La silla caliente de Balenciaga: de Pierpaolo Piccioli a MARTINE ROSE

La casa fundada por Cristóbal Balenciaga pone fin a la etapa de Pierpaolo Piccioli apenas dieciséis meses después de su incorporación y confía su dirección creativa a Martine Rose. Un movimiento que vuelve a situar sobre la mesa el papel de la rentabilidad en las grandes casas de lujo y la dificultad de construir una identidad creativa cuando los resultados comerciales parecen marcar los tiempos de la moda

El lujo tiene prisa: el nuevo rumbo de Balenciaga, de Pierpaolo Piccioli a Martine Rose

La industria de la moda vuelve a demostrar que la paciencia no es precisamente una de sus virtudes. Apenas dieciséis meses después de asumir la dirección creativa de Balenciaga, Pierpaolo Piccioli abandona la casa. La noticia se hizo oficial ayer 5 de noviembre, cuando Kering comunicó su salida mediante un breve comunicado en el que agradecía al diseñador italiano su contribución a la firma. Apenas 24 horas después, el grupo despejaba las incógnitas sobre su sucesión: Martine Rose será la nueva directora creativa de Balenciaga, convirtiéndose, además, en la primera mujer en ocupar este puesto en los 109 años de historia de la maison.

El movimiento resulta significativo por varios motivos, pero especialmente por el escaso margen que ha tenido Piccioli para desarrollar su propuesta. El diseñador llegó a Balenciaga en julio de 2025, después de una trayectoria de aproximadamente 25 años en Valentino, donde había conseguido construir un lenguaje propio y consolidar una de las etapas creativas más reconocibles de la firma italiana. Su nombramiento se recibió como una oportunidad para recuperar una dimensión más cercana a los orígenes de la casa: la experimentación con los volúmenes, el patronaje, la construcción arquitectónica y, sobre todo, la Alta Costura.

 

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Sin embargo, su recorrido ha terminado antes de que esa nueva dirección pudiera asentarse. Durante su estancia presentó tres colecciones de prêt-à-porter y una de Alta Costura. Un periodo que, en términos de industria, apenas permite establecer las bases de una transformación profunda, especialmente cuando se trata de una firma con una identidad tan reconocible y una herencia creativa tan compleja como Balenciaga.

Otros cambios en el mundo de la moda

La salida de Piccioli tampoco puede entenderse de manera aislada. Se produce en un momento de importantes movimientos dentro de Kering, que durante las últimas semanas también ha anunciado las salidas de Anthony Vaccarello de Saint Laurent y Seán McGirr de Alexander McQueen. Tres cambios en la dirección creativa de algunas de sus principales casas en un contexto en el que el grupo busca recuperar el crecimiento y reforzar la rentabilidad de sus marcas.

Último desfile de Anthony Vaccarello para Saint Laurent, correspondiente a la colección primavera-verano 2027, protagonizada por looks dorados. Imagen: @anthonyvaccarello
Último desfile de Anthony Vaccarello para Saint Laurent, correspondiente a la colección primavera-verano 2027, protagonizada por looks dorados. Imagen: @anthonyvaccarello

Dieciséis meses para cambiar una casa

Cuando Piccioli aterrizó en Balenciaga, el encargo no era precisamente sencillo. Tenía que hacerse cargo de una firma cuya identidad contemporánea estaba profundamente vinculada al trabajo de Demna, responsable de transformar su imagen durante casi una década. El diseñador georgiano había conseguido convertir Balenciaga en uno de los nombres más influyentes de la conversación cultural y estética de los últimos años. Sus propuestas, que mezclaban referencias a la cultura de internet, el uniforme urbano, el lujo, el fetichismo y la estética distópica, consiguieron trasladar la marca mucho más allá de las pasarelas.

Las zapatillas de proporciones exageradas, las siluetas sobredimensionadas, las camisetas gráficas y las colaboraciones con otras marcas terminaron construyendo un universo reconocible incluso para quienes no seguían habitualmente la moda de lujo. Balenciaga dejó de ser únicamente una casa histórica para convertirse en un fenómeno cultural capaz de generar conversación, viralidad y, por supuesto, ventas.

Desfile de la 55.ª colección de Alta Costura de Balenciaga, la única presentada por Pierpaolo Piccioli durante su etapa como director creativo de la maison. Imagen: @pppiccioli
Desfile de la 55.ª colección de Alta Costura de Balenciaga, la única presentada por Pierpaolo Piccioli durante su etapa como director creativo de la maison. Imagen: @pppiccioli

De Demna a Pierpaolo Piccioli: dos visiones de Balenciaga

La marcha de Demna a Gucci en 2025 abrió un interrogante sobre el futuro de la firma. ¿Era posible mantener el interés de una generación que había encontrado en aquella estética una forma de entender el lujo sin continuar reproduciendo sus códigos? La respuesta de Kering fue apostar por Piccioli, un diseñador cuya trayectoria representaba prácticamente el extremo opuesto.

Su trabajo en Valentino había estado marcado por el romanticismo, el color, la artesanía y una aproximación profundamente emocional a la alta costura. Su llegada parecía responder a la necesidad de devolver protagonismo a la dimensión histórica de Balenciaga, recuperando elementos que conectaban directamente con el legado de su fundador. El propio Piccioli había manifestado su admiración por Cristóbal Balenciaga y defendido la importancia de trasladar su legado al presente, en lugar de limitarse a reproducir sus diseños.

Su propuesta buscaba precisamente ese equilibrio: reconocer la herencia de una de las figuras fundamentales de la historia de la moda y, al mismo tiempo, construir una silueta contemporánea. Una dirección que se alejaba del impacto inmediato de Demna para centrarse en la construcción de prendas, los tejidos, los volúmenes y la sofisticación.

Look del desfile primavera-verano 2024 de Balenciaga, diseñado por Demna durante su etapa como director creativo de la maison. Imagen: cortesía de Balenciaga
Look del desfile primavera-verano 2024 de Balenciaga, diseñado por Demna durante su etapa como director creativo de la maison. Imagen: cortesía de Balenciaga

Pierpaolo Piccioli y la presión comercial de Kering

El problema es que una casa de lujo no se transforma únicamente desde el punto de vista creativo. También tiene que responder a las expectativas de un mercado, a los objetivos de crecimiento y a una estructura empresarial que necesita resultados. Y ahí es donde la salida de Piccioli adquiere otra dimensión. Aunque Kering no ha comunicado oficialmente los motivos de su marcha, el contexto económico permite entender parte del escenario. El grupo lleva tiempo intentando revertir una etapa de dificultades comerciales, especialmente marcada por el rendimiento de Gucci. Balenciaga tampoco ha sido ajena a este proceso. Según estimaciones de Morgan Stanley recogidas por Vogue, sus ventas pasaron de aproximadamente 1.650 millones de euros en 2024 a 1.470 millones en 2025.

Look de la colección primavera-verano 2027 de Balenciaga, la última diseñada por Pierpaolo Piccioli como director creativo de la maison. Imagen: cortesía de Balenciaga
Look de la colección primavera-verano 2027 de Balenciaga, la última diseñada por Pierpaolo Piccioli como director creativo de la maison. Imagen: cortesía de Balenciaga

No sería riguroso atribuir directamente la evolución de esas cifras al trabajo de Piccioli, especialmente teniendo en cuenta el poco tiempo que llevaba al frente de la firma. Sin embargo, sí resulta significativo que su salida se produzca dentro de una estrategia empresarial que parece exigir una revisión acelerada de las direcciones creativas. La cuestión es hasta qué punto una marca puede permitirse construir una nueva identidad cuando el tiempo para demostrar su rentabilidad es cada vez más reducido. Si cada diseñador necesita resultados inmediatos, ¿qué espacio queda para la experimentación, la evolución estética o incluso para equivocarse?

Martine Rose y el regreso a los códigos de Demna

La elección de Martine Rose tampoco parece casual. La diseñadora británica conoce Balenciaga desde dentro y, de hecho, ya trabajó para la casa entre 2015 y 2018 como consultora de moda masculina durante la etapa de Demna. Su labor estuvo vinculada a un momento especialmente importante para la construcción de la identidad que posteriormente definiría a la firma.

Aquellos años fueron fundamentales para consolidar una nueva forma de entender el lujo, en la que las referencias a la cultura urbana, las subculturas juveniles y la ropa cotidiana adquirieron un protagonismo que hasta entonces parecía reservado a otros espacios de la industria. Rose participó en ese contexto y conoce los códigos que hicieron de Balenciaga una de las marcas más reconocibles de la última década. Su nombramiento puede interpretarse, por tanto, como un intento de recuperar parte de aquella conexión cultural. No necesariamente para reproducir las colecciones de Demna, sino para volver a situar a Balenciaga en un territorio que conoce especialmente bien.

Look de la colección otoño-invierno 2026 de Martine Rose, con prendas de cuero, abrigo de pelo y botas altas, fotografiado por Pascal Gambarte. Imagen: @martine_rose
Look de la colección otoño-invierno 2026 de Martine Rose, con prendas de cuero, abrigo de pelo y botas altas, fotografiado por Pascal Gambarte. Imagen: @martine_rose

El estilo de Martine Rose: moda urbana, fútbol y cultura rave

Desde que fundó su marca homónima en Londres en 2007, Martine Rose ha desarrollado un lenguaje muy particular. Sus colecciones beben de la cultura rave británica, el fútbol, el reggae, el vestuario de los aficionados al fútbol, las comunidades juveniles y las distintas formas de expresión de la masculinidad. Sus siluetas, frecuentemente exageradas, juegan con las proporciones, los hombros, los pantalones y las prendas deportivas, cuestionando las convenciones tradicionales del vestuario masculino.

Su trabajo también ha conseguido establecer conexiones con públicos que históricamente no siempre se han sentido representados por las grandes casas de lujo. Colaboraciones con Nike y Supreme, así como su relación con figuras de la música y la cultura popular como Kendrick Lamar, Rihanna o A$AP Rocky, han contribuido a consolidar su influencia más allá del circuito habitual de la moda.

Zapatillas rojas de la colaboración entre Martine Rose y Nike, una de las alianzas que reflejan la conexión de la diseñadora británica con la cultura deportiva y urbana. Imagen: @martine_rose
Zapatillas rojas de la colaboración entre Martine Rose y Nike, una de las alianzas que reflejan la conexión de la diseñadora británica con la cultura deportiva y urbana. Imagen: @martine_rose

¿Por qué Kering ha elegido a Martine Rose para Balenciaga?

Es precisamente ahí donde puede encontrarse una de las claves de su elección. Kering ha manifestado su intención de posicionar Balenciaga como una de las marcas capaces de conectar con las nuevas generaciones. Luca de Meo, consejero delegado del grupo, destacó en el comunicado de su nombramiento la conexión de Rose con los públicos jóvenes y su comprensión de la cultura contemporánea.

La operación tiene sentido desde el punto de vista estratégico: recuperar una sensibilidad que ya funcionó para la marca, pero a través de una diseñadora con una identidad propia y una trayectoria consolidada. Además, su experiencia anterior dentro de Balenciaga reduce, al menos sobre el papel, el tiempo necesario para comprender sus códigos y su funcionamiento.

Pero hay otra cuestión interesante: la imagen que actualmente tenemos de Balenciaga no es únicamente la de Cristóbal Balenciaga, sino que el imaginario contemporáneo de la marca está inevitablemente ligado a Demna.

El interrogante de la Alta Costura

Ahora bien, si la llegada de Martine Rose parece una decisión bastante coherente para recuperar esa conexión con la cultura urbana, también abre un interrogante importante sobre el futuro de la alta costura de Balenciaga. Martine Rose, por su parte, ha desarrollado fundamentalmente su trayectoria en el prêt-à-porter, especialmente en la moda masculina. Aunque su trabajo ha evolucionado y ha incorporado propuestas femeninas, no cuenta con una trayectoria previa en la alta costura comparable a la de Piccioli. Esto no significa que no pueda desarrollar una nueva aproximación a ella, pero sí plantea un desafío considerable.

De hecho, una de las grandes incógnitas de su nombramiento será precisamente cómo aborda esta dimensión de la casa. ¿Mantendrá la alta costura como uno de los pilares fundamentales de Balenciaga? ¿La reinterpretará desde su propio lenguaje? ¿O veremos cómo la firma concede un protagonismo todavía mayor al prêt-à-porter, los accesorios y las colaboraciones comerciales? Son preguntas que todavía no tienen respuesta. Lo que sí sabemos es que su responsabilidad no se limitará a trasladar su estética personal a una casa histórica. Tendrá que dirigir todas sus líneas creativas. Un reto especialmente relevante si tenemos en cuenta que Kering también ha señalado su intención de impulsar el negocio de la moda femenina y acelerar el crecimiento de los artículos de piel.

 

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La creatividad tiene fecha de caducidad

Por lo tanto, la salida de Piccioli y la llegada de Martine Rose forman parte de una conversación mucho más amplia sobre el estado actual de la industria del lujo. Durante los últimos años hemos asistido a una sucesión constante de cambios en las direcciones creativas de las grandes casas. Diseñadores que llegan con la responsabilidad de reinventar una marca, recuperar su relevancia cultural y aumentar sus ventas, muchas veces sin disponer del tiempo necesario para desarrollar una visión a largo plazo.

¿Cuánto tiempo necesita un diseñador para transformar una casa de lujo?

La moda siempre ha sido una industria comercial, pero también ha necesitado tiempo para construir movimientos, lenguajes y códigos estéticos. Los grandes diseñadores no han conseguido transformar las casas únicamente porque sus primeras colecciones fueran un éxito inmediato, sino porque han podido desarrollar una visión reconocible a través de varias temporadas. Hoy, sin embargo, parece que esa continuidad empieza a convertirse en un lujo que pocas marcas están dispuestas a permitirse.

Balenciaga, entre su legado creativo y las exigencias del mercado

El caso de Balenciaga resulta especialmente ilustrativo. Piccioli llegó con la misión de recuperar una dimensión histórica y artesanal que parecía haberse quedado en segundo plano. Su sucesora llega con el encargo de volver a conectar con una sensibilidad urbana y cultural que la marca ya había convertido en uno de sus principales motores comerciales.

Dos aproximaciones creativas diferentes, ambas perfectamente legítimas, pero que parecen responder a dos necesidades empresariales distintas. Primero, recuperar el legado; después, recuperar al consumidor. Quizá el problema no esté en que las marcas quieran vender, porque evidentemente siguen siendo empresas, sino en que cada vez parece existir menos margen para que una propuesta creativa se desarrolle sin tener que demostrar inmediatamente su rentabilidad. Ahora, Martine Rose tiene por delante la oportunidad de demostrar que puede construir algo más que una vuelta a los códigos que hicieron triunfar a Demna. Y, sobre todo, si todavía está dispuesta a darle tiempo a alguien para averiguarlo.

Eneko Méndez @enekomndez

Imágenes: Instagram

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