«SACRESIZE»: el ballet de ALBERTO VELASCO que pone los cuerpos gordos en el centro del escenario
«SACRESIZE»: el ballet de ALBERTO VELASCO que pone los cuerpos gordos en el centro del escenario. Imagen: Dominik Valvo
Con humor, rabia y una enorme celebración, Alberto Velasco convierte la danza en un acto político contra la violencia estética con «SACRESIZE», un espectáculo que glorifica los cuerpos gordos, dinamita los códigos elitistas del ballet y reivindica el derecho a existir sin vergüenza
Qué es «SACRESIZE», el nuevo ballet de Alberto Velasco
Os presentamos «SACRESIZE»: el ballet de Alberto Velasco que pone los cuerpos gordos en el centro del escenario. Durante décadas, la danza ha estado atravesada por una idea casi inamovible de perfección física: cuerpos delgados, disciplinados y normativos ocupando el centro del escenario. Frente a esa tradición, «SACRESIZE» irrumpe como una sacudida estética y política.
Inspirado en «La consagración de la primavera» de Ígor Stravinski y atravesado por lenguajes como el twerking, el dancehall o el folklore, este montaje reúne un «ejército de cuerpos gordos» para cuestionar los límites de la belleza, el elitismo en la danza y la violencia estética contemporánea.
Hablamos con su Alberto Velasco, su creador, sobre la necesidad de nombrar la gordura sin eufemismos, convertir el cuerpo en territorio de celebración y utilizar el arte para incomodar a quienes nunca tuvieron que pedir perdón por existir.
«SACRESIZE» nace de un sueño muy concreto: «un ballet de personas gordas». Háblanos del momento exacto en el que entendiste que ese sueño tenía que convertirse en una pieza real y política.
Me es difícil encontrar un momento en el que diga «¡Ay! En este instante». «La consagración de la primavera» me persigue desde hace muchísimos años. La bailé en una compañía belga donde pude desmenuzar la partitura y entregarme al movimiento (dentro de las ideas de otra coreógrafa maravillosa) y, por supuesto, versiones como la de Pina Bausch forman parte de mi recorrido.
Hay otra realidad: yo siempre he querido ver un ballet, con su coreografía y su elenco, exclusivo de personas gordas. Me empezaron a venir ideas de teatro, de piezas mixtas, multidisciplinares… De unos años para acá, noto que vibro en mis espectáculos propios especialmente con la danza que, cada vez está más presente en ellos. Para que te hagas una idea, fue el lenguaje que utilice para mi primer solo hace casi 20 años, «Vaca», que hablaba también sobre los cánones de belleza desde otro prisma totalmente diferente. Era algo que no entraba en las conversaciones cotidianas por aquel entonces…
Entendía que «SACRESIZE» tenía que ser un espectáculo de danza que permitiese modificar los conceptos que se tienen sobre ella (desde el propio ecosistema dancístico y desde fuera) con un ejército de cuerpos gordos. Sobre todo. porque también siento que ahora, socialmente, estamos viviendo un retroceso muy fuerte y muy radical (otra vez) al extremismo delgado en los cuerpos. Creo que no hay momento mejor que este para este ballet.
«SACRESIZE» de Alberto Velasco. Imagen: cortesía de Dominik ValvoEscena de «SACRESIZE», el ballet de Alberto Velasco que reivindica la diversidad corporal sobre el escenario. Imagen: Cortesía de Dominik Valvo
Para ti, ¿qué diferencia hay entre representar cuerpos diversos y realmente ponerlos en el centro del discurso?
Lo importante en esta pieza es que la diversidad es la norma, lo que prevé la naturaleza que seamos. Las ideas normativas, la hegemonía…, es lo que el sistema nos intenta aplicar para meternos a todos en su un redil. ¡Pero es una mentira! La naturaleza es diversa, el mundo es diverso y, por supuesto, las personas somos diversas.
Yo necesitaba que la pieza no se perdiese en ese maremágnum de diversidad. Necesitaba que fue exclusivamente de la «gorditud»: de lo que sucede en los cuerpos gordos y de lo que no sucede en los cuerpos gordos en un sistema tan hostil. También lo que sucede a los cuerpos flacos, que están escapando todo el rato de ser gordos. Esa mirada también es muy interesante, porque nadie se escapa de la violencia estética.
Yo lo hablo desde mi cuerpo, porque es un cuerpo gordo y vivo en un cuerpo gordo. Pero fíjate qué paradójico. Los cuerpos grandes, que deberían ser visibles, tendemos a invisibilizarnos a nosotros mismos antes de que lo hagan los demás. Aprendemos a pasar desapercibidos, a compensar este «error de la naturaleza» siendo más simpáticos, más inteligentes… Para mí era muy importante escapar de esos márgenes y ponerlo en el centro. Además, sin mucha ropa, aprovechando todo eso que la gente intenta que escondamos. Lo ensalzamos, lo ponemos en el centro, en el foco para que no se pueda escapar. O sea, puedes cerrar los ojos y largarte quieres, pero en mitad de un teatro cuesta un poco más. Secuestro un poquito al público (risas).
«SACRESIZE» de Alberto Velasco. Imagen: cortesía de Dominik Valvo
¿Podemos decir que apropiarse de «La consagración de la primavera» de Ígor Stravinski, una pieza ligada al virtuosismo y a cierta idea elitista de la danza, es una provocación directa al mundo del ballet clásico y sus estándares? Al final en «SACRESIZE» conviven el twerking, el dancehall, el butoh o el folklore que escapan de cualquier idea normativa de la danza.
Me encanta esta pregunta porque es justo la clave del espectáculo. «La consagración de la primavera», en el universo compartido de los bailarines y las bailarinas, ¡está Pina! Ella es la «flaquitud», ¿no? Delgadísima… El espíritu de la golosina… A pesar de que ella ya abogaba por una diversidad (ya había mujeres altas, mujeres bajas, de otro tipo de constitución), siempre eran delgadas… Cualquier ballet neoclásico es esto.
«SACRESIZE» es una provocación y también una apropiación. Es agitar el elitismo que tiene el ballet y la danza y que nos separa y nos distancia de la gente. La danza está en todas partes: en las redes sociales, en las verbenas, en las extraescolares de un montón de niños, niñas y adolescentes. ¿Cómo puede ser que la danza adulta se convierta en una cosa elitista y se separe tanto de las personas? Quiero quitarle esta cosa clasista y traerlo a lo popular, a lo urbano, porque son cosas que también son sublimes. Puede que no tengan una métrica tan cerrada, que no sean tan medidos… Pero no dejan de ser sublimes por ello. Es ahí donde lo quiero traer: a lo sublime y a lo popular.
Hablas de «glorificar» los cuerpos gordos. ¿Crees que seguimos atrapados en una cultura que solo permite a los cuerpos no normativos existir desde el humor, la vergüenza o la corrección política? ¿Es el lugar al que la ha relegado la cultura pop?
Glorifico los cuerpos gordos y los llevo al estado de veneración absoluta. Es el lugar que deseo para todos los cuerpos del mundo. No quiero que ningún cuerpo tenga que pasar por ese nivel de ostracismo, de frustración, de miedo o de vergüenza. Ese relegarse a vivir acomplejado. No quiero. Quiero que todos vivamos con un cuerpo que se glorifique, que aprendamos que, todos los cuerpos, en su diversidad, son honrados y son celebrados. De verdad que lo deseo para todo tipo de cuerpos. Así que, sí, por supuesto que los voy a glorificar.
Y es que, es el lugar en el que la cultura pop y la sociedad nos ha permitido estar. Es también el que hemos conquistado, ¿no? ¿Qué vamos a hacer? Pues nos vamos a reír de nosotros mismos. ¡Claro que sí! Vamos a habitar esta vergüenza y, desde la vergüenza, vamos a intentar rehacernos.
La corrección política es necesaria porque tiene que ver con esto que decía de pasar desapercibidos, de invisibilizarnos a pesar de todo. No puede ser. Tenemos que ser visibles, tenemos que ocupar nuestro espacio. Ese espacio que no ocupamos en lugares públicos, ni en cine, ni en televisión, ni en teatro, ni en danza. Es importante glorificarnos.
«SACRESIZE» de Alberto Velasco. Imagen: cortesía de Dominik Valvo
Al final, la palabra «gordo» sigue incomodando muchísimo. ¿Nombrarla sin suavizarla es ya una forma de activismo?
Total. Es que la palabra gordo, incomoda muchísimo. La gente lo tiene como un insulto tan doloroso… Si te das cuenta, nadie quiere ser gordo. Es lo peor que le puede pasar a cualquier persona. El culto al cuerpo te lleva a un estado enfermizo que odias, ¿no? Cualquier mutación que tenga el cuerpo que se pueda parecer a la gordura, se rechaza. Esto está relacionado también con el edadismo, con no querer envejecer, con la eterna juventud, con no estar abierto a los cambios que pueda tener tu cuerpo a nivel hormonal con el paso del tiempo… Al final nuestro cuerpo es agua y se mueve como el agua. Si aprendiéramos desde pequeños a glorificar nuestro cuerpo y a aceptar que con el paso del tiempo va a ir convirtiéndose en otra cosa (¡y qué bien porque significa que estamos vivos!), otro gallo cantaría. Pero no, al contrario. Es esa fiesta a la que nadie quiere asistir.
Yo lo digo mucho: soy gordo. Es un adjetivo calificativo, no es un insulto. Otros son flacos, rubios o morenos. Yo soy gordo y no me insulta que me lo llamen. Lo que me da rabia es todas las estrategias del lenguaje que se utilizan para hablar de la persona gorda. Que si ancha de caderas, que si rellenita, que si estás fuerte pero no estás gordo… Todo para escapar de «gordo». ¡Que no que no pasa nada! Existimos. Estamos aquí. No porque no se nos nombre vamos a existir. Ahí hacen un trabajo maravilloso todas y todas las y los influencias de body positive que que se apropian de la palabra. Nos apropiamos porque nos pertenece.
«SACRESIZE» de Alberto Velasco. Imagen: cortesía de Dominik Valvo
Tu trabajo siempre ha tenido algo autobiográfico. ¿Hasta qué punto «SACRESIZE» es también una reconciliación con tu propia historia?
¿Qué trabajo no es autobiográfico? (Risas). Es una reflexión que hago todo el rato. Somos lo que hemos vivido y yo creo que todos, incluso los que dicen que no, utilizamos nuestra biografía como material creativo. Unos más, otros menos… Unos con más obiedad, otros con menos… No pasa nada. Almodóvar ha titulado «autoficción» a su «Amarga Navidad» en el mercado internacional. Por algo será.
En «SACRESIZE», no hay reconciliación porque yo ya me reconcilié con mi cuerpor hace mucho tiempo. Es más una comunión, un encuentro. Ya hemos pasado el trauma, ya hemos pasado el dolor, ya nos hemos aceptado, ya hay una reconciliación. Ahora, dentro de esta reconciliación vamos a gozar y vamos a juntarnos varios para celebrarnos. Estamos un paso más allá. Ahora vamos a explotar einvadir, ¿no? Ahora es algo más invasivo y hacia afuera.
La danza puede convertirse en un espacio de reparación emocional. ¿Cómo te ha ayudado a ti y más en concreto «SACRESIZE»?
La danza, a mi me hace libre. Es muy poderosa. La danza te conecta con tu cuerpo, con tus emociones, con el universo. Hay algo en la danza telúrico. Trasciende a todas las generaciones. Todas los pueblos que han habitado está tierra han bailado de alguna u otra manera. Han utilizado su cuerpo para conectarse con las estrellas, con los dioses, con lo espiritual… ¿Cómo no va a ser reparadora?
Es un espacio al que invito (cada vez más) a todo el mundo. Hay que quitarse de la cabeza esto de se baila bien o se baila mal. Son conceptos que no van con la danza. Uno baila y punto. Así, todo el mundo, puede encontrar en la danza espacios de sanación. A mí desde luego me sana y no dejaré de bailar nunca. No sé si profesionalmente, porque la exigencia física es atlética y los cuerpos ya se van llenando de lesiones… Pero se entenderá de otra manera porque se puede bailar incluso con un cuerpo que tenga muy poco movimiento, que tenga algún tipo de paraplejia. La danza pertenece más allá de lo grande o de lo pequeño que sea tu movimiento. Es para tu del mundo. Es que es maravillosa. Me encantaría que el espectáculo generase que mucha gente volviese a bailar.
«SACRESIZE» de Alberto Velasco. Imagen: cortesía de Dominik Valvo
El proyecto habla de «violencia estética contemporánea». ¿Por qué existe todavía rechazo social hacia los cuerpos grandes?
Existe rechazo social hacia las a los cuerpos grandes porque interesa. La industria farmacéutica y el sistema en general, generan cantidades ingentes de dinero gracias a crear traumas y a ponernos la zanahoria (como a burros) del cuerpo que se debe tener pero que es inalcanzable. Nunca vas a tener ese cuerpo que te están vendiendo y que quieren que tengas. Siempre vas a estar en una frustración constante y vas a hacer todo lo que haga falta para tener ese cuerpo: dietas, pastillas, operaciones… Lo cual, genera muchísimo dinero. Al final estamos en un sistema capitalista que nos necesita infelices para alimentar la alienación social. Escapar es dificilísimo.
Por eso, estoy súper a favor de cualquier herramienta que usen las personas para ser flacas en estas sociedades. ¡Es tan difícil ser gordo! Si tú quieres hacer esta dieta que es horrible, hazla. Si tú quieres operarte, opérate. Me parece estupendo. Que quieres utilizar la vía de la terapia y otro tipo de sanación y de aceptación, me parece bien también. Pero jamás voy a señalar ni a juzgar a nadie que utilice todo lo que está en su mano para intentar dejar de ser gordo porque, vivir como gordo en es pedir perdón por existir. Es agotador.
Por eso, las burbujas de body positive o cuerpos grandes en representación, son fragilísimas y desaparecen más rápido de como han llegado. Somos invisibilizados hasta en la IA. Nos hace en una versión mucho más delgada. Es alucinante. Quieren la exterminación de las personas gordas y eso es imposible. Es la teoría del caniche. Quieren que todos somos como caniches y nos dan de comer a todos como tal. ¿Y qué hacen los san bernardos? Tienen derecho a desarrollarse como san bernardos.
«SACRESIZE» de Alberto Velasco. Imagen; cortesía de Dominik Valvo.
¿Cuál dirías que es hoy la forma de gordofobia más clara en nuestra sociedad?
Para mí, las más sibilinas que hay son: la que está integrada dentro de nosotros (que me parece la más cruel y de la que no podemos escapar) y la de los entornos cercanos. Diría, incluso, la de no cercanos, la del tú a tú. No la que sabemos que está en los medios de comunicación, en las series, en la publicidad, en la que en la arquitectura urbana (asientos de autobuses, metro…). No, no, no. Es la de que cualquier persona, aunque no te conozca de nada, se sienta con la libertad de decirte que estás gordo o estás flaco. Me parece que es la la forma más clara de gordofobia porque atraviesa a todo el mundo en lo cotidiano. No es sistémico. Está en tu tía, en tu compañera de trabajo, en una mirada de alguien del autobús… Y luego claro, se une con la autopercepción. Llegamos así, a la disforia corporal y a toda la violencia estética que son los trastornos alimenticios. Es una gordofobia que nos enferma. Es que nos mata.
¿Ves posible que la gente con cuerpos normativos ayude a combatirla?
Es que tiene que ayudar a combatirla porque es una algo que les atañe a ellos. No es de otros. Ellos pueden ser gordos en cualquier momento. De hecho, ya, por el hecho de escapar de ser gordos, están alimentando el monstruo. Si trabajan en la aceptación de los otros cuerpos y trabajan en la visibilidad y en la diversidad, están haciéndose un favor a ellos mismos. No es sectario, no es mi pequeña parcela, no: esto es de todo el mundo. Es transversal.
¿Qué esperas que sienta alguien que entra a ver «SACRESIZE» con vergüenza de su propio cuerpo? Y al contrario: ¿te interesa incomodar también al espectador más radical contra los cuerpos gordos?
Me encantaría que la gente que entra con vergüenza de su propio cuerpo, gente que no va a la playa o a la piscina, gente que no se desnuda delante de su pareja… Nos vea y se desactive un poco esta vergüenza para, poco a poco, vaya viendo que su cuerpo también es hermoso. La belleza nos pertenece a todos los seres que habitamos este planeta. Es algo intrínseco a la existencia. El resto es gusto y eso ya es personalísimo. Pero ¿la belleza? Es como la verdad. Es nuestra. Así que, me encantaría que salieran con un poco de paz y de tranquilidad, al igual que me encantaría incomodar, por supuesto, a la persona más radical con los cuerpos gordos.
Aquellos que nos dicen que hacemos apología de la obesidad, de la enfermedad y que además, se ponen tan violentos con nosotros en redes sociales. Es algo que no llego entender de dónde les sale esa violencia. Me encantaría que se cumpliese esta normal de que el arte tiene que incomodar a los que tienen paz y traer paz a los que viven incómodos.
«SACRESIZE» de Alberto Velasco. Imagen: cortesía de Dominik Valvo.
En redes sociales parece que todo el mundo habla de autoestima y amor propio, pero al mismo tiempo nunca hubo tanta obsesión por la imagen. Como decías antes, todo el mundo, incluso estando sano, en algún momento determinado de su vida ha criticado su cuerpo y ha querido escapar de él. ¿Cómo es posible esa contradicción colectiva?
En esta pregunta, sin querer, hay un poco de gordofobia dando por hecho que un cuerpo que no es normativo, no es un cuerpo sano. No tiene nada que ver. No podemos unir la salud con la tipología corporal. Sé que cuesta mucho porque lo tenemos también en nuestra manera de hablar. Nos pasa mucho a nosotros también.
Respecto a la contradicción colectiva, es que claro, vivimos en una contradicción y en una mutación constante. Intentamos escapar de algo que es muy difícil en redes sociales. Están fabricadas de tal manera para compartir un tipo de cara y que solo nos salga en el algoritmo ese tipo de cara y ese tipo de cuerpo. No podemos escapar y, además, jugamos con los filtros. La gente luego va con ellos puestos a las consultas de los cirujanos. Se genera deseo por repetición e insistencia. Esto es peligrosísimo. Pero no es casualidad. Está todo medido por los que manejan el sistema. Quiere que sea así y nosotros somos las marionetas del sistema. Queremos y deseamos que todos los cuerpos sean validos y luego, consumimos cuerpos normativos.
Hay una frase preciosa en el manifiesto de la obra: «Yo soy yo a través de mi cuerpo». ¿Crees que es el mensaje que nos debemos lanzar cuando nos criticamos?
Realmente es preciosa. También es una una obviedad. Es que no hay otra manera de habitar el mundo si no es en tu cuerpo. No somos algo que se escape a la materia. Soy yo leído con mi cuerpo y todo lo que me pasa en la vida, es a través de mi cuerpo: el amor, el dolor, las relaciones, mis deseos, mis traumas… Todo es el cuerpo y todo se manifiesta con el cuerpo. ¿Cómo no vamos a intentar honrarlo, cuidarlo, glorificarlo, sea el que sea?
Más allá de la taza de Mr. Wonderful: hay que quererse. Es que la relación más larga que vas a tener en tu vida es con tu cuerpo. Tienes que cuidarlo, tienes que alimentarlo bien, que hacer ejercicio, que fomentar relaciones saludables, que nutrirle espiritualmente y emocionalmente… Me emociona mucho. Quieren que nos distanciemos de nuestro cuerpo, que no estemos en nuestros cuerpo con ese deseo de ser siempre otro. Trabajamos para tener otro cuerpo y siempre vamos detrás. Habría que parar para que se sincronizase todo y ser nosotros a través de nuestro cuerpo.
«SACRESIZE» de Alberto Velasco. Imagen; cortesía de Dominik Valvo
Lejos de plantear la reconciliación como meta, «SACRESIZE», el ballet de Alberto Velasco que pone los cuerpos gordos en el centro del escenario, propone algo mucho más radical: la celebración absoluta del cuerpo propio. La obra no solo interpela a quienes han vivido escondiéndose de su reflejo, sino también a una sociedad obsesionada con corregir, reducir y domesticar los cuerpos. Entre la vulnerabilidad, la provocación y la fiesta colectiva, el espectáculo reivindica la danza como espacio de libertad y reparación. Porque, como defiende su creador, quizá el verdadero acto revolucionario hoy sea simplemente habitar el propio cuerpo sin vergüenza.