NIROSTA STEEL: el músico que estuvo 40 años escondido y ahora lo está petando
Steven Hall, el músico detrás del proyecto Nirosta Steel, retratado durante sus primeros años en la escena artística neoyorquina. Imagen: @nirosta_steel
Casi nadie sabía quién era Steven Hall hasta hace unas semanas. A los 69 años, este escocés-estadounidense, amigo y colaborador del mítico Arthur Russell, ha publicado «My Skyscraper», una recopilación de cuatro décadas de grabaciones inéditas que Pitchfork ha puntuado con un 9. Analizamos cómo un músico oculto durante 40 años se ha convertido en uno de los fenómenos del año
Nirosta Steel: el músico que pasó 40 años en el anonimato y ahora es uno de los fenómenos del año
El 29 de junio de 2026, el sello Ulyssa publicó «My Skyscraper», un álbum doble de ochenta y tres minutos firmado por Nirosta Steel, el alias de Steven Hall. Hasta ese momento, Hall era poco más que una nota a pie de página en la historia de la músicaexperimental neoyorquina: un nombre que aparecía en los créditos de algunas canciones de Arthur Russell y en las de un grupo tributo. Semanas después, Internet lo trata como el gran descubrimiento del año. El disco, sin embargo, no contiene ni una sola canción nueva escrita para la ocasión: es una recopilación de grabaciones inéditas o revisadas durante cuarenta años, de principios de los ochenta a 2025.
La historia de «My Skyscraper» interesa tanto por la música como por lo que revela sobre cómo funciona hoy el prestigio musical. Que un cantautor de sesenta y nueve años que apenas había publicado nada pase, de la noche a la mañana, a ocupar las listas de lo mejor del año no es un golpe de suerte, sino el producto de una maquinaria concreta: la revalorización póstuma de Arthur Russell, el papel de una nueva generación de artistas como prescriptores y el relato romántico del tesoro oculto. Para entender el fenómeno hay que empezar por el hombre.
Nirosta Steel actuando en directo junto a Arthur Russell, una colaboración clave en la trayectoria de Steven Hall. Imagen: @nirosta_steel
¿Quién es Steven Hall, el hombre detrás de Nirosta Steel,?
Nacido en Escocia en 1957, en un pueblo a las afueras de Glasgow, Hall se mudó a Estados Unidos a los quince años y pronto gravitó hacia el Nueva York que soñaba desde niño. Estudió poesía con Allen Ginsberg, arquitectura en Columbia y budismo en la universidad de Naropa, y acabó viviendo en el legendario Poets’ Building del East Village, el mismo edificio que habitaban Ginsberg, el poeta Larry Fagin y el músico Arthur Russell. Fue Ginsberg quien lo presentó a Russell, y de ese encuentro salió una amistad y una sociedad creativa que duró hasta la muerte de Russell en 1992.
Hall cantó en temas disco de su amigo como «Is It All Over My Face?» y, tras su fallecimiento, formó Arthur’s Landing, un grupo dedicado a revisar su repertorio. Entre medias, llevó una vida trotamundos (Hong Kong, Taiwán, Tailandia, China) que dejó huella en su música, con canciones grabadas en mandarín y tailandés y una fascinación por la música tradicional asiática. Publicó apenas un puñado de discos casi secretos, como «Cool Fire» (grabado en directo en 1999 en una librería de Taipéi), y montó su propio sello, Buddhist Army.
Steven Hall durante una de sus estancias en China, una etapa que influyó en la evolución sonora y cultural de Nirosta Steel. Imagen: @nirosta_steel
El disco: cuarenta años en ochenta y tres minutos
«My Skyscraper» reúne diecisiete piezas que saltan de década en década y de género en género sin previo aviso: disco de terciopelo heredero del Paradise Garage, improvisaciones sobre guitarra punk, sophisti-pop, bocetos minimalistas y hasta ópera de Pekín. Varias canciones existen en múltiples versiones (una folk aquí, una remezcla de club allá), reflejo del método obsesivo de un autor que nunca da una pieza por terminada; el sello las describe como «obras eternamente en proceso». Hay una canción escrita en Bangkok como maqueta para Madonna, «English Party», y una balada a capela, «Grey Boy», compuesta en Hong Kong a partir de la imagen de unos escolares encanecidos por el estrés. El corazón del disco son los veintidós minutos de «Fresh Feeling» y «Special Weakness», grabados hace cuatro décadas en una sola toma con Russell a la batería.
Portada de «Cool Fire», el álbum en directo que Nirosta Steel grabó en Taipéi en 1999 y que años después despertó el interés de una nueva generación de oyentes
Cómo Internet, Bandcamp y el sello Ulyssa rescataron una carrera olvidada
El detonante fue una cadena de casualidades muy propias de la era digital. Un amigo subió a Bandcamp «Cool Fire», el disco de 1999 que Nirosta Steel había reeditado en 2014. Shane Lavers, del proyecto Chanel Beads (uno de los nombres de moda del pop experimental actual), lo descubrió y avisó a Ulyssa, un sello de Indiana. Sus fundadores, Eric Deines y John Williamson, contactaron con Hall, que les envió horas de mezclas acumuladas durante décadas. De todo el material solo incluyó una pieza coescrita con Russell, «Go for the Night». Así, «My Skyscraper» existe porque una infraestructura pequeña pero apasionada se ha vuelto capaz de rescatar y poner en circulación una obra que el mercado tradicional habría dejado enterrada.
Steven Hall, conocido como Nirosta Steel, en una imagen compartida recientemente en su perfil de Instagram. Imagen: @nirosta_steel
La sombra (y el foco) de Arthur Russell
Nada de esto se entiende sin el culto contemporáneo a Arthur Russell. Ignorado en vida, Russell se ha convertido en las últimas dos décadas en una figura venerada gracias a libros, documentales y reediciones, y ese apetito ha creado el terreno donde ahora germina Hall. Durante años él vivió esa relación como una paradoja: a la vez amparado y eclipsado por el genio de su amigo, custodio de su legado a través de Arthur’s Landing pero sin espacio para el suyo propio. «My Skyscraper» invierte por fin los términos y sugiere que Hall no fue un discípulo, sino un igual.
Su valor último, más allá de la anécdota del abuelo del pop que triunfa a los sesenta y nueve, es documental: el disco preserva una sensibilidad queer del Manhattan del downtown (la de los clubes, el deseo nocturno y la libertad previa a la crisis del sida) que casi ha desaparecido. Que suene fuera del tiempo, ni nostálgico ni caduco, es lo que lo convierte en algo más que una curiosidad de archivo.