Desde elii entienden que la arquitectura se enfrenta a un desafío ecológico crucial y ello, supone, entre otras cosas, repensar nuestras prácticas y disciplinas. Para hacerlo, en sus proyectos apuestan por buscar soluciones a los nuevos requerimientos que el ritmo y la forma de vida de la sociedad actual -diversa y cambiante- demandan, jugándoselo todo a la cotidianidad.  

Retrato de los miembros de elii

 

ELII. Una jugada maestra

Me gustaría empezar preguntándoos: ¿qué es elii y cómo describiríais lo que hacéis?

elii es una oficina de arquitectura cuya práctica profesional se extiende al campo de la docencia (en distintas universidades, como la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, ETSAM; la École Polytechnique Fédérale de Lausanne, EPFL o Columbia University in the City of New York) y la investigación. Siempre hemos trabajado en estos tres campos en paralelo. Los unos se nutren de los otros. 

¿Cuál era vuestra visión de la arquitectura cuando empezasteis y cómo la veis ahora?

Como estudio, empezamos poco antes de que estallasen las sucesivas crisis. Algo que ha caracterizado siempre nuestra práctica, precisamente porque, desde muy pronto, tuvimos que aprender a «surfear» las crisis (económicas, ecológicas…), ha sido afrontar los proyectos a partir de una aproximación muy estratégica. Dedicamos tiempo a analizar las limitaciones, las condiciones, las normativas, los desafíos, los intereses, los compromisos, las economías, las repercusiones, las implicaciones medioambientales, etc., para determinar cuál es la estrategia más adecuada en cada caso.

Desde el principio, entendimos que la arquitectura se enfrenta a un desafío ecológico crucial y ello supone, entre otras cosas, repensar nuestras prácticas y disciplinas. No sabemos si este paradigma ecológico inédito ha cambiado nuestra visión de la arquitectura, pero sí la ha hecho más compleja.

106 · Øki, Madrid, 2019

 

¿Recordáis algún proyecto en especial que haya marcado un antes y un después en vuestra forma de entender la arquitectura? 

Es difícil responder a esta pregunta porque en todo este tiempo hemos abordado proyectos de diferente envergadura y escala, desde la metropolitana a la microbiana, pasando por la edificatoria, lo que hace que cada experiencia haya sido un aprendizaje. Quizá uno de los casos que cambió nuestra manera de entender el espacio público y las capacidades del arte y la arquitectura para activar el ecosistema urbano fue «MadxMad, estrategia urbana para el Festival Veranos de la Villa».

Durante las cuatro ediciones en las que trabajamos en este proyecto como parte de un equipo intradisciplinar, empezamos a pensar en la idea del «urbanismo fantasma»: una forma de operar desde lo efímero para intervenir tanto en el espacio físico como en el de los imaginarios. En este proyecto entendimos, de primera mano, que los imaginarios también son materiales arquitectónicos, tanto como los son un ladrillo o un impermeabilizante.

Una idea sobre la que reflexionamos últimamente y que estamos testando en varios de los proyectos en los que estamos inmersos ahora, es la de entender un detalle constructivo como un «contrato ecológico». En términos ecológicos, cada prescripción técnica, cada línea en las mediciones, cada dibujo en los planos, cada componente material, no sólo construyen ese espacio en particular, sino que, además, determinan, a la vez, otros espacios futuros.

De alguna manera, en los detalles constructivos de nuestros proyectos se condicionan y, a menudo, comprometen el hábitat, las maneras de vivir y los derechos de las generaciones futuras. Es como si estuvieses proyectando (al menos) dos proyectos a la vez: el presente y el futuro. Esto puede sonar muy pesado, pero nos gusta pensar que el reto ecológico al que se enfrenta nuestra generación pasa por abordar estos problemas desde el deseo: imaginando otros futuros posibles, sexis y deseables.

¿En qué trabajos recientes creéis que se ve mejor reflejada esta idea?

Estamos a punto de empezar la construcción de una vivienda que trabaja con esta idea de «contrato ecológico».

En gran parte de vuestros trabajos, el diseño y la ejecución se desarrollan a partir de la composición de diferentes saberes y disciplinas. ¿Cómo llegáis a extender vuestra práctica en el campo de la docencia y la investigación y por qué? 

Nuestra disciplina es una práctica que no se puede separar de la sociedad. Y, en un tiempo que cambia tanto y tan rápido, la arquitectura necesita actualizarse de manera permanente. Nos preocupamos por mantener actualizados nuestros conocimientos técnicos y nuestras herramientas y por comprender cuáles son los desafíos, los modos de habitar, los medios de comunicación contemporáneos. Por eso, siempre tenemos en marcha ciertas investigaciones en paralelo a los proyectos.

La universidad es un sitio alucinante para componer saberes y poner a prueba las preguntas que nos preocupan. Es un gimnasio intelectual exigente que nos mantiene en forma, donde no solo enseñamos, sino que seguimos aprendiendo de la mano de las nuevas generaciones.

093 · Save The Children, Madrid, 2016-2018

 

Entendéis los proyectos en los que intervenís como lugares emocionantes, deseables, así como espacios transformables y flexibles. ¿Cómo los trabajáis para lograr cumplir estos adjetivos?

A menudo se asocia la flexibilidad con la optimización (cosa importante, en un momento donde el m2 está disparado). Pero, más allá de esta condición económica, lo que nos parece más relevante de un espacio flexible es que permita a sus habitantes ensayar cómo quieren vivir. Un lugar transformable te permite probar, jugar, experimentar contigo mismo, con tu vida, con las maneras de relacionarte con otros... y es justo esta condición experimental la que nos interesa de la flexibilidad. Una vez una persona, al visitar Didomestic, nos dijo: «yo no podría vivir en una casa que cambia todo el rato», pero que algo sea transformable, no implica que tengas que estar cambiándolo todo el rato…

Lo positivo de un espacio de este tipo es que, cuando quieras cambiar, el espacio te acompañe y te ayude a indagar, a redefinir tu cotidianidad. Nos gusta llamar a estos proyectos «teatros domésticos» o «cajas negras domésticas» (en alusión a las cajas negras de los espacios escénicos). Las cajas negras escénicas son sitios fascinantes, ya que están equipados para activar cualquier ficción, para hacer aparecer cualquier lugar a partir de sus recursos escenográficos. Su potencial espacial es inmenso. Por ello nos gusta entender estos lugares como «teatros domésticos», como lugares para «ensayar» tus guiones de vida.

Algo que se repite en todos vuestros trabajos es la implicación en la búsqueda de soluciones alternativas a las formas de habitar preestablecidas. ¿Cómo definiríais nuestro actual modelo de ocupación? ¿Desvaría mucho de la impresión que tuvimos de los espacios domésticos durante y tras la pandemia?

La pandemia no hizo sino confirmar todas estas ideas que llevábamos tiempo ensayando en distintos proyectos. De la noche a la mañana, nuestras casas tuvieron que adaptarse para ser oficina, hospital, pista de baile, lugar de encuentros virtuales, espacio para cultivar, gimnasio… Todos comprobamos la importancia de un espacio adaptable.

De alguna manera, la ciudad se coló (más aún si cabe) dentro de nuestros espacios domésticos. Sabíamos que la idea de que la vivienda es un espacio «interior» separado del «exterior» era un mito, pero, durante esos meses, lo experimentamos de manera radical.  

097 · Yogijen Poketto, Madrid, 2017

 

¿Cuáles son, para vosotros, las principales soluciones con las que generar nuevas formas de acercamiento a la realidad?

Hay dos temas en tu pregunta que nos dan qué pensar. El primero, es la idea de «solución». En nuestra experiencia, hay una cierta limitación al pensar las cosas solo desde las lógicas de la solución. Obviamente, la arquitectura tiene que solucionar problemas, pero también tiene que ayudar a comprenderlos. Muchos de los problemas actuales requieren ser estudiados y discutidos de manera detenida y, para muchos de ellos, todavía no tenemos las soluciones o, si son muy complejos, no podemos saber de primeras cuáles son las soluciones más adecuadas.

Cuando se piensa (exclusivamente) a partir de soluciones, se suele atender solo a aquellos problemas que se pueden solucionar. Un ejemplo de esto son las «smart cities». En muchas ocasiones, estas se pensaron para solucionar los problemas «solucionables», desatendiendo otros problemas que requieren ser debatidos y puestos en común. 

El otro tema es la idea de «nuevo». Los problemas contemporáneos necesitan inventarse nuevas formas de acercarse a la realidad, pero también rescatar o, al menos, no descontar, muchas otras formas de conocimiento que a veces no parecen tan novedosas pero que no dejan de ser campos de experimentación muy fructíferos. 

En una entrevista aseguráis que se tiende a identificar lo cotidiano con algo banal, pero el mundo ordinario tiene una dimensión enormemente creativa en la manera en la que interactúa con las distintas situaciones del día a día. ¿Qué es lo que más os interesa de la cotidianidad?

El día a día es una especie de coreografía de rutinas e improvisaciones. En cada momento, estamos tomando decisiones, negociando con el espacio… Visto así, la arquitectura es como el «campo de juegos» en el que (nos) jugamos el día a día y, nuestras acciones, las «jugadas» en las que «apostamos» nuestra cotidianidad.

Aunque no se les suele dar valor, todas esas acciones pasan por interpretar el espacio y eso requiere de altas dosis de creatividad. Hasta el diseño más ordinario juega un papel crucial en nuestras vidas. Nos interesa mucho el trabajo de Sociología Ordinaria.

¿En qué elementos del día a día soléis encontrar inspiración?

La verdad es que no creemos mucho en la idea de inspiración, nos parece demasiado romántica... Nuestra forma de trabajo se parece más a investigar, ensayar, hacer pruebas, testar, explorar situaciones deseables... 

067 · Didomestic, Madrid, 2013

 

Precisamente vuestra obra «Yojigen Poketto» fue seleccionada como uno de los 20 espacios domésticos más visionarios de los últimos 100 años en la exposición «Home Stories 100 Years, 20 Visionary Interiors», en el Vitra Design Museum, Weil am Rhein (2020). ¿Qué estrategias utilizasteis para resolver la reforma? ¿Dónde creéis que está la clave de su éxito?

La estrategia en este proyecto es algo distinto a otros espacios transformables que hemos hecho. Aunque también tiene algunos elementos móviles que amplían sus posibilidades de uso y almacenamiento, hay otra condición que lo hace singular: su escala ambigua.

Su espacio principal no es ni muy pequeño ni muy grande, ni muy alto ni muy bajo. Esta indeterminación permite desplegar diferentes situaciones domésticas en un mismo espacio, precisamente porque su configuración es muy abierta. Digamos que, si en los otros espacios transformables, todo cambiaba para que todo pudiera cambiar, en este caso, (casi) nada cambia para que todo pueda cambiar.

Asimismo, habéis sido galardonados con el «Golden Prize en los Holcim Awards for Sustainable Construction» 2023 por el proyecto «Infinito Delicias», desarrollado junto a Husos Arquitecturas y Ultrazul. ¿Qué supone este reconocimiento para elii?

No podemos estar más felices. No solo porque es probablemente el premio más prestigioso de construcción sostenible a nivel internacional, sino también porque los Holcim Awards son muy exigentes.

Durante todo el proceso, examinan de manera detallada cada sistema, cada rincón, cada pormenor de la propuesta. Llevamos trabajando cinco años en el proyecto «Infinito Delicias», una iniciativa promovida y financiada por la Fundación Daniel y Nina Carasso que está apostando muy fuerte para crear un espacio único en Madrid que responda a muchos de los desafíos ecológicos contemporáneos más urgentes.

Se trata de un trabajo muy coral. Por eso, para poder diseñar un espacio cultural y de innovación para la alimentación sostenible, el arte ciudadano y el emprendimiento social como este, trabajamos en un equipo múltiple de codiseño que incluye, desde a la propia fundación a arquitectos, gestores culturales, expertos en innovación social, modelo económico, bioclimática, botánica, instalaciones, estructuras, arquitectura técnica, inmobiliaria, etc. La obra está en marcha. Es muy emocionante. 

142 · Still Remains, Madrid, 2023

 

Hablemos de uno de vuestros últimos proyectos, «Still Remains», realizado junto al artista Orkan Telhan para «Apuntes para un tiempo aparte» (MNCARS). ¿Qué fue lo más desafiante de concebir esta instalación?

Con Orkan Telhan llevamos colaborando desde 2018 en distintos proyectos que nos gusta llamar «arquitecturas para microorganismos». Su trabajo nos parece de lo más relevante. Con él hemos aprendido (desde mucho antes de la pandemia por Covid-19) a pensar el mundo desde el punto de vista de los microorganismos.

Con «Still Remains» comprobamos las implicaciones que conlleva introducir elementos «vivos» en una estructura tan estricta y reglada como un museo tan importante como este.

¿Algo más que podáis contarnos? ¿Dónde podremos seguiros la pista este 2024?

Aparte de las obras en marcha, tenemos el honor de formar parte de la exposición «Wet Dreams», comisariada por Marina Otero, dentro de «MAYRIT 2024. Bienal de Diseño y Arquitectura», en CentroCentro, en Madrid. También estaremos involucrados en la itinerancia «Foodscapes», el Pabellón de España de la pasada Bienal de Venecia, comisariada por Eduardo Castillo y Manuel Ocaña, en la que participamos con una investigación en formato película que desarrollamos junto a la artista María Jerez.

 

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Texto: Anna Alarcón @_annalarcon

Fotografía: ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero) y Manuel Monteserín

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