Cuando YVES SAINT LAURENT convirtió un cuadro de MONDRIAN en historia de la moda
Todo sobre el emblemático vestido Mondrian de YSL. Imagen: cortesía de la marca
En 1965, un diseñador francés tomó las composiciones abstractas de Piet Mondrian y las transformó en uno de los vestidos más icónicos del siglo XX. Más de seis décadas después, en plena era de las colaboraciones entre museos, marcas de lujo y celebridades, aquella colección sigue explicando por qué la moda nunca dejó de mirar al arte
La historia de Yves Saint Laurent y Mondrian y por qué cambió las industrias del arte y de la moda
Hoy resulta habitual ver prendas estampadas con obras de Gustav Klimt, Van Gogh o Frida Kahlo. Louis Vuitton ha colaborado con Yayoi Kusama,Dior ha convertido instalaciones artísticas en escenarios de sus desfiles, Schiaparelli, Loewe o Moschino dialogan constantemente con la historia del arte, mientras celebridades como Dua Lipa, Zendaya o Rihanna visten diseños que parecen salir directamente de un museo. Sin embargo, hubo un momento en el que esa conversación apenas existía. Y fue Yves Saint Laurent quien la cambió para siempre al convertir uno de los cuadros más reconocibles del siglo XX en un vestido con YVES x Mondrian.
¿Qué sabemos de aquella colección?
En otoño de 1965, la moda dejó de inspirarse en el arte para empezar, literalmente, a vestirlo. En apariencia, la colección era sencilla: vestidos rectos, cortos, construidos mediante bloques de color blanco, rojo, azul y amarillo separados por gruesas líneas negras. Pero detrás de aquella simplicidad había una revolución técnica, estética y cultural que redefinió la relación entre dos disciplinas que, hasta entonces, habían permanecido relativamente separadas.
Cuadro «New York Subway», obra del artista Piet Mondrian
Antes de entender por qué aquellos vestidos se convirtieron en iconos, conviene retroceder varias décadas.
Piet Mondrian no pintaba ciudades, paisajes ni retratos. A principios del siglo XX abandonó progresivamente la representación figurativa para perseguir una idea mucho más ambiciosa. Encontrar un lenguaje visual universal.
Piet Mondrian en su estudio de Nueva York
Como miembro del movimiento neerlandés De Stijl, defendía que la armonía podía construirse únicamente mediante líneas horizontales y verticales, colores primarios, rojo, azul y amarillo, y los llamados no colores: blanco, negro y gris. Su teoría, conocida como neoplasticismo, aspiraba a eliminar cualquier elemento superfluo hasta alcanzar la esencia de la forma.
Su relación con Yves Saint Laurent
Cuando Mondrian falleció en Nueva York en 1944, era admirado en determinados círculos artísticos, pero todavía estaba lejos de convertirse en un icono de la cultura popular. De hecho, en Francia su obra apenas había tenido presencia institucional. Paradójicamente, sería un diseñador de moda quien contribuiría decisivamente a popularizar su estética entre el gran público.
Apartamento de París de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé en la rue de Babylone. Imagen: @colecaoviva1
Yves Saint Laurent tenía entonces apenas 29 años. Había pasado por Dior, donde sustituyó al propio Christian Dior tras su muerte, había sido llamado a filas durante la guerra de Argelia, sufrió una profunda crisis psicológica y, después de abandonar la maison, fundó su propia firma junto a Pierre Bergé en 1961.
Yves Saint Laurent contemplando su colección privada de arte en París, incluyendo una pintura de Piet Mondrian. Imagen: Museo YSL
Y no fue hasta mediados de los sesenta cuando su inspiración llegó mientras leía «Piet Mondrian: Life and Work», del historiador Michel Seuphor. No quiso simplemente imprimir reproducciones de los cuadros sobre tela. Su objetivo era construir un vestido que funcionara como si fuera una pintura.
Ahí reside buena parte del genio de aquella colección.
Vestido de Yves Saint Laurent que rinde homenaje a Piet Mondrian. Imagen: @fernandapaisley1
Aunque hoy pueda parecer un simple estampado geométrico, técnicamente aquellos vestidos no estaban estampados. Cada bloque de color era una pieza distinta de tejido de lana cuidadosamente ensamblada. Las costuras quedaban ocultas dentro de las líneas negras, creando la ilusión de que el vestido era un único lienzo plano. En realidad, toda la ingeniería necesaria para adaptar la prenda al cuerpo femenino desaparecía visualmente bajo la geometría de Mondrian. Era un ejercicio de alta costura disfrazado de simplicidad absoluta.
El vestido Mondrian
La colección otoño-invierno 1965-66 incluía veintiséis diseños inspirados en el artista neerlandés, aunque fueron seis vestidos los que terminaron convirtiéndose en auténticos símbolos de la década. La prensa internacional quedó fascinada, y rápidamente las imágenes aparecieron en revistas de todo el mundo y las imitaciones comenzaron casi de inmediato.
El vestido Mondrian de YSL en pasarela. Imagen: @museeyslparis1
En pocos meses, el llamado «vestido Mondrian» había abandonado las pasarelas para instalarse en el imaginario colectivo de los Swinging Sixties.
El éxito fue tan extraordinario que incluso alteró la percepción pública del propio Mondrian. Diversos historiadores del arte coinciden en que la colección de Saint Laurent contribuyó decisivamente a acercar su obra a una audiencia mucho más amplia, hasta el punto de preceder la primera gran retrospectiva dedicada al pintor en París, celebrada en 1969 en el Musée de l’Orangerie. Dicho esto, quizá la verdadera innovación no consistía únicamente en tomar prestada una pintura.
El vestido Mondrian en pasarela. Museo YSL
¿Por qué Yves Saint Laurent cambió el juego con este vestido?
Durante siglos, la moda había utilizado referencias artísticas. Bordados inspirados en frescos, tejidos con escenas mitológicas o siluetas influenciadas por esculturas clásicas. Saint Laurent hizo algo distinto. No utilizó el arte como inspiración decorativa, sino que convirtió la propia obra en el diseño. Ese gesto cambió las reglas del juego.
Diseño de inspiración Mondrian de YSL en pasarela. Imagen: Museo YSL
A partir de entonces, la moda empezó a dialogar con los museos de igual a igual. Además, Saint Laurent continuaría explorando ese camino con colecciones dedicadas a Picasso, Matisse, Van Gogh o Braque, mientras generaciones posteriores ampliarían esa conversación hasta convertirla en uno de los grandes motores creativos del lujo contemporáneo.
Hoy resulta casi imposible imaginar la industria sin esa relación.
Colección YSL x Mondrian. Imagen: @sebeau___
El legado que nos ha dejado
Louis Vuitton desarrolló dos de las colaboraciones artísticas más influyentes de las últimas décadas junto a Takashi Murakami y Yayoi Kusama. Dior convierte cada desfile en una instalación artística monumental. Loewe ha trabajado con ceramistas, escultores y artesanos contemporáneos a través del Loewe Foundation Craft Prize. Prada mantiene un diálogo permanente con la arquitectura y el arte conceptual. Incluso firmas como Uniqlo han democratizado esa relación mediante colecciones junto al MoMA o estampados oficiales de artistas históricos.
Por lo tanto, ya no se trata únicamente de vestir una prenda bonita, sino de vestir una referencia cultural. Y como todo, también ha llegado a las alfombras rojas.
Diseño de Vetements para Doja Cat en la Met Gala 2024. Imagen: @ojrichardson
Celebridades como Zendaya, Doja Cat o Natalie Portman han convertido algunas de sus apariciones en la alfombra roja en auténticos ejercicios de diálogo entre moda y arte. Desde el diseño de Vetements para Doja Cat en la Met Gala 2024, que simulaba una camiseta completamente empapada bajo un ejercicio de trompe-l’œil, un recurso artístico utilizado desde el Barroco, hasta el espectacular Maison Margiela de John Galliano que Zendaya lució en la Met Gala de 2024, inspirado en el Art Nouveau y la ilustración de la Belle Époque, pasando por la capa de Dior con la que Natalie Portman reivindicó a las directoras ignoradas por los Oscar en 2020, la prenda deja de ser únicamente ropa para convertirse en un discurso cultural reconocible por millones de personas.
Diseño de Maison Margiela de John Galliano que Zendaya lució en la Met Gala de 2024. Imagen: @foundingfabric
Sin embargo, existe una diferencia importante entre muchas de esas propuestas actuales y el vestido Mondrian de 1965.
Hoy el arte suele aparecer impreso, fotografiado o reproducido digitalmente sobre el tejido. YVES en cambio, construyó físicamente la pintura mediante patronaje y costura. No reprodujo una obra, sino que la reinterpretó utilizando el lenguaje propio de la alta costura.
Esa distinción explica por qué, sesenta años después, aquellos vestidos siguen ocupando un lugar privilegiado en museos como el Metropolitan Museum of Art o el LACMA. No son únicamente prendas históricas. Son también objetos de diseño capaces de demostrar que la moda puede producir conocimiento visual igual que cualquier otra disciplina artística.
Aun así, aquel vestido nunca trató únicamente sobre Mondrian. Trataba de una pregunta mucho más ambiciosa: ¿puede una prenda ocupar el mismo espacio cultural que una obra de arte? Sesenta años después, la respuesta sigue colgada tanto en los museos como en los armarios y tiene dos nombres: Yves Saint Laurent y Mondrian.