Argentina es una cuna de talentos que parece no tener fin. Y Ramma es un significante más de un fenómeno que, si bien estos últimos años ha bajado su intensidad, parece que de nuevo vuelve a ser la cantera que nos trajo a leyendas como Duki, Neo Pistea o YSY A.
La propuesta del artista trae consigo una esencia propia que hace prevalecer el mensaje por encima de todo, con su trilogía de discos sostenidos por un concepto como principal significante.
Ramma: «A veces siento que estamos viviendo en un gran juego de marketing, como en una historia de Instagram constante»
Quería empezar preguntándote quién eres, para quien no te conozca. Cuéntame un poco sobre tu proyecto y por qué «Ramma». ¿De dónde viene el nombre?
Te respondo primero a lo del nombre. Me llamo Ramiro Valentín Domínguez y acá en Argentina, a los Ramiro les llaman «Rama». Una vez estaba con un amigo y justo iba a subir mi primer tema, entonces me dijo: «A mí me gusta, pero ¿por qué no te pones una M más?». Y, bueno, me puse una M más. Así nació «Ramma» (risas). Al principio no sabía si hacerlo, pero por suerte lo hice, porque hoy en día es muy valioso. Tenía 14 años en ese momento.
Me considero un artista versátil. No me defino dentro de ningún género específico porque me gusta todo tipo de música. Ahora estoy más cómodo con lo urbano, pero escucho de todo: rock, música argentina, pop… quizás no lo digo todo el tiempo, pero me gusta mucho la variedad.

¿Y cómo empezaste en la música? ¿En qué momento decidiste dedicarte a esto?
Siempre supe que lo iba a intentar. No era tanto «voy a vivir de esto», aunque obviamente tenía ganas, porque no estaba 100 % seguro de que me iba a ir bien. Le decía a mi familia: «Lo voy a probar, lo voy a hacer». Sabía que destacaba, pero me faltaba afianzar la certeza. Fue jugármela mucho.
¿Fue complicado dar el paso?
Sí, estaba en una situación económica bastante límite. No era un momento cómodo para mí. Entonces, cuando tuve mi primer boom comercial, fue muy loco. Estaba en la cuerda floja. Ahí fue cuando realmente sentí que quizás podía vivir de la música. Pero igual, nunca tuve certeza. Solo sabía que lo iba a intentar hasta el final.
¿Y por qué elegiste el trap si te gusta tanta música diferente?
Creo que fue algo generacional. El trap me empezó a gustar un poco más tarde. Al principio no lo entendía mucho, pero después me di cuenta de que es un género que llama la atención. De hecho, en algunos aspectos lo siento parecido al rock. Es muy versátil: podés hacer cosas melódicas, rápidas… me gustó por esa libertad.

Hablando de tu proyecto, tus discos conforman una trilogía. ¿Eso fue planeado desde el principio?
La verdad, no. Cuando saqué el primer disco, no tenía en mente hacer tres. Siempre me gustó el tema conceptual, eso sí. No soy mucho de playlist, me gusta que un disco tenga un sentido, un hilo… El primero era muy desde la duda, desde la incertidumbre. «Intrépido» fue confiar ciegamente en mí mismo, una especie de blanco y negro emocional. «Inmortales» representa el cierre de esa etapa, como que ese Ramma que se venía formando se consolidó por completo.
Me he fijado en que no sueles colaborar mucho. ¿Hay alguna razón?
Sí, puede ser. En general suelo hacer las cosas por mi cuenta. No porque no quiera colaborar, sino porque si una canción ya funciona así, no le sumo a nadie a menos que sienta que realmente lo necesita. Pero eso está cambiando, ahora voy a empezar a colaborar más…
Supongo que también influye el concepto de cada disco, ¿no? Es más difícil confiar en que otra persona entienda ese concepto…
Totalmente. Cuando hago algo conceptual, necesito que la otra persona conecte con eso. Por eso suelo colaborar más de una vez con los mismos artistas, como en el caso de Trap. Para mí, tiene que haber un vínculo personal primero. Si conecto con alguien como persona, todo fluye mejor en el estudio.
¿Tienes algún artista español en mente con quién te gustaría colaborar?
Ya hice un tema con Munic HB, que es muy amigo, es un hermano para mí. Y me encantaría colaborar con Recycled J. Tiene una voz increíble.

Estuve revisando cosas que has dicho en entrevistas y me llamó la atención algo que comentaste: «por endiosar a los artistas, nos olvidamos de que son personas». ¿Alguna vez te sentiste así, endiosado, y te incomodó?
Sí, bastante. Pero lo entiendo. La gente idealiza, no solo en la música, en muchos ámbitos. Lo más valioso que tenemos es lo que somos por dentro y a veces siento que estamos todos viviendo en un gran juego de marketing, como en una historia de Instagram constante. Yo soy más sencillo. Me ha pasado de estar en lugares donde la gente me dice «wow» y yo me siento normal, pero entiendo que es por cómo me ven, por cómo me escucharon en una canción o en vivo.
Para cerrar, ¿en qué punto te encuentras ahora a nivel artístico? ¿Y hacia dónde vas?
Siento que todavía estoy en un comienzo. He vivido cosas hermosas, pero aún me falta mucho. Estoy entrando en una segunda etapa más introspectiva, más fuerte, más personal. No sé si hay tantos artistas hoy en día que se estén preocupando por mirar hacia adentro, pues muchos están más enfocados en el lujo o en aparentar. Yo quiero darle otro enfoque a mi música, algo más verdadero porque, para mí, la música es lo más lindo que hay.
Dani Curbelo: @ssaintdanii
Imágenes: Cortesía de Dale Play Records y Gazzeta