Estamos rodeados de positivismo enlatado en los últimos años, desde que comenzó la crisis, afloraron un montón de buenos propósitos y de frases súper felices, motivadoras, positivas...  ¡Vamos, corre Forrest, corre! Un montón de frases energéticas de ésas guays, sí. Pero también son esas frases que prefieres que te diga un amigo junto a un abrazo antes de que te regale una taza que te recuerde cada mañana lo miserable que eres. Muy bien, tras esta pequeña introducción hacia el mundo de la “pochez alegre” voy a escribir mi pequeño punto de vista, que no digo que sea cierto, pero es mío. Hay una cosa que tengo muy clara, la felicidad no es un fin, es un camino. No podemos pretender llegar a ser felices, debemos ser felices y llegar a ser otras cosas. Y todos sabemos que hay veces que cuesta más y otras menos, hay momentos en la vida donde nos agarramos a clavos ardiendo pretendiendo conocer esa felicidad que tanto nos piden que tengamos y esa felicidad como tal, no existe, sólo está en nuestras cabezas, en los cuentos Disney. La dicha no llama a tu puerta y te dice qué tal estás, ni te da un abrazo por la noche, ni te despierta con una sonrisa… la felicidad se encuentra en esas otras cosas pequeñas que cada uno va haciendo a lo largo del día y que le hacen sentirse bien, porque hacer cosas buenas para el resto es tremendamente positivo. La dicha la creas tú, tú solito cuando pides perdón, cuando sonríes, cuando ayudas a alguien en algo sin esperar nada a cambio, cuando te esfuerzas porque crees en tu trabajo, cuando le dices a alguien que le quieres desde dentro, que lo sientes, cuando las cosas pequeñas se convierten en cosas grandes, eso es felicidad. El chocolate, taparse hasta las orejas con una manta, reírse de cualquier cosa absurda y por supuesto, siendo uno mismo siempre. No sé si alguien se ha percatado de una cosa muy curiosa, que es la siguiente: uno desconoce su mejor momento hasta que no ha pasado. Por eso, hay que afrontar cada día con mucha ilusión y contemplando la idea de que las cosas siempre pueden ir a mejor. Ésta debe ser tu filosofía de vida, la de la fuerza y las ganas, la que fluye libre, la que no entiende de patrones y es tan pura que te hace ser, inconscientemente muy feliz. Ésa es la felicidad. Y no una frasecita de “ánimo que tú puedes”. Porque poder, puedes, siempre.

 

Alejandra Remon – @alejandraremon

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