Podríamos decir que “estrés” y “ansiedad” son dos de las palabras más oídas en la actualidad. Ya sea como males endémicos del siglo XXI o producto circunstancial de la situación que vivimos, estas afecciones inciden en diferentes grados de importancia sobre una gran parte de la población.

La generalización, y quizá banalización, de ambos como obstáculos a los que enfrentarse a diario, ha llenado las consultas de psicólogos y psiquiatras. También ha espoleado la búsqueda de métodos alternativos que ayuden a sobrellevar los efectos negativos derivados. Porque más allá de ser dolencias de carácter emocional o psicológico, ambas afectan de manera física, acortando y empeorando la calidad de vida de quien las sufre.

Como mecanismo evolutivo, el estrés nos ha permitido estar donde estamos, ya que significa una explosión de energía en forma de cortisol y adrenalina para poder salvar situaciones críticas para la supervivencia. El problema es cuando ese botón rojo SOS se acciona por situaciones que, a priori, no deberían generar una respuesta tan extrema. Mantener el organismo en una situación constante de alarma resulta agotador e insostenible a largo plazo para nuestra salud, alterando, en los casos más leves, el sueño o las digestiones.

Sin entrar en tratamientos y terapias médicas, sino como opciones a considerar paralelamente, si el estrés se sienta a la mesa, te interesa descubrir el poder de los adaptógenos. En líneas generales, se acepta que se acuñó la denominación y estudió sus beneficios a mediados del siglo XX. Así, como área de reciente estudio, todavía no existen investigaciones determinantes, pero sí que hay acuerdo en que su acción suele ser global en el organismo y no implica inconvenientes, más allá de acordarse de incluir su ingesta en la rutina diaria.

¿Qué son exactamente los adaptógenos?

Aunque son sustancias conocidas y utilizadas durante siglos (hierbas, raíces, hongos o bayas en su mayoría), se conoce así a aquellas que comenzaron a interesar a la ciencia por tener la capacidad de reforzar la resistencia del cuerpo. No se trata de sufrir en vano, sino de mejorar la adaptación del ser humano al medio y con ella, su capacidad de respuesta frente a las circunstancias modernas.

Según estudios recogidos en la revista sueca Pharmaceuticals, los adaptógenos entran en juego ofreciendo un efecto protector neuronal y antidepresivo. Así, los test realizados demostraron que potenciaban la actividad mental y luchaban contra la fatiga derivada, incrementando la tolerancia a la misma y aumentando la atención. Podríamos decir que funcionan como un estímulo adicional que ayuda a equilibrarnos e incrementar el aguante en situaciones de desgaste físico y emocional.

Suena bien, ¿verdad? Sobre todo, en un momento en el que nos faltan brazos para llegar a los plazos de entrega en el trabajo, obligaciones familiares, exámenes o surtir la nevera semanalmente de recetas saludables, a nosotras nos suena a canto celestial.

Si como nosotras entiendes tu salud de una manera holística e integral, te interesa conocer algunos de los más extendidos, ya que te servirán para mantener la balanza en el punto justo. 

Comenzamos con la ashwaganda, que suena a asana de yoga, pero en realidad es conocida como el ginseng indio. Un ingrediente importantísimo en el ayurveda que reduce el estrés y la ansiedad, funcionando también como un tónico para la energía sexual. Si puedes divide la dosis en dos, tomando una en la noche, y verás que tu sueño es más lúcido y descansas mejor.

Por otro lado, el cordyceps es un hongo utilizado en la medicina tradicional china que mejora la resistencia en actividades físicas. En el país asiático es conocido por aumentar la esperanza de vida, tal y como otro de la familia, el reishi, al que califican de “seta de los 10.000 años”. Ambos sinónimos de longevidad, tonifican y refuerzan el sistema inmunitario. Combinados ya son la bomba de cualquier beauty addict que quiera resistir el paso del tiempo sin despeinarse.

Seguimos con la maca, o ginseng de los Andes, una planta tradicional de Perú que muchos utilizan para activarse sin los efectos secundarios de la cafeína. Estimula la actividad mental, mejora la libido y refuerza el sistema inmunitario.

El regaliz, tan presente en fórmulas cosméticas, también ha sido estudiado como adaptógeno porque al ser ingerido reduce el estrés y mejora la actividad del sistema digestivo, haciendo que enfrente mejor las situaciones de nerviosismo. 

La rodhiola es una planta que alivia la fatiga física o mental y sube el ánimo. Estudiada por la medicina rusa en plena Guerra Fría, sus propiedades son conocidas en la región eslava y nórdica desde hace siglos. 

Más habituales en la cocina de hoy en día, encontramos a la cúrcuma, que mejora la función cerebral, y el ginseng, que acorta el tiempo de respuesta y amplía la memoria. Existen diferentes tipos de esta última raíz, algunas más estimulantes del sistema nervioso, otras más relajantes, todas beneficiosas si encuentras la más adecuada a tus necesidades.

Tener suficiente energía para hacer lo que queremos hacer, sin que resulte abrumador o genere ansiedad parece una fantasía, pero es posible con los adaptógenos, entre otros. Como en la fitoterapia o la aromaterapia, muchos dirán que solo es producto del efecto placebo. Pero, ahí la única certeza es que no lo sabrás hasta que lo pruebes y, si funciona, solo tienes algo que ganar.

 

Berta Almagro: @balmagro

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