La 98ª edición de los Premios Oscar se celebrará el 15 de marzo de 2026 en el Dolby Theatre de Los Ángeles, con el anuncio de nominados previsto para el 22 de enero. Antes de ese momento clave, la Academia de Hollywood publica cada año sus shortlists: listas preliminares que funcionan como primer gran filtro y que determinan qué películas siguen realmente vivas en la carrera. Aparecer en ellas no garantiza una nominación, pero sí sitúa a los títulos en la conversación profesional que decide el resultado final. En ese contexto, que una película española entre en la shortlist ya es una noticia relevante. Que lo haga en cinco categorías distintas (Mejor Película Internacional, Sonido, Fotografía, Banda Sonora Original y Casting) es algo excepcional y apunta a un cambio de escala. «Sirât», dirigida por Oliver Laxe, no está funcionando únicamente como «la candidatura española» en el carril habitual de la Academia, sino como un título que empieza a leerse en Hollywood desde el lenguaje de la autoría… y desde el músculo técnico.
La foto completa es importante: la Academia anunció el 16 de diciembre su preselección oficial y ahí «Sirât» aparece repetida, confirmando que su recorrido no depende solo del relato cultural (cine europeo, Cannes, prestigio de festival), sino de lo que en «Oscarland» suele pesar de verdad: oficio visible, decisiones formales claras y una identidad estética reconocible. En el tablero de 2026, eso la coloca en un lugar poco frecuente para el cine español.

«Sirât» de Oliver Laxe, preseleccionada en 5 categorías para los Oscar 2026
1. De Mejor Película Internacional a «película total»: cuando el Oscar empieza a premiar la forma
Durante años, el recorrido del cine español hacia los Oscar fue bastante previsible: competir en la categoría de Mejor Película Internacional y, en el mejor de los casos, obtener visibilidad simbólica más que un verdadero reconocimiento industrial. «Sirât» rompe ese marco al aparecer en varias categorías técnicas que cuentan otra historia. Su presencia en fotografía, sonido y banda sonora original indica que la película no está siendo leída solo como representante cultural de un país, sino como una obra valorada por cómo está construida.
El trabajo de Mauro Hercer en la fotografía, de Laia Casanovas en el diseño sonoro y la banda sonora techno de Kangding Ray sitúan a «Sirât» en un terreno donde el Oscar suele detectar personalidad formal y riesgo creativo. Son categorías que rara vez acogen películas «correctas» o neutras: suelen señalar propuestas con una identidad estética clara y decisiones formales reconocibles. En ese sentido, la película de Oliver Laxe encaja con un cambio perceptible en el gusto de la industria estadounidense, cada vez más abierta al cine de autor europeo y menos interesada en productos pulidos pero inofensivos. Que «Sirât» esté ahí no es casualidad: es la señal de que el Oscar empieza a mirar la forma con la misma atención que el discurso.

2. Neon y la internacionalización 2.0: ya no basta con una buena película, hace falta una campaña con relato
Detrás del recorrido internacional de «Sirât» hay un actor clave que explica buena parte de su visibilidad en Estados Unidos: Neon. Para quien no esté familiarizado con la industria, Neon es una distribuidora independiente norteamericana especializada en cine de autor internacional, pero con una particularidad decisiva: no trata estas películas como «cine extranjero de nicho», sino como eventos culturales con ambición mainstream dentro del circuito de premios. Fue la compañía que llevó «Parásitos» hasta el Oscar, que convirtió «Anatomía de una caída» en fenómeno crítico y que ha sabido posicionar títulos radicales en el centro de la conversación hollywoodiense. Su trabajo no se limita al estreno: construye un relato a largo plazo a través de festivales, pases estratégicos, prensa especializada y un calendario de galas que mantiene viva la película durante toda la temporada.
Este modelo marca una diferencia clara respecto a cómo llegaron antes cineastas españoles como Pedro Almodóvar o J. A. Bayona. Almodóvar alcanzó el Oscar desde una autoría ya consolidada y reconocida internacionalmente, con una marca personal que precedía a cada estreno; Bayona lo hizo desde el puente industrial entre España y Hollywood, apoyado en grandes producciones y estudios. «Sirât», en cambio, se inscribe en una lógica más contemporánea: la del cine europeo de riesgo que, sin renunciar a su identidad, aprende a jugar el juego completo del mercado global. No depende solo del prestigio artístico ni del tamaño industrial, sino de una estrategia que entiende cómo se construye hoy el valor cultural de una película. Esa es, quizá, la señal más clara de que el cine español está entrando en una nueva fase internacional.

3. Cannes como pasaporte, pero también como sello estético: el «cine-rito» vuelve a cotizar
«Sirât» salió de Cannes con el Premio del Jurado y, desde ahí, ha construido un aura: la de película que se vive como experiencia. En un mercado saturado de estrenos y franquicias, lo que se distingue no es solo «una buena historia», sino un dispositivo sensorial: textura, ritmo, trance, atmósfera. Aquí entra también un dato: Laxe expande el universo de «Sirât» al terreno cultural con una instalación en el Reina Sofía («Hu/Bailad como si nadie os viera»), conectando cine, museo y performance. Eso coloca la película en un lugar contemporáneo: el de obra que no se agota en la sala, que se puede «visitar»y comentar.
4. La categoría de Casting y el «factor realidad»: cuando el riesgo de elección se vuelve prestigio
La nominación en Casting (categoría reciente) es especialmente reveladora porque habla de una tendencia: la búsqueda de verdad escénica. En «Sirât» el reparto está compuesto en gran parte por raveros reales no profesionales, y eso tiene doble lectura. Por un lado, es una decisión estética: la película quiere una energía concreta, cuerpos y miradas que no suenen a «interpretación». Por otro, es una decisión cultural: conecta con una sensibilidad actual que valora lo híbrido (ficción con pulso documental, realismo sucio, autenticidad). Que la Academia lo destaque sugiere que este tipo de casting (más cercano a escena, comunidad y subcultura que a star system) empieza a contar como valor artístico, no como rareza. En pleno 2026, eso es casi un statement: la «verdad» también es producción.

5. El «momento español» no es solo un título: es continuidad, industria y conversación global
Para que esto sea «un nuevo momento» y no un pico aislado, hace falta contexto. El antecedente cercano que se menciona es «La sociedad de la nieve» (J. A. Bayona), que también llegó lejos en la temporada y demostró que España puede competir cuando combina ambición, acabado técnico y relato exportable. «Sirât» opera desde otro lugar (más autoral, más radical), pero coincide en algo esencial: ya no parece una excepción folclórica, sino una pieza que encaja en la conversación internacional. Y ahí entra el dato que termina de redondear el marco: no solo está «Sirât». En esa misma shortlist aparece también el corto de animación español «El fantasma de la quinta» (con la voz de Maribel Verdú), y en Internacional compite «Belén» (Argentina), lo que refuerza una idea: el cine en español está entrando en el circuito no como invitado puntual, sino como presencia recurrente, diversa y con discursos distintos.

Marta España @mdmovidas
Imágenes: ©Quim Vives, cortesía de Movistar +