Retrospectiva de VAL KILMER: en memoria de un icono
Val Kilmer en «Top Gun Maverick» (2022). Imagen: Fotografa oficial de la película.
Val Kilmer ha muerto a los 65 años. Fue Iceman, fue Jim Morrison, fue Batman, fue Doc Holliday… Fue muchas cosas, pero sobre todo, fue Val Kilmer: un actor magnético, impredecible y extremo. Ídolo de culto, estrella de los 80 y 90, desde Vanidad hacemos una retrospectiva de su implacable trayectoria.
«No pensaba en mi vida como si fuera un cliché. Pero definitivamente soy un cliché excéntrico. ¿Quién narices se llama Val en primer lugar?».
El 2025 está siendo un mal año para los amantes del cine. Iconos de nuestro tiempo como David Lynch, Gene Hackman, Richard Chamberlain y ahora Val Kilmer se han ido, dejándonos mucho más que un solo recuerdo. Personas que con su arte se hicieron casi inmortales, leyendas de nuestra generación con las que hemos podido llorar y reír con nuestros amigos y familiares y con las que, seguro, podremos volver a compartir horas y horas revisitando todo lo que consiguieron hacer con su arte; para ellos, su único y verdadero legado.
Val Kilmer en «Top Gun» (1986)
VAL KILMER: adiós a un icono
Val Kilmer empezó actuando a muy temprana edad, apareciendo en las películas que su hermano Wesley Thomas Kilmer dirigía —con una cámara de 16 milímetros— desde el patio de su casa de California. Juntos, reescribían y replicaban sus películas favoritas, dándose a ellos mismos los papeles y creando pequeños mundos enteros que compartían, presagiando lo que parecía que iba a ser una larga carrera para los dos.
Como el propio Val dijo muchos años después: allí supo todo a lo que quería dedicar su vida, no tenía dudas. Sin embargo, las luces se apagaron antes de tiempo para uno de ellos, impidiendo que pudieran hacerse con su sueño de trabajar de la mano. Pues, pocos años después de empezar —con apenas 15 años— el hermano que le había abierto las puertas del mundo del cine murió inesperadamente después de sufrir un ataque epiléptico en el jacuzzi de su casa.
Pero Kilmer vería como su misión terminar lo que juntos habían empezado. Ser una estrella de cine, para él, solo podía ser una cuestión de tiempo, nada más. Así, con apenas 17 años, habiendo mandado cintas y cintas de los mismos videos grabados por él y por su hermano, Kilmer ingresó en una de las escuelas de artes dramáticas más prestigiosas del mundo: la escuela Juilliard de Nueva York, dispuesto a cumplir su sueño.
Val Kilmer en «Heat» (1995)
Al tiempo, el primer papel cinematográfico de Val Kilmer llegaba con la película de comedia «Top Secret!» (1984), donde interpretó a Nick Rivers, una estrella de rock estadounidense envuelta en una trama de espionaje.Antes de este debut en el cine, Kilmer ya había trabajado en teatro y televisión.En 1983 protagonizó la obra de Broadway «The Slab Boys» junto a Kevin Bacon y Sean Penn. Y, ese mismo año, apareció en el episodio «One Too Many» de la serie educativa ABC Afterschool Specials, un drama sobre el consumo de alcohol y conducción, donde compartió pantalla con una jovencísima Michelle Pfeiffer.
Después de «Top Secret!», que hoy es una película de culto pero que entonces no fue más que un debut raro y valiente, Kilmer tardó poco en dar con un papel que lo lanzaría a ligas mayores. En 1986 llegó «Top Gun» y, con ella, uno de los personajes con los que se le recordaría para siempre: The Iceman, el piloto perfecto, engreído, elegante, inexpresivo y desafiante. Un antagonista que, paradójicamente, enamoró, para muchos, más que el propio protagonista.
¿Lo más curioso? Que Kilmer no quería hacer la película al principio, pero el estudio fue insistente y aceptó. Como él mismo decía, «porque era joven y tenía que pagar el alquiler». De hecho, lo que más llama la atención es que el actor tenía tantos problemas con el guion al principio, que cuando tuvo que hacer el casting para el director Tony Scott, intentó deliberadamente que no le cogieran, dando una interpretación que él llamaría «fría, y sin ningún tipo de emoción»… exactamente lo que Tony Scott había estado buscando para el personaje.
Su Iceman se convirtió en uno de los grandes personajes secundarios del cine comercial de los 80. Sin buscarlo, sin pretenderlo. A base de magnetismo puro.
Val Kilmer en «Top Gun» (1986)
Ese mismo magnetismo lo volvió a demostrar en «Willow» (1988), la épica de fantasía producida por George Lucas. Allí interpretó a Madmartigan, un espadachín fanfarrón y torpe, un personaje que se prestaba al exceso, pero que Kilmer dotó de una humanidad y un humor físico que aún hoy se recuerdan. En esa película conoció a Joanne Whalley, con quien se casaría poco después y tendría dos hijos. De nuevo, la historia se parecía a la de una película. O, al menos, al principio…
Ya entrados los 90, Val empezó a elegir papeles más exigentes, más intensos, más «de actor». Y su gran consagración llegó con «The Doors» (1991), donde se metió en la piel —y en el alma— de Jim Morrison. No solo interpretó el papel, sino que lo habitó. Aprendiendo todas las canciones e imitando su voz al detalle durante un año antes de siquiera empezar el rodaje de la película, se obsesionó con entenderlo. Por ello, la actuación fue tan buena, que incluso los propios miembros de The Doors tuvieron problemas para distinguir entre la voz de Morrison y la de Kilmer. Pero como casi todo en su carrera, ese éxito vino con un peaje: se hizo fama de obsesivo, de difícil, de perfeccionista hasta el extremo.
Esta sería la llamada época dorada de la vida profesional de Kilmer, pues, apenas dos años después, interpretó en la ahora legendaria «Tombstone» (1993) a Doc Holliday. El doctor alcoholico-ludópata experto en el arte del tiro rápido sería el vehículo perfecto para un Kilmer que todavía exploraba todas sus capacidades actorales. Un pistolero tuberculoso, melancólico y letal, que entre duelos y vasos de whisky, se paseaba por el desierto como un fantasma de sí mismo.
Kilmer se lo comió todo. Su «I’m your Huckleberry» quedó grabado a fuego en el imaginario colectivo. Y, de nuevo, un personaje secundario acaparaba, casi sin intentarlo, todo el protagonismo de la película.
Val Kilmer en «The Doors» (1991)
Pero entre éxito y éxito, un inesperado animal crecía dentro de la cabeza de Kilmer: su ego. Es difícil ignorar la actitud de primadonna que Kilmer empezó a llevar a la mayoría de sus películas alrededor de esta época. En «Batman Forever» (1995), por ejemplo, no era poco común pillarle gritando abiertamente a su director y hasta destrozando parte del set en una ocasión cuando no se sentía cómodo con el trabajo de sus compañeros.
También, en «The Saint» (1997), sus compañeros de producción recordarían para siempre cómo Kilmer les obligaría a todos a no hacer contacto visual con él en ningún momento. Y en «The Island of Dr. Moreau» (1996) se le daría a conocer por conseguir tanto el despido del primer director que tuvieron, Richard Stanley, como la renuncia de uno de sus coprotagonistas. De hecho, el director que siguió a Stanley sentenció sobre el comportamiento de Kilmer: «hay dos cosas que nunca haré en mi vida: escalar el Monte Everest y volver a trabajar con Val Kilmer».
Como cualquier objeto incandescente, Val Kilmer tuvo sus luces y sus sombras pero siempre será recordado como uno de los grandes, porque fue uno de los grandes. Desde Vanidad le damos las gracias.