ÁLVARO DE LUNA. Vuelta a la esencia

Se aleja del exceso y del ritmo acelerado para reencontrarse con lo que realmente importa. Con su próximo álbum construye un proyecto atravesado por la memoria, sus raíces sevillanas y una mirada mucho más honesta hacia sí mismo. Álvaro de Luna es la portada 8/11 de Vanidad #243. Descubre la entrevista completa a continuación:

Después de una etapa de vértigo, sobreexposición y ruido, Álvaro de Luna (Sevilla, 1994) prepara el que será su próximo disco, «Azulejos», un trabajo que nace desde la pausa, la vulnerabilidad y la necesidad de volver a conectar con su esencia. Sevilla, el mar, la familia, la ansiedad y el deseo de despojarse de ciertos personajes construidos durante los últimos años atraviesan un álbum que, según adelanta, funciona como un mosaico emocional de todo lo vivido. Hablamos con el artista en Vanidad #243 sobre el nuevo proyecto, la presión del crecimiento, la producción musical y la importancia de volver a uno mismo.

Álvaro de Luna: «Durante una etapa construí una versión de mí que estaba mucho más asociada una actitud más de personaje. Y sí, evidentemente algo de eso hay en mí, pero no es quién soy realmente de forma cotidiana»

Polo de estructura OMAR «Acero oscuro» de BOSTON y joyas de Tiffany & Co.
Polo de estructura OMAR «Acero oscuro» de BOSTON y joyas de Tiffany & Co.

Tu próximo disco llegará después del verano. ¿En qué momento estás ahora mismo con él?

Estamos ultimando tiempos, sobre todo por una cuestión de fabricación. La idea es que salga todo a la vez y que no haya retrasos, especialmente con el vinilo, que suele ser la parte más tediosa del proceso. En principio saldrá después del verano, seguramente en septiembre, pero ahora mismo estamos ajustando esos tiempos para que todo llegue como queremos.

Durante un tiempo el disco estuvo vinculado al concepto de kintsugi, pero finalmente se llamará «Azulejos». ¿Cómo se produjo ese cambio?

Kintsugi fue una primera idea que tuvo mucho sentido durante una etapa concreta del proceso. Me pilló en un viaje a Indonesia y allí conecté muchísimo con ese concepto y con lo que significaba para mí en ese momento. Sentía que muchas de las primeras canciones estaban muy vinculadas a esa idea de reparar, de reconstruir, de entender las grietas.

Pero luego el proceso siguió avanzando y pasaron muchas más cosas. Corté la relación profesional con mi antigua oficina, que fue un divorcio duro, y en ese momento decidí parar. Necesitaba bajar el ritmo, analizar qué estaba haciendo y volver a preguntarme por qué escribo canciones de verdad. No quería seguir componiendo desde la inercia o desde la presión de los tiempos. Quería volver a hacerlo porque lo necesitaba, porque me servía como terapia, como una forma de celebrar, de soltar o de contar algo que me estaba atravesando.Y entonces entendí que, aunque kintsugi tenía sentido a nivel conceptual, no terminaba de hablar mi idioma. No podía defenderlo del todo como algo propio.

Jersey ALVARO en «Verde pálido» de BOSTON y joyas de Tiffany & Co.
Jersey ALVARO en «Verde pálido» de BOSTON y joyas de Tiffany & Co.
¿Y cómo aparece entonces «Azulejos»?

Fue una asociación mucho más íntima y más cercana a mí. Me fui unos días a Sevilla con mi familia y allí mi madre me regaló una vajilla antigua. Puede parecer una anécdota mínima, pero de repente me conectó con algo muy profundo. Al ser de Sevilla, la cerámica y el azulejo forman parte de mi imaginario desde siempre. Está en las casas, en las paredes, en la estética de la ciudad, en la memoria familiar. Y empecé a pensar que lo que estaba construyendo no eran tanto piezas quebradas como un mosaico de canciones que iban contando todo lo que me había pasado durante este tiempo.

Ahí fue cuando pensé en ese título. Porque el azulejo reviste, embellece, parece fuerte, pero en realidad es frágil. Y además tiene algo muy narrativo: históricamente ha servido para plasmar escenas, historias, símbolos. Sentí que conectaba con mi raíz, con mi identidad y con la manera en la que yo quería contar este disco.

Entonces, ¿dirías que este álbum está muy conectado con Sevilla y con tus orígenes?

Sí, totalmente. Hay muchos guiños a eso en el disco. Por ejemplo, hay una canción que se llama “Flores para tu pelo”, que ya desde el título remite a un imaginario muy concreto, muy mío. No es un tema flamenco, pero sí hay matices, cadencias y pequeñas referencias que conectan con ese lugar.

También hay un tema muy rockero que, sin embargo, tiene una cadencia muy flamenca. Y eso me apetecía mucho recuperarlo, porque forma parte de mí. Tiene que ver con volver a cuando tocaba en la plaza con mis colegas, con una guitarra, una litrona y una canción recién escrita. Ese lugar de verdad, de barrio, de esencia, de tocar por necesidad y no por estrategia, está muy presente en este disco.

Camisa CURAZAO en «Negro» pantalón VALDES en «Negro», todo de BOSTON. Joyas de Tiffany & Co.
Camisa CURAZAO en «Negro» pantalón VALDES en «Negro», todo de BOSTON. Joyas de Tiffany & Co.
¿Echas de menos las litronas en la plaza?

Sí, claro que la echo de menos. Echo de menos muchas cosas de ese principio. Pero también creo que precisamente echarlas de menos me ayuda a valorarlas y a ser consciente del privilegio que tengo ahora, que es poder dedicarme plenamente a mi música.

Lo que pasa es que vivimos en una dinámica muy acelerada, con muchísimos estímulos, donde parece que vas superando niveles de un videojuego. Llegas a una meta, la consigues y, en lugar de celebrarla, ya estás pensando en la siguiente. Eso genera una ansiedad enorme, porque sientes que siempre vas tarde incluso cuando te están pasando cosas increíbles.

¿Crees que tu proyecto creció más rápido de lo que tú podías procesarlo?

Sí, sobre todo porque no solo creció a nivel musical, sino también a nivel de exposición pública. Y hubo un momento en el que la atención estaba más puesta en todo lo que rodeaba al proyecto que en la música en sí.

Ahí fue cuando me abrume muchísimo. Yo lo que quiero hacer es una carrera de fondo. Sé que habrá discos mejores, otros peores, giras más grandes, otras más pequeñas, pero mi foco siempre ha sido hacer canciones y construir algo duradero desde ahí. Cuando todo se empieza a ir hacia otros lugares, yo me pierdo un poco y digo que esto no es lo que quiero para mí.

Americana MONACO en «Negro», pantalón PTMONACO en «Negro» y camisa PELLEGRINO en «Blanco», todo de BOSTON. Reloj de Audermars Piguet
Americana MONACO en «Negro», pantalón PTMONACO en «Negro» y camisa PELLEGRINO en «Blanco», todo de BOSTON. Reloj de Audermars Piguet
En ese proceso hablas también de desprenderte de un personaje. ¿A qué te refieres exactamente?

Creo que durante una etapa construí una versión de mí que estaba mucho más asociada a cierta dureza, a cierta chulería o a una actitud más de personaje. Y sí, evidentemente algo de eso hay en mí, pero no es quién soy realmente de forma cotidiana.

Yo puedo ser vacilón en confianza, con colegas, en ciertos contextos, pero otra cosa es mantener una especie de máscara porque sientes que eso te protege o que eso encaja con lo que se espera de ti. Y eso desgasta muchísimo. Llega un punto en el que no sabes bien si te estás comportando como tú eres o como crees que deberías ser. Para mí ha sido un duelo desprenderme de eso. Pero también una liberación.

¿Te ha pasado que esa exposición desdibujara un poco tu lugar como músico?

Sí. Y eso me ha pesado bastante. Porque sentía que muchas veces se hablaba más de todo lo que no tenía que ver con la música que de la música misma. Y eso para mí era muy frustrante, porque yo no me dedico a esto por otra cosa que no sea hacer canciones, tocar en directo y seguir creciendo desde ahí.

¿Hay canciones en el disco que hablen directamente de ese agobio o de esa ansiedad?

Sí, totalmente. Por ejemplo «Dime donde estás» nace de ahí. De esa saturación, de ese exceso de estímulo, de ese momento en el que sientes que no estás viviendo de verdad porque estás demasiado metido en una rueda de trabajo, creación, gira y presión constante. Llega un punto en el que incluso te bloqueas creativamente, porque no tienes espacio para vivir cosas nuevas ni para procesarlas. Yo sentía muchas veces que estaba tan metido en la dinámica que no sabía ya sobre qué escribir. Todo me salía desde un lugar muy oscuro, muy denso, muy de nube negra. Y parte de este disco tiene que ver con eso: con salir de ahí.

Americana cruzada CRUHABANA en «Talco» de BOSTON y joyas de Tiffany & Co.
Americana cruzada CRUHABANA en «Talco» de BOSTON y joyas de Tiffany & Co.
En ese sentido, ¿cómo fue el viaje a Indonesia? ¿Qué removió en ti?

Fue un viaje muy importante, aunque no tanto porque haya canciones que hablen directamente de Indonesia, sino por lo que provocó en mí. Yo me fui con la idea de estar de vacaciones de verdad. De hecho, estuve a punto de llevarme el ordenador, el micrófono, la tarjeta, todo, «por si surgía algo». Pero un amigo me dijo: vive la experiencia y ya escribirás cuando vuelvas. Y menos mal que le hice caso. Porque necesitaba no provocar la inspiración, sino simplemente estar allí, vivirlo, observar y dejar que me atravesara.

Recuerdo especialmente las islas Gili, sobre todo una de ellas. Es una isla diminuta donde no hay motor, te mueves andando o en bici, todo va lentísimo. Y ahí hubo un momento muy revelador para mí. Estaba viendo un atardecer increíble, con una parte del cielo lluviosa y otra completamente naranja y violeta. Y pensé: estás aquí, en bañador, descalzo, viviendo con lo mínimo, viendo un atardecer y sintiéndote pleno. Y sin embargo pasas gran parte del tiempo angustiado por cosas que en realidad no puedes controlar. Ahí conecté mucho conmigo mismo y entendí que tenía que ser menos duro conmigo.

¿Cuánto de esa calma has conseguido conservar al volver?

Algo se queda, pero volver a la realidad siempre remueve todo otra vez. Al principio vuelves creyendo que lo tienes todo bajísimo, que eres el primo del Dalai Lama, pero luego llega la vida real, los mensajes, las decisiones, la presión… y vuelven muchas cosas. Sigo teniendo días malos, claro. Pero creo que no se trata de eliminarlo por completo, sino de aprender a convivir con ello de una forma menos destructiva.

También firmas el disco como coproductor. ¿Cómo conviven en ti el artista y el productor?

Conviven de forma muy natural, porque es algo que me sale solo. Yo en casa estoy constantemente con la guitarra o con el ordenador. Produzco mis canciones, hago ideas para otras cosas, experimento mucho, también me gusta muchísimo la electrónica… Para mí no es una faceta separada, forma parte del mismo impulso.

Me implico mucho en la preproducción, en la producción, en la mezcla, en el máster. Soy bastante obsesivo con que todo esté donde tiene que estar. No me supone un esfuerzo porque me encanta hacerlo.

Jersey ANTONIO en «Indigo» y pantalón GEORGE en «Lavado medio», todo de BOSTON. Joyas de Tiffany & Co.
Jersey ANTONIO en «Indigo» y pantalón GEORGE en «Lavado medio», todo de BOSTON. Joyas de Tiffany & Co.
¿Hay alguna parte del proceso que disfrutes especialmente?

Me gusta mucho construir la producción en sí: imaginar cómo tiene que respirar una canción, cómo entra una guitarra, cómo se sostiene una melodía, qué textura necesita. La producción vocal me interesa también, pero en mi caso prefiero que la voz conserve algo muy orgánico. Muchas veces las voces de demo se quedan en la canción final porque tienen una magia que luego es imposible repetir a propósito. En «Tu costado», por ejemplo, la voz que suena es la demo. La grabé en casa y al principio incluso se cuela el clic por los cascos. Y ahí se quedó.

¿Sientes que no se te ha reconocido lo suficiente como compositor o productor?

Sí, creo que mucha gente no lo imagina. Pero tampoco lo he vivido con necesidad de demostrar nada. Es una faceta que está ahí y que, si se va descubriendo poco a poco de forma natural, me parece bien. No siento la necesidad de ir reivindicándolo todo el rato. Ya se verá en los créditos, en el boca a boca, en la gente que se meta de verdad en el proyecto.

¿Te apetece producir para otros artistas en algún momento?

Sí, me apetece. De hecho, alguna vez lo he hecho en pequeño. Incluso hubo una canción que iba a presentarse a Eurovisión y que habría sido la primera vez que saliera yo como productor y compositor de algo que no interpreto. Al final no salió, pero sí es una idea que me interesa. Ahora mismo no es mi foco principal, pero no lo descarto para nada. Creo que en algún momento, si conecto con alguien y se da de una forma orgánica, me gustará explorar más ese lugar.

Jersey ALVARO en «Verde pálido» de BOSTON y joyas de Tiffany & Co.
Jersey ALVARO en «Verde pálido» de BOSTON y joyas de Tiffany & Co.

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Texto: Marta España @mdmovidas

Fotografía: Noah Pharrel @noah_pharrell

Estilismo: Daniela Gutierrez @danielagtzgzz

M.u.a.h: María de Andrés @mariaandres.b

Asistente foto: Sara Donzel @donzel_sa

Asistente de estilismo: Ana Leal @anavleall

Localización: Espacio Nueva Carolina 

Con la colaboración de Boston

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