La nostalgia podría definirse como la sensación de ir momentáneamente a un recuerdo pasado que ya no existe. Cuando escuchamos a Teo Planell quizás nosotros, la generación con la dopamina y el scroll como bandera, no sintamos esto. Pero prueba a ponerle su álbum debut, «Demian», a tus padres.
Un sonido de antaño en tiempos modernos conforman un proyecto que, como tarjeta de sonido antes que una Apollo, tiene eso que a Teo le bombea muy fuerte por los instrumentos convencionales y la música más clásica. En Vanidad charlamos con este artista al que el título de genio se le queda corto. Con todos ustedes, ¡el gran Teo Planell!

Teo Planell: «No reniego de la música experimental y de los medios digitales, pero no es la que está más cerca de mi corazón a la hora de crear»
¿Cómo descubre Teo Planell quién quiere ser como artista?
Lo sigo descubriendo, no lo tengo claro aún. Y espero seguir en esa búsqueda toda la vida. Lo que voy aprendiendo es cómo estar más conectado con quien soy en el propio momento, en el presente, muy poco a poco, siempre en cada paso.
Empiezas cantando mucho en inglés. ¿Tiene algo que ver con tus referencias a la hora de crear?
Sí, directamente. Mi etapa de escribir en inglés la considero mi exploración con el proceso de hacer sesiones de música y escribir canciones al principio. Era como un juego y una exploración que claramente iba mucho más acorde con mis referencias y con hacer música que se pareciese a la que a mí me gustaba.
Realmente, cuando empiezo a considerarme un artista con más voz y con un criterio que se va desarrollando cada vez con más seguridad en mí mismo, voy siendo capaz de empezar a escribir en español.

A la hora de hacer piezas tan sensibles y artísticas, ¿cómo procedes en la faceta de composición?
Simplemente escribo las canciones. No sé escribir de una forma que no sea honesta y creo que esa es una suerte que tengo. Bueno, mentira: siento que ha habido canciones que he escrito de una forma no honesta, y han sido de las que he aprendido que no hay otra, que el arte es expresión artística. Es expresión emocional, psicológica, es expresión, sobre todo.
No concibo hacer canciones que no sean de forma honesta. Entonces, simplemente me siento, escribo las canciones, vuelco lo que pienso, lo que siento, y el cómo queden se valora luego.

Siempre has querido hacerlo todo lo más instrumental posible, con mucho respeto a la música de antaño. Tu estética de este último proyecto con tanto VHS también hace referencia a ello. ¿Te hubiese gustado estar en esta posición 20 años atrás?
Lo pienso mucho, es un tema recurrente, pero la conclusión a la que siempre llego es que no, que me gusta mucho estar en este momento, sobre todo porque no podría haber sido de otra forma. Toda hipótesis no deja de ser eso, una hipótesis. Realmente, soy quien soy ahora en este mundo actual con, efectivamente, una forma de entender la música más musical, más orgánica. De lo que habla es de eso: de que soy alguien de ahora que entiende así la música. Algún sentido tendrá que tener; se podrá hacer algo con ello en este momento.
No reniego para nada de la música más experimental y de lo que los medios digitales del presente pueden dar, pero desde luego, no es la que está más cerca de mi corazón a la hora de crear. Realmente creo que, con mi música más orgánica y con más instrumentos reales, no aterrizo en una cosa revisionista, sino en una cosa más universal y, paradójicamente, joven que cualquier otra que intentes hacer.

Tu faceta como actor es bien conocida. ¿Te ves en algún momento volviendo a la gran pantalla?
Tengo la suerte de poder estar viviendo de la música, una suerte que no sé cuándo se irá y que en cualquier momento puede desaparecer. Tengo el privilegio de poder no tener que actuar por necesidad económica, sino de centrarme en los proyectos que más me pueden estimular y, sobre todo, que llegan a mí. Me gusta poder aprovecharme de esa suerte de esa forma.
Realmente, a lo que estoy abierto es a trabajar con autores y cineastas que me estimulen por su lenguaje cinematográfico. Me gustan los cineastas, me gusta el buen cine. Soy un gran aficionado al cine y, de hecho, quiero dirigir películas. Entonces, todas las cosas como actor para las que se me pueda llamar con una pulsión artística y cinematográfica firme, inventiva y bella, me encantará planteármelas.

«Demian», tu nuevo proyecto musical. ¿Qué significa y qué quieres transmitir con él?
«Demian» es mi nuevo disco. Está inspirado en el libro de Hermann Hesse y va sobre crecer a raíz de un desamor. Lo que quiero con este disco es acompañar a la gente que esté viviendo un proceso parecido. Lanzar un mensaje a quienes necesiten encontrar este disco, sin necesidad de que sea algo que trascienda unos límites de éxito concretos.
Quiero que estas canciones, aunque no las escuche nadie ahora, por ejemplo, dentro de 60 años hagan que dos personas se sientan totalmente entendidas por alguien del 2025. Para mí ahí está el sentido de todo; esa es realmente mi intención.
¿Le tienes un respeto especial frente a tus otras creaciones por ser tu primer LP?
Se ha ganado esa posición de primer LP. Le tengo un respeto, pero a la vez sé quitárselo. Es un disco que llevo haciendo cinco años y soy una persona con mucha autocrítica, no perfeccionista como obsesión por lo perfecto —porque creo que tal cosa tampoco existe—, pero sí que sé ver las cosas como un aprendizaje para lo siguiente. Entonces, le tengo respeto, sin duda, porque significa mucho sacar un primer disco largo, pero a la vez se lo tengo que perder un poco porque le tengo más cariño que respeto, y me lo tomo sobre todo como un aprendizaje.

TRISTÁN! es uno de tus «partner in crime» en varios tracks durante tu carrera. ¿Cómo se vive una sesión con dos artistas con ese nivel de sensibilidad artística?
Maravilloso. TRISTÁN! es mi mejor amigo y realmente las sesiones que tenemos entre nosotros, como cualquier momento en el que uno hace música, no dejan de ser un reflejo de la vida real, no de la artística.
Trabajar con TRISTÁN!, que es alguien a quien quiero tanto y que me quiere tanto, y con quien nos llevamos tan bien en la vida real, hacer una sesión no deja de ser una extensión, un reflejo de esa misma vida. Todo es súper fácil: es hablar el mismo lenguaje constantemente.

La portada es compleja. ¿Qué representa?
La portada representa un pequeño «flashazo», como de visión que tuve hace unos meses, que fue darme cuenta de que quería que fuese un cuadro en el que apareciese yo en una habitación, saliendo por la puerta en el lado derecho, y en el lado izquierdo una cama con un pájaro tapado por una manta, un pájaro de tamaño humano. No sé muy bien por qué. Es verdad que el libro «Demian», de Hesse, tiene mucho que ver con la figura de los pájaros, de las aves. Habla de romper el cascarón para descubrir un nuevo mundo. Y, quien tiene que crecer, tiene que romper el mundo, como un ave cuando rompe el cascarón y se abre al suyo.
Me gustaba esa simbología de aves, pero no sé por qué está en una cama ni por qué salgo yo por una puerta, aunque me resonó muchísimo. Le conté este concepto a una artista maravillosa que se llama Teresa Cano, que hizo una versión de cómo ella se imaginaba el cuadro, y le otorgó esas dimensiones tan grandes a la habitación y nos hizo a mí y al pájaro tan pequeños. Eso me parecía una idea brutal: para mí era un plano mucho más cerrado, con menos aire alrededor, pero a ella le gustó el disco y le remitió a la idea de pertenecer a un ecosistema más grande que tú, y de ser realmente pequeño. Eso me pareció fascinante.
Es una portada que me encanta también porque me remite a las Indigo Girls, a grupos que me gustan de los años 90, como una portada que te encontrarías en CD en un coche. Me gusta por eso.

Por último, si tuvieses que volver atrás y elegir una leyenda de la música independientemente del género que interpretase, ¿con quién te quedarías y por qué?
Buena pregunta. Con Spinetta. Me gusta mucho Charly García y, en general, me gustan mucho los argentinos que hicieron música maravillosa en los años 60, 70 y 80 del rock nacional argentino, pero entre ellos Spinetta es una figura que me ha cambiado la vida al cien por cien.
Texto: Dani Curbelo @ssaintdanii
Imágenes: Carla Pérez Vas @carlaperezvas