A veces no entiendo por qué nos desmotivamos. Quizás es que no somos muy conscientes de que el tiempo es finito y de que cada día que pasa, (ya sabemos que es una frase hecha) no vuelve, pero es verdad. Es precioso tener recuerdos bonitos y dejarnos llevar a veces por la melancolía pero lo cierto es que seguramente tengamos muchos más momentos así o incluso mejores. Lo que se necesita es tener los ojos muy abiertos. Hay que saber disfrutar de la vida, y con esto sí que quiero decir que hay que SABER DISFRUTAR: quedarse con lo bueno, leer mil libros y abrirse al mundo como si cada día fuera el primero de una gran lista de primeros días, de primeras veces. Dejar de lado la desidia y aprovechar cada instante no tiene que ver sólo con las grandes cosas, con los grandes retos, dejar de lado la pereza tiene que ver con aprovechar esos pequeños instantes que podemos compartir con quien nosotros queramos y sí, hay que apagar el teléfono y quedar en persona con la gente, hay que reírse más y aprovechar esos tontos cinco minutos al día para demostrarle a los tuyos que les quieres. No sé si nos hemos dado cuenta de que muchas veces nos acomodamos en nuestra zona de confort y vivimos a medio gas, ignorando el potencial que tiene nuestra vida a todos los niveles. Nos distraemos con quejas inútiles y nos estancamos en rutinas poco creativas… ¡Y podríamos hacer tantas cosas! Tantas… Podemos aprender chino o aprender a bailar twist, conocer los misterios de la antigua Grecia, ver películas hasta hartarse o dar paseos en bici descubriendo nuevos lugares de la ciudad. De lo que se trata es de no irse a la cama con esa sensación de que haya pasado un día más y no sintamos que hemos hecho nada nuevo, o nada especial. Buscar nuevos alicientes siempre es un bonito reto, probar, cambiar, saborear, lo único necesario es confiar en uno mismo y darse cuenta de que puede que esta vida te sorprenda en algún instante con algo que no esperabas, porque las cosas grandes generalmente son coincidencia del azar. Quizás un día tengamos a un amigo al otro lado del charco y sólo podamos hablar con el virtualmente, quizás un día tengamos que despedir a una persona que queremos, pero sobre todo, debemos intentar aprovechar esas momentos que nos brindan para embriagarnos de buenos recuerdos. Todo no dura para siempre, lo malo tampoco y por eso, hay que abrazarse a cualquier tonta excusa para compartir sonrisas y para sentirnos bien.
La única gran motivación de la vida es la vida en sí, la vida con nosotros mismos.

 

 

Alejandra Remon – @alejandraremon

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