SOUVENIRS de viaje: 6 recuerdos que sí merece la pena comprar
Tiendas de cerámica artesanal en Grottaglie, al sur de Italia, uno de los destinos donde encontrar souvenirs únicos hechos a mano. Imagen: @isabellapetrosillo
¿Cansada de volver de cada viaje con el mismo imán? De la cerámica artesanal a una pieza vintage, seleccionamos seis souvenirs originales que sí merece la pena guardar en la maleta y conservar al volver a casa
El souvenir perfecto no es un imán: 6 cosas que merece la pena comprar de viaje
Después de semanas viajando, recorriendo un nuevo país, visitando una ciudad o saltando de playa en playa, llega el momento de volver a casa. El primer impulso es comprar un imán de recuerdo, que quedará expuesto y olvidado en el frigorífico junto a todos los demás. También un llavero o esa icónica camiseta de “I love… (inserte aquí nombre de la ciudad)” que irremediablemente queda arrinconada en el armario.
El concepto de souvenir ha evolucionado durante los últimos años. Este se concebía como un objeto genérico comprado en el último momento, incluso en el aeropuerto o en la tienda de recuerdos junto a la parada de autobús. Ahora la clave para llevar un pedazo de viaje de vuelta a casa es optar por otro tipo de alternativas: objetos bonitos con historia, útiles o especiales que puedan formar parte del día a día o integrarse en la decoración del hogar.
1. Cerámica local: uno de los souvenirs de viaje que nunca falla
Hay destinos donde la cerámica es más característica que otros, pero siempre habrá alguna tienda local con piezas hechas a mano a la que merecerá la pena entrar. Una taza, un plato decorativo o un pequeño jarrón fabricado por artesanos puede convertirse en una de esas piezas que se utilizan durante años. El color, la textura e incluso la forma puede ser identificativo de una zona.
«Não Sou Rita» de Joana Nogueira, criaturas de cerámica moldeadas a mano. A la venta en Depozito, tienda de artesanía tradicional y contemporánea 100 % portuguesa en Lisboa
2. Objetos de diseño para recordar un destino
Siguiendo con el interiorismo, las tiendas de decoración también esconden souvenirs únicos. Tanto el típico establecimiento de barrio como las boutiques más exclusivas guardan joyas. Uno puede aprovechar para comprar algo pendiente, esa pieza atesorada que lleva tiempo en la lista de deseos y justo se encuentra de viaje. Para poder llevarlos de vuelta en la maleta, deberían ser objetos pequeños, como un marco de fotos, una pieza de papelería o un ornamento para el árbol de Navidad.
Elegir un accesorio también es un detalle al que se le puede sacar mucho partido, no solo por el objeto en sí, sino porque cada vez que se utilice, siempre quedará el recuerdo de aquel verano. Esos pendientes azules del mercadillo cerca de la playa, un pañuelo con los colores del atardecer, un bolso de rafia hecho a mano por artesanos de la zona…
Bolso Petit Piel hecho a mano en San Sebastián, disponible en la concept store de Dalas Handmade
4. Libros y revistas: souvenirs para volver al destino
Otro buen pasatiempo es visitar librerías y papelerías, donde se encuentran versiones originales y ediciones limitadas únicas. También encuadernaciones especiales, libretas, agendas, libros de fotografía, una novela ambientada, un ensayo de un escritor de la zona, incluso un recetario. Pueden ser recuerdos diferentes. Otro souvenir sería un periódico local o una revista en papel, donde aparezca la fecha y el lugar por escrito, además de tener noticias de la zona y tendencias del momento.
«Un día cualquiera en Nueva York», una colección de crónicas de la escritora estadounidense Fran Lebowitz que retrata con humor y sarcasmo la vida en Nueva York. Imagen: @sundayatjuanas
5. Una pieza vintage encontrada durante el viaje
Si hay mercadillos o tiendas vintage en el destino, seguro que merecen una visita. Hay algo satisfactorio en encontrar una pieza especial a buen precio estando de viaje. Una chaqueta, un bolso de marca, un portavelas, un pequeño espejo, un joyero antiguo… son objetos con mucha personalidad. Puede ser una pieza que llame la atención y busque una segunda vida.
6. Gastronomía local: el souvenir que también se come
La comida también puede ser un souvenir, algo con lo que disfrutar solo o en compañía. Dulces, bebidas o snacks característicos de un lugar que se pueden llevar de vuelta a casa y probar con amigos y familia. Cada vez son más las tiendas que venden estos productos en envoltorios decorativos, con la intención de conservarlos y mantener un recuerdo una vez consumido su interior.
Ensaimadas de Horno Santo Cristo, en Palma de Mallorca. Un dulce tradicional de la isla
La manera de viajar ha cambiado, pero también lo ha hecho la forma de consumir, ahora mucho más consciente. Más allá del típico imán, llavero o postal, un destino se recuerda con objetos más sensoriales. Se opta por esa pieza de segunda mano, un jarrón de cerámica hecho por un artesano local de la isla, un dulce típico para una comida con amigos. Aunque siempre quedará lo vivido, las fotos y el recuerdo de aquel verano, cada año diferente y especial a su manera.