Alba Galocha es una de las protagonistas de nuestro número de Primavera, donde nos habla su transición de modelo a actriz…
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Alba Galocha es una de las protagonistas de nuestro número de Primavera, donde nos habla su transición de modelo a actriz…


Alba Galocha, uno de nuestros rostros más carismáticos, se adentra en el cine y algo nos dice que será para largo.
Hablamos con ella de trabajo, feminismo y sueños por cumplir.
Hay algo en Alba que te obliga a observarla, algo de esa tradición de actrices españolas de mirada intensa casi infantil y rostro menudo, como Ángela Molina o Victoria Abril. Girls next door que no lo son, ni mucho menos, en la realidad.
Aunque da sus primeros pasos en el cine, se diferencia de sus compañeras más jóvenes en la seguridad pausada y el dominio de sí misma que posee, y de otras modelos que han probado suerte en la gran pantalla en la curiosidad sincera que demuestra por su nuevo oficio.
Al fin y al cabo, como empieza contándome, la de actriz “siempre ha sido una profesión que me ha inspirado mucho respeto y que me parecía muy complicada.” Por eso, y pese a la práctica ante la cámara con la que ya contaba, no dudó en realizar varios cursos de interpretación.
“Sobre todo para ver si era lo que realmente me gustaba y si era capaz de jugar con las emociones,” o lo que es lo mismo, dar un paso más con los personajes en los que se transformaba en cada shooting.
“Hoy en día hago más sesiones de fotos como Alba Galocha, pero como modelo la herramienta es tu cuerpo y te conviertes en otra persona.”
En las clases, además de confirmar su intuición, descubrió algo inesperado. “No sabía que tenía tanta imaginación, pero te pones a trabajar y te das cuenta de que con la mente puedes crear cualquier cosa, eso es algo muy bonito. Como escuché decir a Viggo Mortensen: el mejor viaje posible es el que se realiza con la imaginación.”
Y para viaje metafórico el que ha hecho ella en poco más de un año desde que a finales de 2015, tras acudir a su primer casting –para Plan de fuga de Iñaki Dorronsoro, la película que presentará esta primavera en el Festival de Cine de Málaga– la ofreciesen una segunda prueba, en el mismo día, para un pequeño personaje en el último proyecto de Alejandro Rodríguez. Un dos por uno redondo que le ha permitido entrar por la puerta grande en la que ya siente como su nueva casa. “Rodar es una maravilla, se crea mucha familia, te sientes parte de un gran equipo.”
Y es que El hombre de las mil caras, además de contar con uno de los directores más aclamados del cine español contemporáneo, le dio la oportunidad de compartir escena con Eduard Fernández, protagonista de la historia. “Es increíble, el actor más orgánico que he conocido, trabajando con él todo resulta tan fácil.” En un plano algo más efímero, si se quiere, ya conoce también lo que es una intensa promoción –la parte de su nuevo trabajo “que más se parece a la moda”– con estreno incluido por todo lo alto en el festival de San Sebastián.
Ocasión en la que aprovechó para derrochar estilo y frescura sobre la alfombra roja (y fuera de ella) con looks nada previsibles y muy personales de Carven, Courrèges –dos firmas eminentemente francesas con las que mantiene una privilegiada relación que se remonta a su etapa parisina–, o Loewe.
Redacción Vanidad – @vanidad
Camiseta y zapatos de Gucci, pantalones de Sandro, collar y pulsera de Elsa Peretti para Tiffany & Co.