«EUPHORIA» se despide dejando atrás parte de lo que la convirtió en un fenómeno generacional
Rue (Zendaya) afronta las consecuencias de sus decisiones en la tercera y última temporada de «Euphoria», el desenlace definitivo de la serie creada por Sam Levinson
La serie de Sam Levinson regresa con una tercera y última temporada repleta de acción y sorpresas pero sacrificando lo que hizo que nos enamorásemos desde el principio: sus personajes
«Euphoria», uno de los grandes éxitos de HBO se despide dejando atrás parte de lo que la convirtió en un fenómeno generacional
Abrazo a una «Euphoria» que ha abandonado parte de la estética que la llevó a ser todo lo reconocida que es hoy en día. Hubo un momento en el que parecía imposible pensar en este universo sin imaginar luces moradas, sombras azules, purpurina y fiestas que parecían suceder dentro de un videoclip. Después de dos temporadas explotando esa identidad visual tenía sentido buscar algo diferente, pero se tendría que haber mantenido el tono que la hizo destacar de la marabunta de series de este estilo en un primer lugar. En vez de evolucionar, ha perdido parte de su identidad.
Todas las series de adolescentes llegan tarde o temprano al mismo punto: sus personajes crecen. Algunas, como en «Skins», decidieron hacer una temporada final donde mirar hacia el futuro para descubrir cómo han terminado sus protagonistas; otras, como «One Tree Hill», recurrieron a saltos temporales para evitar quedarse atrapadas entre la adolescencia y la vida adulta.
Cassie y Maddy protagonizan algunos de los conflictos más recordados de «Euphoria», aunque su evolución genera debate en la última temporada. Imagen: @euphoria
La serie, que parece estar maldecida por años de retrasos y las muertes de los actores Eric Dune y Angus Cloud, ha cambiado tanto que por momentos parece otra cosa. Gran parte de esta tercera temporada está tan centrada en las guerras entre narcotraficantes y los nuevos personajes que da la sensación de estar viendo un spin-off ambientado en el universo de «Euphoria» en el que, casualmente, aparecen nuestros protagonistas.
Seguimos teniendo sexo, drogas y situaciones extremas, pero hemos perdido algo mucho más importante: que la historia esté verdaderamente al servicio de sus personajes. Antes las drogas servían para entender mejor a Rue. Ahora muchas veces Rue parece existir únicamente para hilar escenas sobre drogas.
Los personajes apenas comparten escenas, viven atrapados en tramas que rara vez se cruzan por lo que se pierde esa comunidad emocional que la convirtió en algo más que un desfile de excesos estilizados. Este universo no funcionaba solo por ser provocadora. Funcionaba porque detrás de cada exceso había una sensibilidad reconocible. Ahora, demasiadas veces, solo quedan los excesos.
Nate Jacobs se enfrenta a las consecuencias de sus decisiones en una temporada que transforma por completo su papel dentro de «Euphoria». Imagen: @euphoria
A partir de aquí toca hablar de por qué ocurre eso y, para hacerlo, es imposible esquivar algunos de los grandes giros de la temporada. Así que si no la has terminado, deja esta pestaña abierta y vuelve en cuanto termines ese octavo capítulo que se vienen SPOILERS.
Rue: el sentido de la caída y una espiritualidad que nunca termina de profundizar
Si hay una trama que todavía consigue sostenerse es la de Rue. No porque sea perfecta, sino porque sigue siendo la única conectada con los temas fundacionales de «Euphoria»: la culpa, la pérdida, la búsqueda de sentido y la imposibilidad de escapar completamente de uno mismo. Gran parte de ese recorrido está atravesado por la fe, uno de los temas más presentes de esta tercera temporada.
Después de años de errores y decepciones acumuladas a los que más quería, busca respuestas en la religión y se aferra a la idea de que la redención todavía es posible. Sobre el papel es un conflicto fascinante. Pero rara vez consigue desarrollarlo con la profundidad que promete, está demasiado ocupada con la guerra que rodea al mundo de la policía y las drogas en el que está involucrada.
Rue sigue siendo el corazón emocional de «Euphoria» en una temporada marcada por la culpa, la pérdida y la búsqueda de redención. Imagen: @euphoria
Seas creyente o no, lo cierto es que el cine y la televisión están llenos de grandes historias alrededor de la religión. Ya sea usando esta a modo de recurso cómico como en «Fleabag» (Phoebe Waller-Bridge, 2016), o con personajes que buscan reconstruirse a través de ella, como Jules (Samuel L. Jackson) recitando el Ezequiel 25:17 en Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994).
Por eso resulta tan frustrante cómo la aborda esta temporada. Si en la primera «Euphoria» la espiritualidad se expresaba a través de imágenes tan potentes como Zendaya y Labrinth convirtiendo la canción «All for Us» en una experiencia casi religiosa, ahora, muchas veces queda reducida a leer la biblia, planos estéticos superficiales y conversaciones con Dios repetitivas.
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Resulta difícil entender por qué la temporada decide depositar tanto peso narrativo sobre Cassie. El personaje de Sydney Sweeney siempre funcionó mejor como reflejo de inseguridades afectivas que como centro del relato. Había algo profundamente humano en su necesidad constante de ser querida. Ahora sin embargo, la serie parece más interesada en convertirla en un icono sexual que en desarrollar al personaje. Y no por falta de talento: «Reality» (Tina Satter, 2023) ya demostró de sobra las capacidades interpretativas de la actriz.
Cassie gana peso narrativo en la temporada final de «Euphoria», una decisión que ha dividido a los seguidores de la serie. Imagen: @euphoria
Lo más extraño es que el protagonismo de Cassie acaba arrastrando consigo a personajes con mucho más peso como Maddy que es una de las favoritas desde el inicio, y queda reducida a un representante que transforma la belleza de otras mujeres en una oportunidad de negocio sin mucho más desarrollo. ¿No había más de donde sacar después de la traición y las grandes escenas que nos dieron en la temporada anterior cuando su mejor amiga empezó salir con su ex novio? ¿No era el personaje de Alexa Demie un gran filón para mostrarnos un personaje que se come el mundo por sí sola?
Maddy Perez (Alexa Demie) regresa en la última temporada de «Euphoria», aunque con menos protagonismo del que muchos seguidores esperaban para uno de los personajes más icónicos de la serie. Imagen: @euphoria
Con Nate —interpretado por Jacob Elordi— ocurre algo parecido. Una de las figuras más inquietantes de «Euphoria» acaba convertido en una caricatura autodestructiva. Deja de ser un manipulador astuto para convertirse en alguien empeñado en tomar la peor decisión posible en cada situación, hasta desembocar en una muerte tan arbitraria que parece escrita para eliminar al personaje y no para cerrar bien su historia.
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Pocas decisiones resultan tan frustrantes como la cantidad de personajes interesantes que esta temporada deja abandonados por el camino. El caso que más duele es el de Jules. Durante las primeras temporadas era una de las almas más fascinantes: curiosa, sensible, contradictoria y capaz de aportar una perspectiva única sobre la identidad, el deseo y la necesidad de ser amada. Era uno de los corazones emocionales de la serie y un personaje que parecía mirar constantemente hacia el futuro. Ahora queda reducida a un apartamento de lujo, una relación con un hombre casado y una sucesión de escenas que apenas permiten reconocer a la persona que fue.
Jules pierde protagonismo en una temporada que deja en segundo plano a algunos de los personajes más queridos de «Euphoria». Imagen: @euphoria
Lexi corre una suerte similar. Después de protagonizar una de las mejores tramas de la segunda temporada, aquí apenas encuentra espacio para desarrollarse. Pero el problema no afecta únicamente a los personajes veteranos.
Bishop aparece con la promesa de convertirse en una de las figuras más interesantes de la temporada por su aura misteriosa y carácter apaciguado y coherente, pero termina siendo un personaje a medio construir que simplemente ha generado todo tipo de teorías en Internet. Luego encontramos nuestrarepresentaciónnacional: Rosalía. Aporta algunos de los momentos más divertidos de la temporada, aunque parece que solo la usan como alivio cómico. Algo parecido ocurre con el personaje de Priscilla Delgado, que consigue adueñarse de toda escena gracias a su carisma, pero su aparición resulta realmente efímera.
Bishop irrumpe en la temporada final de «Euphoria» como uno de los nuevos personajes más intrigantes, aunque su desarrollo termina dejando más preguntas que respuestas. Imagen: @euphoria
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La muerte de Rue es una decisión que funciona porque realmente duele. Queríamos que sobreviviese porque llevamos años sobreviviendo con ella, pero en una serie tan marcada por las consecuencias, un final completamente feliz habría resultado idealista. Esta escena nos lleva a una gran emocionalidad en las visiones que acompañan a Rue en su «ida». Ver de nuevo a su madre y especialmente a Fez resulta profundamente conmovedor. Más que una escena de «Euphoria», parece un homenaje lleno de cariño a Angus Cloud.
Ali (Colman Domingo) mantiene uno de los vínculos más importantes con Rue en el desenlace de «Euphoria». Imagen: @euphoria
Y, sin embargo, algo falla. El mundo que deja atrás. Resulta difícil aceptar que el centro emocional de «Euphoria» durante todo este tiempo desaparezca sin provocar un terremoto mucho mayor entre quienes la rodeaban. A excepción de Ali (Colman Domingo), que, afronta el duelo a través de la venganza como si se hubiera colado en un neo-western. Es excesivo, impulsivo y probablemente una de las decisiones más discutibles de la temporada. Una decisión que el espectador termina aceptando por la trama loca y violenta que nos han introducido durante toda esta temporada.
Quizá por eso el final emociona incluso cuando no termina de funcionar. Porque, aunque esta temporada a veces parezca haberse olvidado de sus personajes, nosotros no. Y es que resulta imposible ignorar lo que la serie ha significado para toda una generación. Durante años marcó una forma de vestir, de hablar y hasta de iluminar una escena. Convirtió a sus actores en estrellas y logró que sus excesos sirvieran para hablar de inseguridades, adicciones, identidad, amor y soledad. Hasta siempre a una de las series adolescentes más importantes de su generación, una que convirtió el caos de crecer en algo inolvidable.