La excusa perfecta para reunir al grupo. Un fin de semana para desconectar (y reconectar) entre viñedos, brindis y conversaciones
La Rioja es el destino perfecto para pasar el fin de semana. Imagen: cortesía de la Bodega Hacienda López de Haro
La Rioja es el destino perfecto para pasar el fin de semana. Imagen: cortesía de la Bodega Hacienda López de Haro
La excusa perfecta para reunir al grupo. Un fin de semana para desconectar (y reconectar) entre viñedos, brindis y conversaciones
Mayo tiene ese punto exacto en el que todo invita a escaparse: la luz es más suave, el aire huele a primavera y los planes empiezan a girar en torno a terrazas, brindis y conversaciones que se alargan sin prisa. Es el momento perfecto para organizar una escapada con amigas —de esas que no necesitan demasiada planificación, pero sí buenos escenarios— y hay un destino que lo pone especialmente fácil: La Rioja.
Aquí, el ritmo cambia sin esfuerzo y los días se llenan de pequeños momentos que terminan siendo los mejores: paisajes que invitan a parar, planes que surgen sobre la marcha y esa sensación de desconexión que solo aparece cuando todo fluye. Una escapada pensada para disfrutar sin horarios, reconectar y dejar que cada brindis marque el siguiente plan.
El vino aquí no es solo un plan, es parte del paisaje. Está en las conversaciones que empiezan sin prisa, en las mesas que se alargan y en cada brindis. En La Rioja, todo gira en torno a esa cultura de disfrutar despacio, de saborear cada momento y de convertir cualquier instante en algo especial.
Ubicada en San Vicente de la Sonsierra, en plena Rioja Alta, la bodega Hacienda López de Haro se levanta sobre una loma rodeada de viñedos que miran al Ebro y a la sierra del Toloño, un enclave clave para entender por qué esta zona es considerada la milla de oro de la uva Tempranillo. Aquí el vino no se explica solo en sala: se recorre, se pisa y se contextualiza en un paisaje donde se lleva cultivando la vid desde hace más de dos mil años.

Más allá de la típica visita, las experiencias están pensadas para meterte de lleno en la cultura del vino: desde rutas por viñedos y enclaves históricos en 4×4 hasta paseos a pie donde entender cómo el suelo y el clima marcan cada copa. Incluso hay propuestas más inmersivas donde puedes catar directamente de los depósitos o vivir una vendimia desde dentro si vas en temporada.
Todo termina como debería: con una cata bien guiada, algo de picoteo y la sensación de haber entendido —sin tecnicismos— por qué en La Rioja el vino no es solo algo que se bebe, sino algo que se vive.

Después de días de vino, risas y kilómetros entre viñedos, el cuerpo pide parar. Y aquí es donde entra uno de esos planes que elevan la escapada: un spa donde todo gira —otra vez— en torno a la uva, pero desde otro lugar.
El Spa Vinothérapie Caudalie propone tratamientos basados en las propiedades antioxidantes de la vid, convirtiendo el vino en experiencia sensorial: exfoliantes como el Crush Cabernet Scrub, faciales icónicos o rituales completos que van mucho más allá de un simple masaje. Todo sucede en un entorno pensado para desconectar de verdad, con luz suave, madera, piedra y ese silencio que se agradece después de un día intenso.

La experiencia no se queda solo en cabina: piscina climatizada, baño de hidromasaje, baño de barril o sala de vapor completan un circuito que invita a pasar horas sin mirar el reloj. Es ese tipo de plan que no necesitas justificar demasiado: simplemente apetece.
Si hay un lugar donde entender de verdad el arte de tapear en La Rioja, es aquí. La Calle Laurel —y sus alrededores— no se recorre: se vive a base de paradas cortas, barras llenas y esa dinámica tan suya de ir de bar en bar probando solo una cosa en cada sitio… aunque nunca sea solo una.

El plan es sencillo y funciona siempre: copa de vino en mano, grupo de amigas y dejarse llevar. Porque aquí cada bar tiene su especialidad y la gracia está precisamente en eso, en ir encadenando pequeños hits gastronómicos. Empieza, por ejemplo, en Bar Soriano con sus míticos champiñones a la plancha coronados con gamba —probablemente uno de los pinchos más famosos de la ciudad—. Sigue en Bar Ángel, donde la única decisión es cuántos champis más vas a pedir (porque sí, aquí también son protagonistas).

Para algo más contundente, Bar Lorenzo donde los pinchos son obligatorios, y en La Tavina puedes hacer una pausa un poco más tranquila con vinos por copas y una propuesta algo más gastronómica. Y si el cuerpo pide algo diferente, mezcla tradición y guiños modernos sin perder el espíritu de la zona.
Más que un sitio concreto, lo que engancha de Laurel es el ambiente: calles llenas, gente entrando y saliendo, risas, ruido de platos y esa sensación constante de que siempre queda un bar más por descubrir. No hay orden correcto ni ruta perfecta, y precisamente ahí está la gracia.

Porque al final, este plan no va solo de comer bien (que también), sino de alargar la noche sin darte cuenta, de brindar sin motivo y de convertir cada parada en una excusa para quedarte un poco más.
En definitiva, una escapada a La Rioja en abril se convierte en el plan perfecto para reconectar con amigas entre paisajes que invitan a bajar el ritmo, experiencias que giran en torno al vino y momentos que fluyen sin necesidad de organizar demasiado. Desde descubrir rincones únicos como Hacienda López de Haro hasta dejarse llevar por el ambiente de la Calle Laurel, todo suma para crear un fin de semana donde lo importante no es el plan en sí, sino compartirlo.
Laura Lorenzo Santos @laura_lorenzoo
Imágenes: cortesía de los establecimientos
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