El trabajo de David Douard es tan heterodoxo como su manera de producir: él no coge un kilo de arcilla y moldea una escultura, ni crea un molde para rellenarlo de bronce o algún otro metal, ni tampoco coge brocha y pintura y espera a que las musas le visiten. El artista francés se pasa horas vagando por la calle en busca de materiales que puedan servirle de inspiración, pilar o complemento de una de sus instalaciones. Y ese mismo trabajo lo repite en la pantalla, cuando escribe o busca textos de otras personas que le sirven de motor para realizar obras que aúnan escultura, instalación, música, cine y poesía.

¿Y no es esto un reflejo perfecto de la sociedad en la que vivimos, que recibe estímulos constantes por todas partes y en todos los formatos? El caos reina, pero en él sobrevivimos e, incluso, florecemos.

UN'FOLD, 2023

 

DAVID DOUARD. El texto como fuente de energía

Tu trabajo se basa en textos anónimos e ideas que encuentras online. ¿Cuánto tiempo dirías que pasas explorando Internet?

Diría que dedico tanto tiempo a Internet como al que paso charlando con amigos u observando el mundo exterior. Me gusta tratar las cosas de manera igualitaria, de hecho, esa es una dimensión importante de mi trabajo.

Recuerdo haber descubierto cosas muy interesantes en diferentes blogs, especialmente cuando Tumblr apenas comenzaba a despegar; en aquel entonces, Internet todavía era un lugar anónimo. ¿Cuáles son tus primeros recuerdos de descubrir Internet y sus posibilidades, y cómo ha evolucionado tu uso a lo largo del tiempo?

Para mi generación, Internet ha tenido una influencia enorme, ha cambiado las cosas por completo. Somos la primera generación confrontada con Internet, y tuvo un fuerte impacto en mi adolescencia. Crecí en el sur de Francia, en el campo, en un vivero donde mi padre cultivaba flores. Recuerdo pasar mucho tiempo frente al televisor, usando la pantalla como vía de escape.

Con la llegada de Internet, vi los medios de comunicación como un medio con el que podía interactuar. Podía convertirme en un actor al publicar contenido online, y me encontraba con otros usuarios de la red. Fue más tarde cuando me di cuenta de que usar los medios de comunicación como forma de expresión, en lugar de seguir pasivamente programas de televisión, podía ser político. 

Solías formar parte de la escena del graffiti. ¿Cómo crees que ese pasado ha influenciado el trabajo que haces hoy? 

La calle ofrecía un espacio de juego que me sacaba de un molde en la que no encajaba. Me gustaba el graffiti como estilo de vida y como una forma de reclamar el espacio urbano. Hay fuerza en esta práctica. Asumir el control del espacio público nos da una percepción completamente diferente del mundo, sabiendo que podemos cambiar las reglas y existir sin conformarnos con las normas.

Además, el lenguaje me inspira, y creo que retorcerlo cambia las reglas de nuestra sociedad. Me encantaba también la idea de vagar, de que las palabras embrujen o encanten las ciudades de algún modo sin expresar nunca nada específico. Es una preciosa manera de existir, y hace que el espacio urbano sea subjetivo. Siempre he pensado que el graffiti es romántico. 

Retrato de David Douard, 2024

 

Puede que ya no trabajes en el espacio público, pero aún exploras las calles en busca de materiales. ¿Podrías contarnos más sobre ese proceso? ¿Cómo seleccionas lo que es «bueno» o «malo», qué conservas y qué descartas, etc.?

Selecciono muchas cosas que podrían considerarse desechos, cosas sin valor, pero me parece más interesante crear con objetos aleatorios. La intuición siempre es una buena aliada. Me gusta vivir de forma sencilla. Vagar sin rumbo lleva a encuentros sorprendentes que estimulan mi imaginación.

Como mencionaba antes, me alimento de fuentes llamadas digitales, pero estoy convencido de que solo existen en relación con una fuente material. Esta interacción entre las dos me lleva a crear objetos, que son el resultado de este encuentro imposible. A través de la magia del pensamiento, se vuelven tangibles y habitan el espacio.

Piensa en los muebles, por ejemplo, que son la base de nuestras vidas. Me interesan porque definen un cuerpo ausente. A menudo trabajo con la idea de presencia. Me gusta que la gente sienta que mis objetos tienen alma. La calle muchas veces me proporciona los adornos adecuados, aquellos que todos usamos y que me permiten aclarar mi intención. Dicho esto, también me gustan los objetos híbridos, cuando ya no hay puntos de referencia. Me fascina el poder de la imaginación como una forma de corrupción de la realidad, como una matriz que escupe lo que nuestra sociedad reprime. 

Aunque muchos de tus trabajos parten de textos y poemas que encuentras en línea, me gustaría saber cómo los equilibras con tu propia escritura. 

Hace poco me he dado cuenta de que puedo escribir sin que nadie sepa que soy el autor. Al escribir anónimamente en blogs, he podido crear un contexto en torno al lenguaje en mi trabajo que pone en segundo plano el estatus del autor, lo cual es muy significativo para mí. El uso del lenguaje en el graffiti me recuerda esto también.

Lo importante no es lo que está escrito en la pared, sino la pared misma. ¿Por qué esta pared y por qué se renueva constantemente con la escritura? Lo que más me gusta es el flujo. La escritura ya no sigue el pensamiento; lo que importan son los fragmentos dispersos. La escritura cobra sentido por sí misma. La prosa pasa a un segundo plano y, de alguna manera, se conceptualiza. 

Por curiosidad, además de las frases/garabatos/textos en tu trabajo, ¿escribes algo más privado o personal como un diario, por ejemplo?  

Sí. Escribo todos los días y también tomo fotografías, pero no uso este material en mi trabajo. Prefiero esta idea reciente de «avatarización», un punto de vista compartido. Por ejemplo, a veces leo un poema y hago una conexión con mis intuiciones.

Como escultor, decido usar ese poema de diferentes maneras hasta que se agota, para hacerlo mío a través del material inerte (ya sea yeso, por ejemplo, o cualquier otro). Veo el texto como una fuente de energía.

SLO’GROw»compromise kick 2, 2024

 

Creas instalaciones envolventes con sonido, luces, escultura, película, etc. ¿Podrías darnos algunas ideas sobre tu proceso creativo? ¿Comienzas desde una escultura y construyes todo el entorno a su alrededor, o cambia dependiendo del trabajo?

Es como un baile. Me gusta hacer las cosas por mi cuenta en el estudio y sé que encuentro respuestas mientras las hago. Mi punto de partida suele ser mi intuición, que está arraigada en una realidad bastante banal sobre la condición del mundo que me rodea. A menudo me repito a mí mismo que no tengo el poder suficiente para arreglar el mundo, así que dejo que este sentimiento derive en lo que llamo mi imaginación. El camino generalmente toma forma por sí solo. Dejo que las intuiciones se pongan en su lugar y muchas veces me alejo del tema principal. Me resulta conveniente, ya que me resisto al significado. 

Siento que el mundo en el que vivimos hace las cosas muy pulcras. Un pensamiento errante o a la deriva no es menos real ni está menos arraigado en este mundo. Confío en mí mismo y creo mi propio universo, que es una respuesta a lo que está sucediendo a través de mi cuerpo y mi mente en el presente. Una cosa que sé es que estoy constantemente produciendo y nunca dejo que el mundo me aplaste. Para mí, hacer cosas es un acto de resistencia más allá de si tienen éxito o fracasan. 

Creo en la energía. La parte de mi proceso artístico relacionado con las instalaciones es la creación de sistemas autónomos a partir de la intuición, en el sentido de que existen estructuras rígidas junto a cosas frágiles. Me gusta la sensación de que lo que nos constriñe en el espacio urbano puede ser también un elemento que actúa como protector en mi trabajo, por ejemplo.

Hablando de eso, el espacio es muy importante en tu trabajo; eres capaz de transformar el no-espacio de una galería de arte, el cubo blanco habitual que pretende ser lo más impersonal y neutral posible. ¿Cómo es tu relación con el espacio?

Me di cuenta muy temprano de que el cubo blanco conlleva una cierta autoridad con la que hay que jugar. No soy ingenuo y si a veces acentúo los espacios urbanos restrictivos, es para corromper y jugar con el marco establecido, creando así una relación poética. Siempre he amado los espacios intersticiales, los espacios «chatarra» y las áreas suburbanas. Me inspiran para crear nuevos espacios. A menudo deslizo un objeto en un espacio estrecho donde alguien puede preguntarse si ese objeto debería o incluso si tiene derecho a estar allí. Es un sentimiento que aprecio, y también me permite eliminar el aspecto sagrado del objeto para darle una presencia más auténtica. 

Mi relación con el espacio a menudo me lleva a pensar en lugares domésticos conectados con el espacio público. Esto se relaciona con mis comentarios anteriores sobre el uso de la calle con el graffiti. Me gusta cuando las cosas que nos constriñen se ven afectadas y son vistas de manera diferente por el espectador. Pienso en el espacio en conexión con lo digital como algo tangible. Me he inspirado en los centros de datos como lugares fantasmales en las ciudades, aunque están tan presentes en nuestra vida diaria. Trabajo mucho con esta idea de la «fisicalidad» de lo digital. 

Eso me hace pensar en tu estudio pero también en tu casa. ¿De qué manera son similares o diferentes entre sí? Por ejemplo, imagino que el estudio está lleno de objetos encontrados en la calle, pero supongo que la casa no lo está. 

Sí, mi estudio es un caos en el que me gusta estar. Lo veo como un gran y lento sistema digestivo donde los objetos que llamo «mártires de su función» pasan por un baño de ácido y son escupidos en otra forma, lo más subjetiva posible. O al menos eso es lo que quiero. En cuanto a mi apartamento, no tiene nada que ver con el caos. El caos está más presente en mi sueño (risas).

SLO’GROw»compromise kick 1, 2024

 

Has participado en la feria de arte más antigua y renombrada de Madrid, ARCO. ¿Podrías contarnos un poco más sobre las dos piezas que has exhibido? 

He presentado una escultura creada para la exposición «Optimized Heart» en el Centro de Arte Contemporáneo UCCA, China, en 2023. Es un ensamblaje antropomórfico de caras que se funden en un entorno que es a la vez urbano y doméstico. Las caras de esta pieza son importantes porque las creé yo mismo. Para mí, representan avatares, máscaras, posibles dobles, bajo los cuales podemos actuar de manera anónima. El proceso técnico de esta pieza comenzó con una impresora 3D y terminó con un trabajo de fundición realizado en mi estudio. Quería fundir el aluminio yo mismo, que es un material que aún llamaría «mártir». Se utiliza en la producción industrial, pero aquí quería corromper el proceso derritiéndolo yo mismo y escupiéndolo en una forma alterada.

Lo que me interesaba era ver cómo la cara se fusionaba con la máscara, tomando diferentes expresiones con cada colada. La imperfección de este proceso me permitió deslizar un afecto en cada colada, como si las personas detrás del avatar estuvieran volviendo a emerger. Para mí, es una pieza sobre herramientas tecnológicas y el proceso industrial omnipresente. Se trata de cómo las ingerimos y cómo el pensamiento y el afecto se convierten en uno con ellas. 

Hay un proceso de investigación largo y completo detrás de tu obra que abarca la poesía, la ciencia, la tecnología, la cultura pop y más. ¿Hay espacio para la improvisación en tu arte? ¿Y en tu vida?

Siempre estoy improvisando ¡y me encanta! Me resisto a la seriedad y a la estrechez de miras. Me gusta jugar con todo, y es una ambivalencia fuerte de mi personalidad jugar con seriedad. Me interesa cuando la investigación se encuentra con un objeto sin sentido, y juntos bailan lo suficiente para que el espectador sienta algo y quiera bailar también. He descubierto una gran parte de mi cultura a través de algunas obras de arte que son el resultado tanto de un pensamiento preciso como de una mente abierta. Esto me fascina. 

A menudo me digo a mí mismo que el arte es simplemente un transmisor de energía, y que no hay nada de serio en ello. Lo que cuenta es la vida que lo rodea y el espacio que dejamos para la emancipación del pensamiento, que sea lo más amplio posible para que podamos ver mejor. Todo esto con mucha gentileza y, de vez en cuando, cierta impulsividad, que no hace daño en estos días.

Retrato de David Douard, 2024 

 

Lo digital y lo físico están volviéndose cada vez más inseparables. Por ejemplo, pienso en las nuevas Vision Pro de Apple. ¿De qué manera crees que esta fusión de dos realidades distintas afecta en tu trabajo? ¿Y a ti personalmente?

Como he mencionado, los pongo en el mismo nivel. Esto implica cierta corrupción, una mutación, que me lleva a ser menos juicioso sobre las nociones del bien y el mal. Veo que el mundo está cambiando, y eso tiene mucho sentido.

Me interesa el hecho de que estemos más interconectados y que tengamos acceso a tanta información. Me fascina lo que es visible y lo que no lo es.

Estoy trabajando en proyectos en torno al concepto del metaverso, el control de nuestros sueños y cómo simplemente hacer la vista gorda puede ser visto como político hoy en día. Es un work in progress, aún no se ha ni materializado en el estudio.

Hemos hablado mucho sobre el mundo online, así que me gustaría centrarme en el offline. ¿Qué es lo que más valoras de tu tiempo fuera de la pantalla y de Internet? ¿Cómo te relajas y tomas un descanso de todo eso?

Es precisamente la tendencia de esta generación de cambiar lo que me interesa. En un momento en el que hemos acumulado tantas imágenes y enfoques sobre muchos temas, una nueva generación está interviniendo y decidiendo repensar la capacidad de la imaginación para crear imágenes, de una manera más efectiva que el mundo virtual o la inteligencia artificial. Esto me fascina porque veo mucho de positivo en la idea de regresar a la imaginación como una forma de emancipación.

Esto se relaciona con mis comentarios anteriores sobre el equilibrio que necesitamos crear para sobrevivir en una realidad que a veces vemos demasiado, y que es difícil no impregnarse de ella. El juego de encendido y apagado (on/off) me inspira, ya que siempre me ha gustado ver formas tanto de compromiso como de desvinculación. Lo veo como una contracorriente productiva.

 

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Texto: Arnau Salvadó @arnaumauvais

Fotografías: Cortesía del artista y de Galería Chantal Crousel, París ©Jiayun Deng

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