“Quizás el año que viene, igual mañana, dentro de un rato. Quién sabe…” Me da bastante envidia aquellos que saben esperar al momento oportuno para que sucedan las cosas, me parece fantástico. Nunca sé cuándo es el momento ideal. Soy bastante torpe, soy una observadora torpe. Yo siempre ando granito a granito construyendo mi camino pero no sé muy bien cuantas veces voy a tener que volver a empedrarlo, ni cuantos desvíos voy a tener que tomar. Si tuviera siempre todo tan claro supongo que me saldría todo bien a la primera, pero vaya, entonces ya no sería tan yo misma. Igual sería otra cosa, una piedra, una planta, pero bueno, eso no es asunto mío. Imagino que a alguien le parecería buena idea eso de convertirme en humana emocional, con risa contagiosa rara, cabeza de chorlito y pocas dotes de canto, antes de reencarnarme en una cosa más pasiva o con menos conocimiento de causa. A veces me reniego a mí misma por no saber esperar, pero es que andar siempre latente es un sentimiento que me desespera, es como la gente lenta y parsimoniosa, me ponen bastante de los nervios y al final soy yo la que termina actuando cuando lo cierto es que debería dejar al resto poder actuar. Me he prometido, como nuevo compromiso de nuevo año, aprender a controlar un poco los impulsos, pero es que cuando lo veo todo transparente, quiero siempre más, y más y más. Qué pasa, vale, soy un poco egoísta o quizás inocente… Pero no sé, el otro día escuchaba a Natalia Lafourcade diciendo “¿para qué esperar si no hace falta? y yo misma respondía en mi cabeza a Natalia: pues para tenerlo un poco más claro, niña. Pero ¿quién sabe cómo estará más claro? ¿dónde demonios estaré yo mañana? Intento ser más práctica pero me sale mal y tengo conflictos entre mi ello, mi yo y mi superyo, así que con Freud las cosas no tienen demasiado sentido y sus queridas pulsiones se que me quedan obsoletas. Así que nada, yo a aprender a esperar, un poquito, a dejarme llevar cuando la marea no tenga demasiada agua revuelta y a aprender cada día un poquito, con todos, con todo, porque a fin de cuentas, eso es lo verdaderamente emocionante. Y vosotros, pues a vivir, cada uno de la manera que vea conveniente.

 

Alejandra Remon – @alejandraremon

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