos emergentes de este 2025.
SUZETE: «La Academia me hizo darme cuenta que los sueños se cumplen»
Cuéntanos un poco acerca de ti para los lectores de Vanidad que no te conozcan…
Soy una artista que ha crecido en diferentes países. Nací en Santo Tomé y Príncipe, en una isla africana. Luego me fui a Portugal cuando tenía un año y siete meses y, con 11 o 12 años, me trasladé a Tenerife. Allí empecé mi carrera artística y comencé a perseguir mi sueño.
Aunque ya cantaba desde los seis años, me presenté a programas de televisión como «La Voz Kids», hasta llegar a «Operación Triunfo», que fue cuando más visibilidad tuve. Soy una persona inquieta, me encanta crear, imaginar, romper barreras y límites, y creo firmemente que todo es posible.
Aprovechando lo que cuentas de haber vivido en muchos sitios. A nivel musical, ¿cómo te marcó crecer en tantos lugares?
En todos los sitios en los que he vivido he absorbido algo. Desde que salí de Santo Tomé ya llevaba la cultura africana por bandera. Algo que, posteriormente, se agrandó en Portugal, donde conviven muchos pueblos africanos de habla portuguesa. Eso se refleja en la comida, la forma de vestir, de comunicarse y, por supuesto, en la música y en la expresión artística.
En las reuniones familiares siempre había música, fiesta y diversión. Eso se me inculcó y es lo que trato de transmitir también con mi música.
En Canarias encontré la parte más latina, muy arraigada, además del cambio de idioma. Todo eso me permitió conocer nuevas culturas y usarlo en mi música, para comunicarme y experimentar.

Como dices, participaste en varios programas de televisión, pero tu verdadero salto llegó al entrar en la Academia. ¿Cómo fue la experiencia y, sobre todo, a nivel mental, cómo se sobrelleva tener los ojos de media España puestos en ti?
Depende de cómo seas y de si estás preparado. En mi caso lo pasé un poco mal porque no estaba en mi mejor momento. La presión de estar rodeada de cámaras en un entorno nuevo fue difícil, pues cada uno tiene su propio proceso de adaptación.
El hecho de que al principio todo vaya muy bien no asegura que termines bien, y al revés: empezar mal tampoco significa que acabes mal. Yo necesitaba un poco más de tiempo para adaptarme, sobre todo, porque se habían ido mis amigos. Me costó más, y mentalmente puede ser duro enfrentarse a eso, pero luego te acostumbras y se hace más fácil.
¿Qué cosas te llevas de ese paso, ya no solo a nivel musical, sino también personal?
Aprendí a confiar en mí y a darme cuenta de que, aunque no llegara más lejos, de entre 13.000 personas yo era una de las candidatas a las que veían como posible ganadora. Ni todo es tan bueno ni todo es tan malo.
Me quedo con la experiencia de convivir con gente muy artista. Aprendí muchísimo en la Academia, aunque fuera poco tiempo. Los profesores te enseñan, y como no puedes salir de allí, esa es tu única opción: aprender y crecer. Eso me abrió mucho, me hizo darme cuenta de que los sueños se cumplen.
Sales de OT y sacas «Kombolewa» como carta de presentación. Rápidamente una artistaza como Lola Índigo se fija en ti y te lleva de gira. ¿Cómo es a día de hoy tu relación con ella?
Es muy guay, es una artista y persona increíble, siempre tendiendo la mano a lo que se necesita… Tiene un corazón enorme, también sabe por lo que ha pasado, entonces siempre va a tratar de hacer la vida más fácil a todos los que pueda con los recursos que tiene. Es un ejemplo a seguir 100%.
Aprendo mucho de cómo gestiona todo, de cómo se organiza, de cómo se comunica. Es como hacer un máster y tener la oportunidad de experimentarlo de cerca es todavía mayor.

Ya metiéndonos en materia de tu disco, «Baby Wata», creo que para entender lo que pasa por la cabeza de un artista cuando está creando un proyecto, es muy importante preguntarte: ¿qué estabas escuchando mientras hacías el proyecto?
Pues fíjate que yo no escucho mucha música en sí. Es verdad que, por ejemplo, voy a la música de cuando tenía seis años.
Para poner el ejemplo de lo que yo quería, he tenido, sobre todo referencias de lo que escuchaba de pequeña. Pero luego, a la hora de explicarme como tal, no sigo exactamente las reglas que tienen otros artistas. Soy más independiente en ese sentido, así que me inspiro en Old School Music y, a lo mejor, en el sonido de algún instrumento en cierta canción. Eso sí. Pero decir «quiero hacer lo mismo que hace esta artista» no. No lo llevo a ese punto.
¿Cómo te encuentras en ese sonido y cómo, en el proceso de probarte en diferentes géneros, dices «aquí es donde me siento más cómoda»?
Pues es ir probando más que nada, ir probando y descartando cosas o simplemente saber adaptarlas a lo que quieres. Yo tenía muy claro desde que empecé que quería ese sonido como base y luego ya implementar otros, como el R&B, que también ha sido una base para mí artísticamente. Ha sido cuestión de mezclarlo todo y decir: vale, esto me gusta más. A lo mejor hay cosas que no las pongo en una canción, pero las utilizo en otra… y así. Nunca descarto nada.
Ya a nivel un poco más creativo, ¿qué concepto has querido darle y, sobre todo, de dónde viene el nombre en sí del proyecto?
He querido darle un mensaje a través de la estética, que refleja mucho de lujo, pero también de amor, desamor, fertilidad y fe. Todo esto viene de que hemos creado una diosa que se llama Mami Wata. Es una diosa del mar que tiene todas estas características: sanación, fertilidad, lujuria, amor y desamor. Y le he querido poner mi mensaje y reflejar estéticamente que, viniendo de donde vengo, también se puede llegar a tener esa lujuria, ese amor, y demostrar que se puede llegar.
Y, bueno, al final es una diosa que también recorre mares y es una creencia que se practica tanto en África como en Latinoamérica, igual que mi sonido, ¿no? Al final estoy empezando y es una forma de ser humilde y decir: «soy, y todavía soy, la hija de Wata».

Me ha encantado todo el tema visual del proyecto. ¿Cuánta implicación tienes tú en la dirección creativa?
Ya tenía una idea muy clara de lo que quería. Lo que hice fue presentar un Canvas con todo y luego se ejecutó. Sí es verdad que algunas cosas, por temas de posibilidad, tuve que adaptarlas y aceptar sugerencias de fotógrafos y demás, pero estoy implicada al cien por cien.
Cuando salga esta entrevista ya habrás publicado el disco, pero, ¿cómo afrontas los momentos previos al release?
Tienes mucha ansiedad, muchos nervios. También porque hay decisiones y cosas que no dependen de ti y hay que aceptarlas porque sí. Y, bueno, nerviosismo, porque también esperas la reacción de la gente y no sabes lo que puede pasar. Te puede cambiar la vida o, simplemente, quedarse ahí.
Dani Curbelo @ssaintdanii
Imágenes: Cortesía de Taste the Floor