RABANNE ante su próximo gran salto: de Paco Rabanne al incierto futuro tras la salida de Julien Dossena

Trece años después de asumir el control creativo de una casa que parecía vivir más de sus perfumes que de su moda, Julien Dossena abandona Rabanne. Su marcha cierra uno de los procesos de transformación más exitosos de la moda contemporánea y abre una nueva pregunta: ¿qué viene ahora para una firma que lleva seis décadas adelantándose al futuro?

Julien Dossena deja Rabanne tras trece años al frente de la firma

La industria de la moda vive de los cambios de dirección creativa, pero algunos tienen más peso que otros. La noticia de la salida de Julien Dossena de Rabanne, anunciada ayer 24 de junio, pertenece a esa categoría. Esto se debe a que no se trata simplemente de un diseñador que deja una marca, sino del hombre que consiguió devolver relevancia cultural a una casa histórica que durante años pareció condenada a vivir de su legado y de sus fragancias.

 

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Y el movimiento no es menor. Tras trece años al frente de la firma, Dossena deja una marca muy distinta a la que encontró en 2013. Más grande, más visible, más deseada y, sobre todo, más conectada con una nueva generación de consumidores. Su sucesor aún no ha sido anunciado oficialmente, aunque en las últimas horas diversos medios especializados y fuentes de la industria han situado a Olivier Rousteing entre los nombres que más fuerza han cobrado en las conversaciones del sector. Nada está confirmado, pero el rumor refleja la importancia del momento que atraviesa la Maison. Aun así para entender por qué este relevo genera tanta expectación conviene volver al principio.

Françoise Hardy convirtió los vestidos metálicos de Paco Rabanne en uno de los grandes iconos de la moda del siglo XX. Imagen: @70sarchives
Françoise Hardy convirtió los vestidos metálicos de Paco Rabanne en uno de los grandes iconos de la moda del siglo XX. Imagen: @70sarchives

Paco Rabanne: el español que quiso vestir el futuro

Paco Rabanne, nacido Francisco Rabaneda Cuervo (País Vasco) en 1934, creció entre España y Francia tras el exilio de su familia durante la Guerra Civil. Su formación, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, no llegó al diseño desde la costura tradicional. Se formó en arquitectura y comenzó diseñando accesorios y joyería para distintas casas parisinas. Esa mirada ajena a la confección clásica sería precisamente la que acabaría convirtiéndolo en una figura revolucionaria.

Cuando fundó su casa en 1966, la alta costura parisina seguía anclada en materiales nobles, técnicas artesanales y una visión casi aristocrática del lujo. Rabanne rompió ese marco desde el principio. Sus primeras propuestas incorporaron materiales no convencionales como metal, plástico o discos industriales, ensamblados mediante estructuras rígidas que transformaban la prenda en un objeto casi escultórico.

El imaginario futurista de Rabanne. Imagen: @thezoereport
El imaginario futurista de Rabanne. Imagen: @thezoereport

La colección que le dio notoriedad ese mismo año fue presentada como «12 vestidos imposibles de llevar con materiales contemporáneos». El nombre resumía perfectamente su una filosofía propia que defendía que la moda no debía limitarse a ser «vestible» o decorativa, sino que podía ser conceptual, experimental y casi provocadora.

Además, la década de los sesenta vivía fascinada por la carrera espacial. Mientras Estados Unidos y la Unión Soviética competían por conquistar el cosmos, Rabanne imaginaba cómo vestirían las mujeres del futuro. Esto hizo que su estética futurista encontrara rápidamente eco en el cine y la cultura popular. El caso más famoso llegó con la película «Barbarella» (1968), protagonizada por Jane Fonda. Aunque distintos diseñadores participaron en el vestuario, la imagen pública de Rabanne quedó definitivamente asociada a una visión espacial, experimental y provocadora de la moda.

Las siluetas arquitectónicas parte del ADN de Rabanne. Imagen: @thezoereport
Las siluetas arquitectónicas parte del ADN de Rabanne. Imagen: @thezoereport

Y mientras otros creadores miraban al pasado para encontrar inspiración, Rabanne parecía obsesionado con lo que estaba por venir. Esa capacidad para anticiparse a las tendencias se convertiría en el ADN de la marca durante décadas.

Del icono experimental a la pérdida de centralidad

Con el paso del tiempo, sin embargo, la casa fue perdiendo presencia dentro del sistema de la moda. A partir de los años noventa, Rabanne ya no ocupaba el mismo lugar de influencia que había tenido en su etapa inicial. Aunque la marca seguía existiendo, y manteniendo a la vez una poderosa división de perfumes, sus colecciones ya no ocupaban el lugar central que habían tenido décadas atrás.

Los años posteriores estuvieron marcados por una sucesión de directores creativos y distintos intentos de relanzamiento. Ninguno consiguió devolver a la firma el impacto cultural de sus mejores años.

Paco Rabanne junto a una modelo con uno de sus vestidos de discos metálicos. Imagen: @merleginsberg
Paco Rabanne junto a una modelo con uno de sus vestidos de discos metálicos. Imagen: @merleginsberg

Ese contexto fue el que encontró Julien Dossena cuando entró en la casa en 2013. Procedente del entorno creativo de Nicolas Ghesquière en Balenciaga, llegó con una visión contemporánea y una sensibilidad muy alineada con la nueva generación de diseñadores que emergió en ese momento en París. Su reto por lo tanto fue reactivar una marca con historia sin convertirla en una simple pieza de archivo.

Julien Dossena: el hombre que entendió el archivo

La gran inteligencia de Dossena fue comprender que el problema de Rabanne no era su pasado, sino que era la forma en que se utilizaba ese pasado. En lugar de copiar literalmente las creaciones futuristas de los años sesenta, decidió reinterpretarlas. Conservó elementos icónicos como las mallas metálicas, los discos ensamblados y el espíritu experimental, pero los transformó en prendas que podían convivir con el armario contemporáneo.

Julien Dossena reinventó el legado metálico de Rabanne para una nueva generación. Imagen: @houseofbeverly
Julien Dossena reinventó el legado metálico de Rabanne para una nueva generación. Imagen: @houseofbeverly

Esto ya lo pudimos ver en su colección Primavera-Verano 2014, donde reinterpretó esas construcciones metálicas en clave más ligera, introduciendo tejidos técnicos y transparencias que alejaban la firma del objeto rígido de los años sesenta.

Esa estrategia dio sus frutos. A lo largo de los años, la firma recuperó visibilidad dentro del circuito de la moda parisina y volvió a posicionarse como una marca reconocible tanto en pasarela como en cultura popular. Celebridades como Beyoncé, Zendaya, Sabrina Carpenter, Chappell Roan o Michelle Obama incorporaron regularmente sus diseños. Pero más importante aún era que la firma por fin dejó de vivir únicamente de la nostalgia.

Dossena actualizó los códigos históricos de la casa sin perder su esencia futurista. Imagen: @sidebysidespecial
Dossena actualizó los códigos históricos de la casa sin perder su esencia futurista. Imagen: @sidebysidespecial

El cambio de nombre y la consolidación de una nueva etapa

Uno de los gestos más significativos de este proceso llegó en 2023, cuando la casa decidió simplificar su identidad y pasó de «Paco Rabanne» a simplemente «Rabanne». El cambio no fue únicamente estético o un tipo de estrategia de marketing, sino una forma que la marca buscó para desvincularse parcialmente de la figura de su fundador, y así construir una identidad más abierta y contemporánea.

Capucha metálica de Rabanne reinterpretada por Julien Dossena en pasarela. Imagen: @zegalba
Capucha metálica de Rabanne reinterpretada por Julien Dossena en pasarela. Imagen: @zegalba

Para entonces los resultados eran evidentes. Bajo la dirección de Dossena, Rabanne había recuperado relevancia cultural, ampliado su presencia internacional y superado por primera vez los mil millones de euros en ventas anuales dentro del grupo Puig. Por lo tanto, la pregunta ahora es:

¿Y ahora qué?

En el momento actual no existe un anuncio oficial sobre su sucesor. La firma ha comunicado únicamente la salida del diseñador, sin confirmar quién asumirá el control creativo. Sin embargo, los rumores han situado repetidamente a Olivier Rousteing entre los candidatos más comentados. El diseñador francés abandonó Balmain en 2025 después de catorce años al frente de la firma.

Su nombre además resulta interesante porque representa una visión muy distinta a la de Dossena. Mientras este apostó por una sofisticación intelectual y una reinterpretación sutil del legado futurista de Rabanne, Rousteing construyó en Balmain un universo basado en el espectáculo, el poder visual y la conexión con la cultura pop global.

Paco Rabanne saluda al público al término de uno de sus desfiles. Imagen: @nigel_luck
Paco Rabanne saluda al público al término de uno de sus desfiles. Imagen: @nigel_luck

Esto se traduce en que si finalmente llegara a producirse ese fichaje, la casa podría entrar en una etapa completamente diferente. Pero por ahora sigue siendo únicamente una especulación. Así que sea quien sea el elegido, el próximo director creativo no solo heredará una marca con un archivo potente, sino también una pregunta abierta desde hace casi sesenta años. ¿Cómo se diseña el futuro cuando el futuro ya forma parte del pasado?

Eneko Méndez @enekomndez

Imágenes: Instagram

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