Esta historia es muy simple, aunque hubiera podido ser muy complicada. También está inconclusa, porque este tipo de historias no tienen un final. Es la de Manuela Velasco y Vanidad, un constante y caprichoso viaje en el tiempo. Brilla el sol en Madrid y Manuela Velasco se despide al bajar del taxi con un “Espero verte pronto”

Febrero de 2008. Vestuarios del campo de rugby de la ciudad deportiva de la Universidad Complutense. Una chica impresionantemente alta, con unas piernas kilométricas y el look de Cindy Chrawford en los noventa habla, mucho, por el móvil. Cuelga el teléfono y con una simpatía poco habitual en una actriz, saluda: “Hola, soy Manuela”.

Viaje al futuro. Junio de 2009. Un pequeño incidente marca el comienzo de la catarsis entre Manuela Velasco y el periodista que esto suscribe. En el número 6 de la calle Felipe II de Madrid, Manuela y yo nos encontramos llamando al mismo timbre, ambos nos dirigimos a la sesión de fotos para la Hot List de Vanidad. Nos saludamos con un par de besos. Manuela ya no lleva shorts ni plataformas y tampoco el pelo cardado como hace un año, en nuestro primer encuentro; ahora va vestida de calle, con una trenza (que conquista a la maquilladora de la sesión), una camiseta de rayas marineras y un bolso rojo de Miu Miu. Y tiene un Goya. Subimos en el ascensor hasta el quinto piso. Creo que ahora somos vecinos, me he mudado a San Bernardo. A lo que ella contesta, “¿Ah si? Pues seguro que nos vemos por la calle, yo hago mucha vida de barrio”.

Vuelta al pasado. Febrero de 2008. Tras las fotos para Vanidad #143. En la cafetería Pepe Botella de la Plaza del Dos de Mayo de Madrid, Manuela y yo nos enfrascamos en una conversación que se prolonga durante toda la tarde. A falta de dos días para la Gala de los Goya (Manuela, opta al premio a mejor actriz revelación), nos encontramos hablando del enorme éxito de “REC”, de las ganas que tiene de afianzar su carrera como actriz y de hacer una comedia. Manuela es una actriz del todo atípica. Transmite una profesionalidad difícil de encontrar en otras más jóvenes y está prácticamente licenciada en Historia del Arte.“El arte es la máquina del tiempo que todavía no hemos inventado, nos permite conocer como vivía la gente en tal o cual época”, sentenciaba.

Flashforward. Junio de 2009. Mi primer impulso tras salir del ascensor, y mientras esperamos a que alguien abra la puerta del piso/ estudio de fotos, es preguntarle por “REC2”. Ella suelta una sonora carcajada y sabiendo que tiene la sartén por el mango me dice: “A ver qué te puedo contar...Acabo de llegar de Barcelona y tengo un trancazo… Bueno, he estado estos días allí volviendo a grabar una parte de la película y estoy todo el tiempo empapada, soy algo así como Miss Camiseta Mojada. Poco más te puedo contar de mi personaje. Paco y Jaume [Plaza y Balagueró, los directores de esta historia de terror imparable] vieron el montaje final y se les ocurrió que podrían mejorar la parte central. Eso es maravilloso. Era difícil hacer una segunda parte a la altura de la primera, porque hay personajes nuevos y era complicado no defraudar a los fans. Han visto la película y cinco o seis meses después han decicido que podían escribir algo mejor y volver a rodar, y eso dice mucho de ellos. Bajo mi punto de vista, ahora es perfecta, mucho más gore”. Ante mi insistencia por saber más y más, decide morderse la lengua y evitar meterse en un lío. Desde la última vez que nos vimos, todavía no ha hecho esa esperada comedia, aunque ha estado más cerca con sus personajes de las series “La chica de ayer” y “Doctor Mateo”, ambas de Antena 3.

Por José Ganga.
Fotografía de Chus Antón.

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