¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que ‘somos lo que comemos’? La nutrición es una pieza clave para la salud y el bienestar y cuidar qué comemos y cómo lo hacemos, es crucial para llevar un estilo de vida sano. Sin embargo, la preocupación excesiva por ello puede conducirnos al seguimiento de dietas que perjudican más de lo que benefician. Si a este objetivo de vida saludable se le suman otros como perder peso o ganar musculatura, el resultado puede ser la incursión en dietas nocivas que resultan contraproducentes a la hora de lograr el objetivo inicial.

En los últimos años, uno de los métodos más sonados es del ayuno intermitente, donde el foco no está tanto en qué comemos sino en cuándo lo hacemos. Esta práctica es cada vez más habitual por su capacidad de adaptación a los diferentes modelos de vida. Pero, ¿en qué consiste exactamente el ayuno intermitente?

Leticia Carrera, directora técnica de los Centros Felicidad Carrera y especialista en Bioquímica y Nutrición define el ayuno intermitente como “un modelo nutricional que consiste en realizar ciclos regulares de ayuno y alimentación”. La clave de este método radica una organización de las comidas en la que la ingesta de alimentos se suspende en un intervalo de entre 12 y 16 horas diarias. En palabras de la nutricionista Ana Albarsanz: “el ayuno intermitente no es una dieta, sino un estilo de alimentación y de vida marcado por unos horarios”.

Leticia Carrera

 

Aunque a priori pueda resultar complicado de poner en práctica, parte de su éxito radica en su adaptación a las diferentes rutinas. Profesionales como Ana Albarsanz recomiendan el modelo de ayuno 16:8 (16 horas de ayuno y 8 de ingesta) con la ventana de alimentación comprendida entre las 10 y las 18 horas en función de los ciclos de luz por los que se rige nuestra biología. Además, en esta opción muchas de las horas de ayuno se pasan durmiendo, por lo que se hace más llevadera. Pero no es la única que existe.

Como explica Leticia Carrera, otra de las opciones más populares es el modelo 5:2, que consiste en llevar una alimentación normal durante 5 días y pasar 2 a base de infusiones, caldos o consomés que no superen las 500 kcal en mujeres y las 600 kcal en hombres.

Gracias a su flexibilidad, el ayuno intermitente puede aplicarse a casi cualquier persona, siempre y cuando no se tengan patologías previas. Además, y aunque sea fácil de seguir, lo ideal a la hora de poner en práctica este modelo de vida es recurrir a la supervisión de un profesional de la salud.

En manos de un nutricionista, llevar el ayuno intermitente de forma equilibrada y saludable será más sencillo y lograremos obtener más beneficios para nuestro cuerpo. Entre ellos se encuentran “controlar la sensación de apetito y la tensión arterial, mejorar el resto de nuestros hábitos, y fortalecer los músculos en lugar de acumular grasa”, detalla Leticia Carrera. Pero no solo eso, sino que al limitar las ingestas a las horas de luz, favorecemos la depuración de los órganos que se produce por la noche y, con ello, logramos un mejor funcionamiento del cuerpo, como aclara Ana Albarsanz.

Ana Albarsanz

 

Entre sus múltiples cualidades se encuentra el beneficio extra que supone para quienes busque bajar de peso. En un periodo de entre 10 y 16 horas de ayuno el cuerpo transforma la grasa en energía, estimulando así la pérdida de peso, por lo que este método se vuelve cada vez más común en personas que pretenden mejorar su salud y, a la vez, perder algunos kilos. Sin embargo, como advierte la nutricionista, “el ayuno intermitente no se debe tomar como un método compensatorio, incluso en las horas de ingesta debe continuarse con una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable, sino no se alcanzarán ninguno de los dos objetivos”.

A fin de cuentas, el propósito principal de este estilo de vida no es otro que mejorar los hábitos alimenticios que perpetuamos en nuestro día a día para hacernos sentir mejor. Así que ambas profesionales coinciden en que la clave del ayuno intermitente está, además del control horario, en incorporar a nuestra dieta los alimentos naturales y frescos, huyendo todo lo posible de aquellos ultra procesados o excesivamente grasos o azucarados.

A diferencia de otras dietas más restrictivas como puede ser la ‘dieta del guerrero’, no recomendada por profesionales por su dureza y extremismo, con este método es posible crearse una dinámica de alimentación y de vida saludable y beneficiosa en numerosos aspectos. Por eso, ambas expertas en Nutrición nos advierten de la relevancia de amoldar este estilo a las necesidades de cada persona, a ser posible bajo supervisión profesional, y cuidar especialmente que nuestros hábitos se acerquen cada vez más a lo natural y, por ende, lo que más favorecerá al organismo.

El ayuno intermitente es una forma sencilla y eficaz de cambiar nuestras costumbres alimentarias e introducirnos poco a poco en el mens sana in corpore sano. El cuerpo es el hogar que habitaremos de por vida, y hacer de él un lugar reconfortante está únicamente en la mano de cada uno. No solo somos lo que comemos, también somos los hábitos y relaciones que forjamos para con la comida, y tanto esta dieta como cualquier otra, debe perseguir principalmente el propósito de hacernos sentir bien con nosotros mismos a través de mejorar nuestra salud.

 

Elena Romero: @elenar_vargas

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