“La idea de tocar estas canciones de nuevo me rondaba en la cabeza desde hacía algún tiempo. Hicimos algunos conciertos en los que había un set de media hora con ellas y vimos que funcionaba. Así que, un día, en casa, me dije: te sabes las canciones, suenan bastante bien, están reeditando los discos, y ya hace 20 años de todo aquello así que, ¿por qué no probar a tocarlas en un escenario?”. Este es el único argumento que encuentra Dean Wareham para justificar la gira europea que le ha llevado a interpretar de nuevo los temas de Galaxie 500, unas canciones que ya forman parte de la historia del rock y de la educación sentimental de muchos de los que crecieron en los 90. La gira no sólo es una buena excusa para recuperar la peripecia del trío formado por el propio Wareham (Guitarra y voces), Naomi Yang (Bajo) y Damon Krukowski (Batería), sino también para rememorar, sin demasiada nostalgia, un tiempo en el que bandas minúsculas, productores excéntricos y discográficas imposibles intentaban abrirse camino en un mundo donde Internet era cosa de ciencia–ficción y la todopoderosa industria del disco dominaba la constelación pop. “Conocí a Damon en 1977, éramos compañeros de clase en el instituto. En la universidad formamos un grupo, Speedy and the Castanets, el típico grupo cutre de punk que montas cuando eres un chaval. Fue también en la universidad donde conocimos a Naomi, quien que se convertiría en su novia hasta la actualidad. A esa edad, los grupos de la nueva ola británica y de la escena punk eran muy importantes para mí. Grupos como los Clash o los Buzzcocks fueron decisivos en Galaxie 500. Aunque nadie los menciona -y no es una influencia tan obvia como pueda ser la de la Velvet Underground- son clave en el sonido del grupo”. “Al finalizar la universidad, pasé un par de años fuera y a mi regreso, Damon, Naomi y yo decidimos volver a tocar juntos. Formamos Galaxie 500 durante unas vacaciones de verano de 1987 en Nueva York. Cuando volvimos a Boston dimos algunos conciertos y grabamos varias maquetas. En la ciudad había una escena punk y hardcore muy activa en aquella época, con bandas que ahora llamaríamos grunge. Podías grabar cosas muy sencillas y conseguir bastante atención de las radios universitarias”. En ese clima de efervescencia que, más adelante, culminaría con el asalto de Nirvana a las listas de éxitos, Galaxie 500 no hubiese despuntado de no ser por el excéntrico productor Mark Kramer, figura clave del underground neoyorquino y miembro de bandas como Butthole Surfers, Shockabilly o Half Japanese. “En Nueva York, habíamos tenido ocasión de ver en directo a Shockabilly, el grupo de Kramer, así que fue uno de los primeros nombres que se nos vinieron a la cabeza cuando decidimos grabar el primer single. Todos los grupos de Boston sonaban a lo mismo, grababan en los mismos estudios y trabajaban con los mismos técnicos. Nosotros decidimos hacer algo diferente y nos fuimos al estudio de Kramer, Noise New York. Costaba 35 dólares la hora”. “Antes de entrar en Noise New York no teníamos un sonido especial. Kramer tenía una manera muy particular de grabar. Tenía sólo una unidad de reverb pero la utilizaba en todo: voces, guitarras, percusiones y batería. Grababa verdaderamente rápido, tocaba en algunas canciones… Hacía todo lo que se supone que debe hacer un buen productor y tenía ideas realmente excepcionales”. A los heterodoxos métodos de Kramer se unía la mentalidad de los propios Galaxie 500, muy deudora del movimiento punk y de la filosofía del do-it-yourself (DIY). Una manera de entender la música carente de pretensiones y ajena a las convenciones defendidas por la industria discográfica en aquel momento. “En el sonido de los Galaxie 500 también influyó mucho el hecho de que ninguno de los tres sabíamos muy bien cómo tocar. Antes de formar parte del grupo, apenas había dado ocho clases de guitarra pero probaba cosas nuevas tocando por mi cuenta en mi habitación. Damon y Naomi hacían lo mismo. No éramos lo que se dice grandes músicos, ni muy técnicos, pero cuando tocábamos juntos lográbamos algo especial”. “Cuando salió nuestro primer álbum - ‘Tugboat’ (Aurora, 1988)- nadie le prestó demasiada atención pero había gente en Nueva York, San Francisco o Chicago que estaba pendiente de lo que hacíamos… Empezamos a tocar en varias ciudades y a tener un grupo de seguidores”. Las bendiciones de Thurston Moore de Sonic Youth, quien no dudó en saludar “Tugboat” como el mejor disco de guitarras de 1988, venían a corroborar el estatus de Galaxie 500 como objeto de deseo en la escena independiente a ambos lados del Atlántico. “Empezamos a grabar las canciones que luego formarían parte de ‘On Fire’. Una discográfica independiente nos dio algo de dinero para grabar unas maquetas. Querían lanzar nuestro segundo elepé. Nos metimos en el estudio pero nos llamó Rough Trade. No lo dudamos, era la discográfica de grupos como The Smiths. Es en esta época cuando se nos presentó la ocasión de dar conciertos por toda Europa”. “Después del lanzamiento de ‘On Fire’ (Rough Trade, 1989) me mudé a Nueva York con mi novia, mientras Damon y Naomi se quedaban en Boston. En aquel momento, no me estaba haciendo rico pero me pude permitir dejar el trabajo que tenía en una oficina. No estábamos viviendo como estrellas de rock pero empezamos a vislumbrar la posibilidad de dedicarnos por completo a la música. Era bastante emocionante poder hacer algo así”. Sin embargo, el trío no estaba preparado para asumir un crecimiento tan rápido ni, posiblemente, la distinta evolución vital y estética de sus miembros. La vibrante inmediatez rockera de Wareham no encontraba la réplica adecuada en la bohemia ensoñación de Damon y Naomi, quienes ejercían de hecho el papel de ideólogos de la banda. “En diciembre de 1990, cuando estábamos de gira con el tercer disco - ‘This Is Our Music’ (Rough Trade, 1990)- un pensamiento apareció con fuerza en mi mente: ‘No quiero seguir haciendo esto el resto de mi vida. Se pueden decir muchas cosas sobre el final de Galaxie 500 pero creo que la principal es que, cuando estás en un grupo en el que hay una pareja, es muy difícil que funcione como una democracia. En cierta medida es una situación en la que te sientes como un niño que vive con sus padres”. Veinte años después de la ruptura, no es exagerado calificar a Galaxie 500 como un grupo de leyenda. Dean Wareham ha logrado un notable reconocimiento como estilista del rock tanto con Luna como con Dean & Britta, mientras Damon and Naomi siguen siendo figuras reverenciadas en el submundo alternativo. Por supuesto, la magia primigenia queda muy lejos aunque, en contadas ocasiones, podamos recuperar alguno de los destellos de aquella galaxia que hoy parece tan distante. “Estos conciertos son lo más cerca que podrán estar los fans de recuperar todo aquello. No creo que volvamos a reunirnos. A veces pienso que hay algo triste en eso pero, por otro lado, todo cambia, la gente cambia… Nadie sigue en el mismo trabajo durante veinte años, aunque sea más habitual hacerlo en el mundo del rock and roll. Si nos reuniésemos, volverían a surgir los mismos problemas. Mira a la Velvet Underground, se reunieron y se volvieron a separar por las mismas razones que treinta años antes”. Por Karpov Shelby. Fotografías de Ren Rox. La entrevista a Dean Wareham se realizó durante la gira de conciertos que organizó Houston Party. ‘Dean Wareham tocando las canciones de Galaxie 500’ forma parte del festival Primavera Sound, en Barcelona. Más info en www.primaverasound.com

También te puede interesar