Es febrero, pero en Madrid hace uno de esos días soleados que invitan a disfrutar de una terraza. Eso es exactamente lo que hacemos D.Valentino, sus colegas y yo tras terminar el «shooting» para esta cabecera. El valenciano es la portada 6/11 de Vanidad #243. Descubre la entrevista completa a continuación:
Entre torreznos y cocido, Diego Ferri Pérez (Valencia, 1999) —más conocido como D.Valentino— me cuenta que su plan B es abrir una floristería, que se niega a mudarse a la capital y algunos detalles de su nuevo álbum. También hablamos de que es la primera vez que posa para una revista y de que, la entrevista que tienes a continuación, es una de las pocas que existen del cantante. Merece la pena leerla con calma: descubrirás que uno de los nombres de la música urbana patria del último año ha pasado por muchos altibajos para llegar a dónde está, que le gusta hablar de fútbol y jugar a la Play y que, tras ese aspecto un tanto chulesco, hay un chico muy normal al que la música le ha cambiado la vida.
D. Valentino: «Mis padres me han apoyado siempre y me han dejado dinero cuando me ha hecho falta. Estaba reventado en casa, me acababan de despedir, tenía los brazos rotos y no podía conseguir un trabajo. En esos momentos me tuvieron que ayudar y se lo agradezco de por vida»
¿Cuándo llegó la música a tu vida? ¿Cómo recuerdas esos primeros pasos?
La primera canción que hice fue en cuarentena cuando decidí dejar la carrera, no por hacer música, sino porque ya no me estaba haciendo feliz. La grabé con el Voloco, que es una aplicación del móvil, y la subí a IGTV. Se llamaba «No Puedo» y era más rapera, tenía partes sin autotune y a la peña del barrio le moló. Luego hice un álbum que era otro estilo, más cercano a lo que hago ahora. Ala peña del barrio no le moló tanto, pero bueno, era lo que me molaba a mí.
¿Siempre has querido dedicarte a la música?
No, en esa época me dedicaba a ir a los mercadillos a las seis de la mañana y comprar ropa para luego revenderla. Nos alquilamos un local en el barrio unos colegas y yo y ahí me monté mi estudio para grabar. Empecé a hacer muchos temas —me hacía una canción al día mínimo—, no salía del estudio… Estaba en mi barrio, pero no iba a mi casa ni a comer. Era una locura, hasta dormíamos ahí tirados.
Ahí descubrí que la música me molaba más de lo que yo creía. Es verdad que me costó coger el micro y entender lo que son los plugins o la tarjeta de sonido, pero desde que empecé no paré de hacer música.
Desde 2021 hasta 2024 publicaste 4 álbumes, 1 EP y numerosos sencillos. ¿En qué momento musical te encontrabas en esos años?
Yo casi todo lo que canto son cosas que me han pasado. Al principio, yo tenía 17 años de mi vida por contar. Entonces, contaba la misma historia desde cinco puntos diferentes, según cómo me iba sintiendo yo. Luego, salía de fiesta y pasaba cualquier cosa y tenía mucha más inspiración. Quizás más de la que tengo ahora, que tengo una vida más estable. Por eso también hacía mucha más música antes, porque tenía más inspiración natural.
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¿Cómo reaccionó la gente de tu barrio cuando empezaste a hacer música?
A mí me empezó a escuchar antes gente de fuera de mi barrio. La música que yo hacía en el momento en el que yo la saqué era tan nueva y experimental para ellos que directamente ni hacían el amago de escucharme. Me apoyaban, pero yo sé que no me escuchaba ni el 5% de la gente a la que yo conocía, pero eso no me frenaba porque mientras hubiera a alguien al que le guste…
A pesar de publicar mucha música, no fue hasta 2024 con «Rosa&Rojo» cuando comenzaste a ganar una popularidad más notoria. ¿Consideras ese tu mejor trabajo ¿Qué crees que hizo que ese disco llegara a más gente?
Quizá la gente puede pensar que sí, pero yo lo saqué con tirria. Yo ya no podía escuchar ese álbum, porque lo escribí en un momento en el que habían pasado muchas cosas. Es como una recapitulación de mi vida y, a lo mejor, ya había cerrado esa etapa en el momento en el que lo saqué y me parecía como volver al pasado. Gracias a esta gente que me apoyó lo publiqué, pero no quería. Tampoco le tengo ese cariño especial como proyecto, sí que le tengo un cariño especial por el hecho de todo lo que ha venido después.
Y yo creo que llegó a más gente porque dejé un poco mi faceta más hyperpop y a la gente le conecta más escuchar temas no tan fiesteros, sino temas que hablen del corazón y de una manera personalcon la que se puedan sentir identificados. También es tener la suerte en el momento justo. He tenido el privilegio de tener siempre una fan base muy sólida desde el primer álbum. Es verdad que al estar un año y medio sin sacar música perdí números, pero yo sabía que iba a tener muy buena acogida el disco, al menos entre mis seguidores fieles. Y yo creo que gracias a esos fans fieles que empezaron a compartirlo como locos, llegó un punto en el que alguien que no me había escuchado en su momento, vio esa evolución y conectó. Ha sido todo como una bola de nieve que se ha ido haciendo más grande hasta el día de hoy.
¿Hay algo que echas de menos de tu etapa más underground?
Parece de broma, pero echo de menos hablar con un fan de verdad. Ahora hay mucha gente que me apoya, lo que significa que no puedo prestarle tanta atención por el hecho de que, si me quedo hablando cinco minutos con cada uno al acabar un bolo, se me hace el día siguiente. Sí que es verdad que conectar de cerca con un grupo más pequeñito tiene un punto que mola, pero no me puedo quejar. Estoy donde quería estar.
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¿ Y a nivel personal te ha cambiado tanto la vida?
Sí. De hecho, se ha hecho viral un tweet mío del pasado que decía: «me han echado del trabajo. La mala noticia es que no tengo ni un puto duro y la buena es que tengo tiempo para hacer música». En aquel momento me despidieron del trabajo, luego me partí las dos muñecas, engordé 15 o 20 kilos y no paraba de hacer música porque no podía hacer otra cosa. Aprendí a usar el ratón con la mano izquierda y todo. Y de verme en una situación en la que no tenía dinero y comía pasta todos los días a ahora, de repente, vivir en casa de una amiga de toda la vida con mi manager… Pues he pasado de no tener dinero a no tener casi gastos y sí ingresos, y mi vida económicamente ha dado un cambio brutal.
¿Sientes que la gente te trata diferente desde que has crecido tanto?
Sí, y en parte me gusta. Por ejemplo, me gusta que mis padres ahora se den cuenta de que todo el tiempo que he invertido ha servido para algo. Me han apoyado siempre y de vez en cuando me han dejado dinero cuando me ha hecho falta, porque no tenía manera de conseguirlo. Estaba reventado en casa, me acababan de despedir, tenía los brazos rotos y no podía conseguir un trabajo y, en esos momentos, me tuvieron que ayudar y se lo agradezco de por vida. Ahora, están más orgullosos que nadie. Ya estaban orgullosos antes, porque con la música veían que por primera vez me había centrado en algo. Siempre se me han dado bien las cosas, pero nunca he decidido especializarme al cien por cien en algo y con la música me propuse progresar y ser mejor.
El EP «Ciao!» acabo de consolidarte en la música urbana en España. Temas como «why» fueron increíblemente virales en TikTok. ¿Cómo te relacionas tu con las redes sociales profesional y personalmente? ¿Te condiciona la manera en la que compones?
Sinceramente, conforme vi que iba a empezar el boom con «Rosa&Rojo», decidí hacerme una cuenta secundaria para poder subir mi vida cotidiana sin problemas. Las redes nunca me han gustado en exceso, pero a raíz de verme en TikTok… Realmente no entro ni en TikTok, me lo borré, e Instagram lo uso de rebote. Sí que me meto un poco a ver cómo está la gente, pero lo que es publicar cosas, ni me gusta, ni me ha gustado. Lo hago por trabajo, porque es lo que toca, es la era digital y tienes que ponerte un poco, pero yo preferiría estar al margen. Si no fuera obligatorio, me las borraría.
Yo les estoy súper agradecido a las redes, porque gracias a ellas estoy donde estoy y vivo como vivo, pero a mí personalmente no me gustan, tampoco me descubren nada. Sí que he conocido a gente gracias a ellas y me han traído cosas buenas, pero yo ni siquiera hablo por WhatsApp ni con mis padres, ni con mis amigos… Soy más del cara a cara, de vernos en persona y hablar lo que haga falta, no estar chateando.
A veces me condiciona pensar que no debería decir ciertas cosas por miedo a que la gente me «fune», pero eso no me pasa mientras estoy creando, sino después. A nivel creativo no estoy pensando en eso. Es más a posteriori cuando se me ocurren ideas, como que algo podría funcionar en TikTok, aunque luego casi nunca lo acabo haciendo.
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Cuando el éxito se acelera así, ¿cómo se mantiene la cabeza fría?
Viendo a los colegas de toda la vida, estando en el barrio donde he crecido, no mudándote a Madrid… Yo bajo a mi barrio a comprar el pan y no me para nadie. De hecho, la semana pasada me pararon por primera vez un grupo de chicas que salían del colegio. Yo tengo una vida muy normal, cuando noto los picos de fama es cuando voy a dar un bolo o estoy en un sitio en el que se seguro que me van a reconocer. No me gusta perder esa privacidad que tiene en el ser humano por el hecho de existir.
Me da mucha pereza el mundo del artisteo en general, no sé por qué. Estoy muy a gusto entre chavales normales de barrio que se echan una pachanga y luego hablan de fútbol y juegan a la Play. Es el nicho donde yo me siento cómodo.
¿Te está dando tiempo a disfrutarlo o sientes que aún estás en modo supervivencia?
No me está dando tiempo a disfrutar. Soy muy exigente y, aunque acabe de dar el mejor bolo hasta la fecha, puedo irme enfadado. Durante el concierto me lo paso increíble, pero igual tengo algún problema con el inear y hago como si no pasara nada, y al terminar me enfado. Ese intento constante de mejorar hace que no sea capaz de disfrutar el momento al cien por cien, porque siempre estoy buscando ser mejor que el día anterior. Ha ido todo tan rápido, con tantos trenes, metros y vuelos, que no me ha dado tiempo ni a pararme un día a pensar en lo bonito que es lo que estamos consiguiendo. Me doy cuenta en momentos puntuales, a lo mejor en pleno concierto, cuando miro a la gente, me salgo del personaje por un segundo y vuelvo a mí, y pienso que qué chulo es todo esto, pero no siento que lo disfrute tanto como otra gente que vive de esto.
¿Sientes presión por mantener el nivel ahora que ya hay expectativas reales sobre ti? ¿Cómo gestionas esa exigencia externa e interna?
Siento que el hecho de tener ojos en mí me tiene que hacer, de manera casi obligatoria, evolucionar. Y evolucionar también pasa por cuidar un poco el contenido y no hablar de manera obscena continuamente, hacer un contenido más sólido que le pueda llegar a la gente.
La escena urbana española está en un momento de ebullición constante. ¿Sientes competencia, comunidad o ambas cosas?
Al principio, cuando estaba empezando, sí que sentía cierto tipo de tensiones con algunos grupos de gente, sellos y cosas así. Sentía que hacían todo lo posible por silenciarme. A día de hoy no veo competencia y sí veo amistades. Tengo muchos colegas en la música con los que se puede hablar de cualquier cosa. Tampoco me comparo ni siento que nadie esté compitiendo conmigo.
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En un post de Instagram al acabar la gira te abriste en canal con tus seguidores. ¿Te sientes un impostor pese al éxito?¿Cuándo se amplifica esa sensación?
Cuando me rodeo de gente que comparte la misma profesión que yo. No sé por qué. A mí me sigue pareciendo surrealista que mis temas suenen en discotecas. No me gusta escucharme en ningún lado. Si suena una canción mía, la quito. Alo mejor, no me considero lo suficientemente bueno como la gente me considera. En el pasado sí que tenía una fe desmesurada en mí, pero ahora soy más realista, sé hasta donde puedo llegar. Intento dar lo mejor de mí, pero aunque mil personas me digan que algo es un diez, para mí igual es un cinco.
Me considero una persona muy inestable, tanto mental como emocionalmente, y quizá gracias a eso tengo tanta inspiración y he llegado hasta donde estoy. Hay gente que tiene la mejor voz del mundo y una seguridad increíble, y yo ni siquiera cantaba en la ducha delante de mis padres porque siempre he tenido esa inseguridad de pensar que o lo hago perfecto o no lo hago. Como decía antes, casi todo en la vida se me ha dado bien a la primera, pero la música no, y quizá precisamente por eso he seguido adelante, porque para mí es un reto real.
¿Tienes miedo a que tu música deje de gustar? ¿A no seguir viviendo de esto para siempre? ¿Tienes un plan B?
Sí, sí me lo planteo. De hecho, me gustaría trabajar y tener una floristería o algo así tranquilo, porque siento que te conecta más con la vida real. Yo vivo en una realidad paralela en la que no te hace falta madrugar para cobrar un sueldo, y eso hace que me sienta cada vez más desconectado. Quizás también de la gente o de mis amigos que se levantan por la mañana, se parten el lomo todas las semanas… Y yo, sin comerlo ni beberlo, ya no me hace falta.
Me da miedo el hecho de que me vuelva a hacer falta en algún momento, pero también pienso que si toca, toca. Igual me viene bien, porque cuando más estable mentalmente he estado es cuando he tenido un trabajo normal. Ahora, no tengo motivos por los que madrugar. Es decir, sigo haciendo música, pero no tengo un horario marcado como podía tener en el pasado. Yo creo que te desestabiliza mucho no tener una rutina. Aunque no sea una persona muy fan de las rutinas, considero que a todo el mundo le vienen bien. Y a mí también. Si tengo que trabajar algún día y dejo de gustar a la gente, pues igual me viene bien, me preocupa, pero tampoco tanto.
En esa etapa más complicada antes de «Rosa&Rojo», ¿llegaste a perder las ganas de hacer música?
En mi peor momento no se me quitaron las ganas, sino que me vinieron más fuertes, pues la música era el refugio en el que yo me podía sentir yo mismo, desconectar y ser feliz al 100%. El otro refugio era mi novia. Pero en el momento en el que yo no estaba con ella, me desahogaba con la música.
¿Cómo lograste salir de ese momento?
Yo considero que salir de momentos oscuros es muy complicado y realmente a lo mejor uno nunca acaba de salir del todo, porque siempre queda una sombra. Pero por ejemplo el hecho de económicamente verme bien ayuda, el hecho de saber que tengo a mis padres orgullosos ayuda, el hecho de ver a mis colegas en un show ayuda, el hecho de ver que la gente que ha trabajado conmigo desde el principio cada vez lleva mejor las cosas ayuda… Yo como tal, no noto un cambio brutal, pero alrededor mío sí he notado un cambio ,que es lo que a lo mejor me hace ver las cosas con un prisma más positivo.
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Y ahora, ¿cómo te sientes en este momento? ¿Has conseguido ser el artista que querías ser?
No, estoy muy lejos de ser el artista que quiero ser. A mí me parece que aún soy el 20% de lo que puedo llegar a ser, en el sentido de que yo considero que si trabajo lo suficiente, puedo mejorar tanto vocalmente como a la hora de componer y de producir. Incluso aunque no produzca, podría llegar a hacerlo. También a la hora de tocar instrumentos, porque empecé tocando la guitarra y no sé por qué la dejé a un lado en el momento en el que empecé a hacer música. Considero que he progresado bastante, pero aún me queda mucho camino.
¿Qué nos puedes adelantar del nuevo disco?
El disco va a ser un paso hacia delante. Cuido más la producción para poder plasmarlo mejor en los directos y transmitir mejor de lo que hablan las canciones. Yo creo que el álbum va a tener buena acogida, pero quizá hay gente que se siente decepcionada, porque puede que haya más hits en «Ciao!», pero yo considero que es la mejor música que he hecho hasta ahora.
¿Trabajar desde una etapa más tranquila te ha restado inspiración?
Sí. Para mí ha perdido un poco de magia, ya que yo romantizo mucho la tristeza, la noche y el invierno. En esos momentos en los que me sentía solo abrazaba el grabar y, ahora, tengo menos tiempo y quizás disfruto menos de esas sesiones.
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¿Te ves componiendo durante la gira, entre conciertos? ¿Cómo encuentras el momento para crear?
Me gustaría parar, la verdad, igual me lo planteo para el año que viene. Pero también siento que me desconectaría demasiado. Yo ahora si tengo una gira, me levanto, cojo un tren, luego un avión, luego llego al Airbnb, me voy a comer por ahí… Tengo una vida más allá de quedarme en mi casa sin tener nada que hacer más que música. Si no tengo esos bolos, yo soy un tío muy casero y si no tengo una razón para salir de casa, igual me quedo tres días sin salir. Y si tengo un año sin conciertos, a saber qué es de mí… Igual me viene bien, voy al gimnasio, hago deporte…
Y para terminar, ¿qué le pides a la música?
Yo le doy las gracias, no le puedo pedir nada. Siendo muy optimista, me gustaría que a los treinta y pocos años pudiera retirarme del mundo de la música, tener todo lo que quiero y poder decir que he tenido una vida increíble. Me gustaría entonces dedicarme a tener un huerto, criar a mis hijos y llevar una vida normal. Al final, lo único que le pido a la música es que me permita disfrutar de mi vida en el futuro y cuidar de mis hijos igual que mis padres lo hicieron conmigo.
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