¿Y tú de qué «team» eres? Los TRIÁNGULOS AMOROSOS más icónicos de la ficción
El triángulo amoroso de «Mi vida con los chicos Walter» vuelve con su tercera temporada. Imagen: @netflixuk
Los triángulos amorosos son nuestra nueva (y vieja) obsesión. Lo vemos en música, en cine y no nos cansamos del drama. En Vanidad te contamos por qué nos encantan con algunas películas y series que querrás ver
Quince años después, seguimos cayendo en los triángulos amorosos (y nos fascina)
En los últimos años parece que ha habido una fiebre —de nuevo— por los triángulos amorosos. Ya nos enganchamos a la pantalla con sagas como «Crepúsculo» en las que nos peleábamos por ser team Edward o team Jacob, y ahora la historia se repite con los nuevos chicos del momento gracias a series como «El verano en que me enamoré» o «Mi vida con los chicos Walter». O no aprendemos —opción posible— o hay algo adictivo en este tipo de historias de amor que tanto nos atrapa una y otra vez. Conocemos la trama, conocemos el clichéy, muy probablemente, sabemos cómo acabará, y aun así, nos quedamos. ¡En Vanidad te explicamos por qué y cuáles son nuestros triángulosamorosos favoritos!
De «Crepúsculo» a «Mi vida con los chicos Walter»: casos que nos dejan huella
1. «Crepúsculo»: uno de los primeros love triangles
Si pensamos en los grandes triángulos amorosos adolescentes de la cultura pop, es imposible no pensar en Bella, Edward y Jacob. La saga «Crepúsculo» fue toda una pionera en plantearnos una elección muy cliché que, en realidad, iba más allá de los propios personajes y nos incitó a jugar al «¿qué prefieres?»: Vampiro o hombre lobo?, ¿amor prohibido o la amistad segura?, ¿intensidad o estabilidad? No es para menos: las relaciones entre los tres protagonistas eran tensión pura y dura —en todos los sentidos— y la química traspasaba la pantalla.
El triángulo amoroso entre Edward, Bella y Jacob marcó «Crepúsculo: Luna Nueva», con Kristen Stewart, Robert Pattinson y Taylor Lautner. Imagen: @geekofnerd
Y en este momento empezó también nuestro papel como meros espectadores: no solo queríamos saber con quién acabaría Bella, sino que nosotras mismas nos vimos en la obligación de elegir a nuestro chico preferido.
De ahí nacieron los míticos team Edward y team Jacob, convirtiendo una historia de amor ficticia en un debate colectivo que quince años más tarde se ha seguido extendiendo a otros romances. Y es que, la verdad sea dicha, fue una de las decisiones más difíciles de la niñez y adolescencia de muchas de nosotras.
2. «Crónicas Vampíricas»: otro triángulo que adoramos
Y hablando de vampiros… «Crepúsculo» no es la única que marcó un antes y un después en nuestras vidas. Elena, Stefan y Damon tampoco nos lo pusieron fácil en «Crónicas vampíricas». En su caso, entre Stefan y Damon Salvatore, no se trataba solo de que Elena decidiese entre dos hermanos, sino entre dos formas muy distintas de entender el amor en una situación de peligro constante.
Elena, Stefan y Damon, protagonistas del triángulo amoroso de «Crónicas vampíricas». Imagen: @thevampirediaries
Elena y Stefan representan, en muchos sentidos, la conexión que llega primero y que parece tenerlo todo para funcionar. Es ese amor reflexivo, sensible y protector que parece más fácil de elegir cuando pensamos en lo que queremos para nuestra vida: alguien que nos cuide, nos respete y nos haga sentir seguras.
Pero Damon, el hermano más impulsivo, provocador e imprevisible, representa esa otra clase de amor que no parece tener demasiado sentido, pero del que es imposible escapar. Con él todo es más intenso: hay tensión, peligro, humor, discusiones y una química innegables.
Y si además, al igual que ocurrió con Kristen Stewart y Robert Pattinson en «Crepúsculo», añadimos que en la vida real Nina Dobrev e Ian Somerhalder —Damon— fueron pareja durante varios años, el fenómeno «Delena» traspasó todavía más la pantalla. La química que veíamos entre los personajes no solo formaba parte de la ficción, sino que se convirtió en un romance más allá de las cámaras que hizo difícil separar la fantasía de la realidad.
3. «El verano en que me enamoré»: el triángulo amoroso de la Gen Z
Y en 2022 llegó la que muchos consideran la hermana pequeña de «Crónicas vampíricas»: «El verano en que me enamoré». Aunque eso sí, esta vez sin seres sobrenaturales. Esta vez eran Belly, Conrad y Jeremiah, pero el dilema volvía a ser el mismo: ¿apostamos por el chico más reservado y complicado o por el que parece más cercano, divertido y fácil de querer? Y sí, de nuevo, dos hermanos.
Belly, Conrad y Jeremiah: el triángulo amoroso que convirtió «El verano en que me enamoré» en una eterna batalla entre «Team Conrad» y «Team Jeremiah». Imagen: @tsitpinfinity
No es casualidad que Taylor Swift, la compositora por excelencia del amor y desamor, ponga banda sonora a muchos de estos dramas sentimentales, lo que para muchos fans es una pista musical sobre cuál es el favorito.
Y, como no, el fenómeno volvió a dividir a los fans. ¿Eresteam Conrad, team Jeremiah o team Belly? Aunque cambiemos los vampiros por una casa de verano, seguimos cayendo en la misma historia porque —de nuevo— lo verdaderamente adictivo no es saber con quién se quedará Belly, sino preguntarnos a quién elegiríamos nosotras.
4. «Mi vida con los chicos Walter»: el triángulo amoroso de ensueño
Si algo demuestra «Mi vida con los chicos Walter» es que este tipo de triángulos no solo no han pasado de moda, sino que siguen funcionando. Jackie llega a Colorado para empezar una vida diferente y acaba, casi sin querer, en medio de otro gran dilema entre hermanos.
El triángulo amoroso de la tercera temporada de «Mi vida con los chicos Walter» vuelve a poner a Jackie entre Alex y Cole. Imagen: @nikkirodriguez
Alex es ese amor más cercano, estable y seguro; y Cole, en cambio, vuelve a ser el chico que complica las cosas: intenso, misterioso, imprevisible y, por supuesto, tremendamente difícil de ignorar. Es decir, la misma elección de siempre con nuevos nombres. Y es que con dos opciones así… ¿Quién puede —y quiere— elegir?
Con el reciente estreno de su tercera temporada, el triángulo vuelve a estar en el centro de la conversación y, con él, los equipos en redes. Podemos cambiar de plataforma, de generación y de protagonistas, pero salta a la vista que seguimos disfrutando de lo mismo: tener dos opciones irresistibles delante y no saber cuál queremos que gane.
Y si ya en el mundo de la música estamos enganchados a los triángulos amorosos con cantantes pop como Olivia Rodrigocon sus letras sobre decisiones amorosas complicadas, «Mi vida con los chicos Walter» no se iba a quedar atrás en usarla como referencia: «bad idea right?» formó parte del soundtrack de esta nueva temporada.
5. «Off Campus»: nuestra última obsesión
Y si pensábamos que los triángulos amorosos eran cosa de vampiros, casas de verano y dramas adolescentes, «Off Campus» llega para demostrarnos que en la universidad tampoco estamos a salvo. Hannah Wells entra en escena con Garrett Graham, el jugador de hockey que parece tenerlo todo para convertirse en el protagonista perfecto de cualquier romance universitario, pero Justin, el cantante que siempre ha sido su mayor crush, también tiene algo que decir. Una vez más, nos encontramos ante dos chicos completamente diferentes y una protagonista en medio de una decisión que, inevitablemente, nos hace posicionarnos. ¿Team Garret o team Justin?
En este caso, Garrett representa esa conexión que empieza casi sin buscarla y termina convirtiéndose en algo mucho más profundo, mientras que Justin encarna ese amor platónico que Hannah lleva toda su vida idealizando y que siempre había pensado que era exactamente lo que quería. «Off Campus» vuelve a jugar con una fórmula que conocemos demasiado bien: elegir entre aquello que siempre habías deseado y alguien que aparece de repente para hacerte replanteártelo todo.
6. «Gossip Girl»: Blair, Chuck y Nate llevaron el triángulo amoroso al Upper East Side
Antes de que empezáramos a elegir entre hermanos, vampiros o jugadores de hockey, el Upper East Side ya nos había obligado a tomar partido. Blair Waldorf parecía tener su futuro perfectamente planeado junto a Nate Archibald: guapos, populares, pertenecientes al mismo círculo y con una relación que, sobre el papel, tenía todos los ingredientes para funcionar. Hasta que apareció Chuck Bass para complicarlo absolutamente todo.
Blair y Nate en «Gossip Girl». Imagen: cortesía de la serie
Si Nate representaba ese primer amor aparentemente perfecto, Chuck era todo lo contrario: imprevisible, intenso y con una relación con Blair construida entre juegos, idas y venidas y muchísima tensión De nuevo, ese chico malo del que hemos hablado en otros casos de triángulos amorosos famosos.
Puede que con los años «Chair» terminase convirtiéndose en una de las parejas más reconocibles de «Gossip Girl», pero durante las primeras temporadas la pregunta estaba ahí: ¿Nate o Chuck?
7. «Emily in Paris» llevó nuestro «¿de qué equipo eres?» hasta París
Ni siquiera cambiar los pasillos del instituto por las calles de París ha conseguido librarnos de nuestra obsesión por los triángulos amorosos. Emily Cooper parecía haber encontrado en Gabriel esa clase de conexión instantánea que sabemos desde el primer capítulo que va a traer problemas.
Él es su vecino, su amigo, su crush y, para complicarlo todavía más, durante buena parte de la historia, el novio de Camille. Pero entonces aparece Alfie y nos plantea exactamente el dilema que tanto nos gusta.
Emily y Alfie en «Emily en París». Imagen: cortesía de la serie
Mientras Gabriel representa ese amor que parece inevitable aunque nunca llegue en el momento adecuado, Alfie se convierte en una alternativa mucho más sencilla: divertido, directo y dispuesto a construir con Emily una relación real. ¡Uno de esos triángulos amorosos donde cuesta elegir!
Emily y Marcello en «Emily en París». Imagen: cortesía de la serie
Pero… a medida que avanza la serie, este triángulo ha resultado convertirse en un cuarteto con la llegada de Marcello, complicando todavía más la situación y la decisión de Emily. ¿Tú con quién te quedarías?
Los arquetipos de personajes que las películas y series nos venden (y compramos sin pensarlo dos veces)
Y es que todo en la magia del cine tiene su truco. ¿Dónde estarían estos éxitos sin crear a los personajes que —además de entrarnos por los ojos— se tienen que ganar nuestros corazones? El secreto está en hacernos elegir entre dos personajes con personalidades completamente opuestas pero, cada uno con su esencia, igual de irresistibles. Cuando se trata de ficción… que empiece el debate.
El cliché por excelencia: chico bueno versus chico malo
Es probablemente el clásico entre los clásicos. El chico bueno, atento, que te cuida, te quiere, te elige y está ahí cuando lo necesitas —al que damos por hecho—, frente a la opción menos racional pero más apasionada que parece traer problemas allá donde va, pero que tiene ese «algo». Es que a ver, si algo nos han contado siempre es que el amor no va de lógica, ¿no? En España el personaje de chico malo nos encanta, ya lo comprobamos con Mario Casas en «A tres metros sobre el cielo», que se convirtió en uno de los grandes referentes de este arquetipo.
De hecho, en «El club de los incomprendidos» volvemos a encontrar este estereotipo con Valeria, Raúl y César. ¡Pero ojo! Esta película es la excepción que confirma la regla —el chico malo no puede ganar siempre—. Aunque da igual cuántos años pasen, que en otras historias románticas como «After» o «A través de mi ventana» el patrón se repite una y otra vez. Y a ver, vamos a intentar lanzar una baza a favor de la ficción: entre la opción sensata y la que promete darnos el mejor drama, las películas siempre saben cuál queremos. Sin chico malo… ¡no hay película!
El amigo de la infancia o el chico nuevo y misterioso
Igual que el anterior, pero la diferencia clave está en cuánto tiempo se conocen los protagonistas. Este clásico lo hemos podido ver en cualquier romance de instituto, y siendo sinceras, ¿quién no se ha enamorado alguna vez del chico popular que te hace sentir especial solo con mirarte? Probablemente esta historia suene familiar para más de una. Dos personas y una sola decisión: ¿Al que conocemos desde siempre, con el que todo es cómodo, fácil y al que creemos que vemos solo como un amigo? O… ¿Al recién llegado que aparece para poner todo patas arriba?
Un ejemplo muy claro lo encontramos en la película que convirtió a Noah Centineo en el galán de Netflix en 2018: «A todos los chicos de los que me enamoré». Lara Jean se debate entre Josh, su amigo y vecino de toda la vida, y Peter Kavinsky, el chico popular del instituto que aparece para poner su mundo del revés.
Ese enfrentamiento entre lo conocido y lo desconocido consigue que dudemos incluso cuando sabemos cuál sería la opción correcta. Pero ya conoces el dicho: «Más vale malo conocido que bueno por conocer». ¿O no?
Y el subgénero en tendencia: ¿Con qué hermano me quedo?
Este probablemente sea el tipo de trama más polémica de todas porque aquí el dilema viene con apellido incluido. Ya no hablamos simplemente de dos chicos que se odian y compiten por el corazón de la protagonista. Son hermanos, lo que añade una dosis extra de tensión, rivalidad y, sobre todo, drama familiar. Lo vimos con Stefan y Damon, volvió con Conrad y Jeremiah en «El verano en que me enamoré» y ahora continúa con Alex y Cole en «Mi vida con los chicos Walter».
El secreto de que esta fórmula funcione tan bien es que no nos obliga a elegir solo entre dos chicos, sino entre dos tipos de amor diferentes. Uno bonito, romántico y seguro que nos da paz, y otro más turbulento, apasionado y probablemente, algo prohibido, que nos hace sentir mariposas. Ahí se revelan nuestros verdaderos gustos y, desde la comodidad del sofá, estamos encantadas de tener que decidir como si fuésemos la prota.
¿Por qué nos engancha y por qué lo buscamos en la ficción?
Bueno, vamos a hablar un poco de la psicología del espectador. Porque si en la vida real lo último que queremos es estar metidas en un drama a tres bandas, ¿por qué nos encanta tanto verlo desde casa? La respuesta está en que la ficción nos permite vivir la adrenalina del amor sin tener que sufrir directamente sus consecuencias. Podemos sentir los nervios, las dudas, los celos, la tensión o la emoción de no saber qué va a pasar sin gestionar realmente ninguno de esos problemas. Y sobra decir que así evadimos un ratito nuestra rutina con una dosis de romance.
Iván, Carol y Marcos protagonizaron uno de los triángulos amorosos más recordados de «El Internado». Imagen: @el_internado.fanss
Además, juegan con la validación. Los triángulos nos hacen vivir el mayor viaje del ego: pensar que dos personas espectaculares orbitan tu mundo y se desviven por ti es un auténtico chute de autoestima. Nos permiten ponernos en la piel de la protagonista e incluso darnos el lujo de decir que lo tendríamos clarísimo en su lugar. Es un poco soñar despiertas: nos proyectamos, imaginamos nuestra elección y hasta terminamos enfadándonos con el personaje por no tomar la decisión que consideramos evidente. ¿Desde cuándo elegir es tan complicado?
El punto es que no nos gustan necesariamente los triángulos. En la vida real no queremos el triángulo; queremos la emoción que provocan. Puede que sea un poco paradójico disfrutar de ver a la protagonista teniendo que decidir entre dos chicos atractivos y opuestos, mientras que, en la vida real si nuestra pareja duda dos segundos entre nosotras y otra persona, seamos las primeras en hacer las maletas. ¿Hipócrita? La respuesta te la dejamos a ti.
La diversión del debate en redes sociales: ¿qué team eres?
Un triángulo amoroso, desde luego, no termina cuando acaba el capítulo. Continúa en TikTok, Instagram, X y en cualquier conversación entre amigas. Muchas lo tienen clarísimo; otras… digamos que no tanto. Elegir bando convierte una historia individual que empieza en la tele en una experiencia de visionado colectiva. Y las propias series saben aprovecharlo: generan contenido, lanzan pistas, juegan con las escenas y, muchas veces, los protagonistas participan dando su propia opinión o alimentando las teorías de los fans.
La verdadera pregunta no es «¿Se puede ser team los dos?» —que también—. La cuestión es si estos triángulos amorosos nos dan algo que nos falta y que, en nuestra vida real, no somos conscientes, en absoluto, de que buscamos. Es más, parece que huimos de ello. Y así es. Escogemos una vida tranquila por encima de los sentimientos, la emoción, la adrenalina o la fantasía de tener dos opciones irresistibles que luchan por ti y poder elegir y actuar sin consecuencias, sin saber qué va a pasar.
Vuelta a la vida real: ¿Realmente queremos vivirlo o es una simple fantasía?
Verlo en plataformas como Netflix o Amazon Prime está muy bien, no lo vamos a negar, y, por supuesto, queremos mil romances clichés más como estos cada año. Pero, ¿somos realmente conscientes de que es una simple fantasía alimentada por el cine o de verdad esperamos esos amores intensos y poco predecibles en nuestras vidas? Está claro que, para gustos colores, pero por mucho cliché que hayan divulgado la cultura cinematográfica y la literatura, a la hora de la verdad la montaña rusa, haznos caso, es justo lo que preferimos evitar por salud mental. La indecisión crónica no es romántica, es una red flag gigante. La toxicidad que en pantalla nos parece «pasión» —peleas, celos, posesividad—, en una relación auténtica se llama inestabilidad emocional. Estar entre dos personas no es «fuegos artificiales con música de Taylor Swift de fondo»; es noches sin dormir, conversaciones incómodas a las tres de la mañana y terapia.
En nuestras relaciones aspiramos a escoger de forma más racional, aunque con sentimientos, a la opción que mejor y más segura nos hace sentir: el amor sano y bonito. La opción atractiva y misteriosa mejor para la fantasía, pues en la vida real estos triángulos son situaciones difícilmente sostenibles, inestables y muy dolorosos. Porque a ver, para dramas amorosos, idealmente, mejor que ocurran solo en la pantalla. Tal vez este tema invita en cierto modo a reflexionar sobre el significado que le atribuimos al amor. Te doy la mayor pista: ¡No es una competición! Ser elegidos no habla del valor propio, ni hay que demostrar nada a nadie, ni ser mejor que otra persona para ser amados y suficientes. Pero bueno en lo platónico un poquito de chispa no hace daño a nadie…