Sí, el público ya empieza a estar harto de los biopics. Pero no, «Superestar» no se parece a ningún biopic que hayas visto antes, y por eso se merece un hueco especial en tu corazón.
La televisión de principios de los 2000 poco tenía de parecido con la actual: hubo una época en la que lo más extravagante, surrealista y fuera de serie era, en efecto, lo que llenaba los televisores. Una época en la que el escándalo era inevitablemente el mejor complemento para la fama.
Hoy estamos viviendo una era de ficción nostálgica y constantemente estamos regresando a momentos que ya son leyenda en nuestra historia… Sin embargo, hay formas y formas de hacerlo, y «Superestar» ha elegido tener la justicia y la fantasía de su parte.

¿De qué va «Superestar?
Nacho Vigalondo y Claudia Costafreda, junto con su equipo de guion, han construido un relato sin precedentes que traslada al espectador lo que sus protagonistas trasladaron en el año 2000.
Para aquellos que viven en una cueva, la nueva serie de éxito de Netflix está basada en la historia real de Tamara (o Yurena, depende de la época), una cantante de lo más peculiar que saltó a la fama en esa década con su éxito «No cambié» acompañada de Leonardo Dantés, otro personaje de la industria musical. Poco a poco, los artistas que orbitaban alrededor de Tamara comenzaron a aprovecharse de ella y de su peso mediático, llenando los platós de programas como «Crónicas marcianas».

¿Cantante o personaje de la prensa rosa? Lo cierto es que Tamara, siempre acompañada de su madre Margarita Seisdedos, nace como estrella del pop, pero rápidamente, su faceta artística pasa a un segundo plano debido al circo que se monta en torno a su figura. Los responsables y protagonistas de tales montajes fueron personajes como Paco Porras, Tony Genil y Miguel de Diego, todos miembros del mundillo que vieron en Tamara una oportunidad para brillar.
Pero esta telenovela rosa poco a poco se van sumando más nombres, como el de Loli Álvarez, enemiga íntima de la cantante. Todos ellos forman parte de lo que hoy en día se conoce como «tamarismo», una época en la que la fiebre por Tamara (para bien o para mal) ocupaba todos los medios.
Sin embargo, con el paso de los años, la fama de la artista comenzó a tornarse más oscura de lo que pareció años atrás… ¿Le debemos una disculpa a Tamara (ahora Yurena)?

¿Por qué tienes que ver la nueva serie de Netflix protagonizada por Ingrid García-Jonsson?
Si bien es cierto que en «Superestar» hay un evidente trabajo y esfuerzo por representar y reflejar fielmente la realidad, su punto fuerte es indudablemente la otra cara que nos ofrece: las metáforas disfrazadas de un surrealismo casi fantástico nos recuerdan que aún se puede ser original en ficción.
Servirse de un buen recurso narrativo para contar una historia de manera diferente, es el truco de magia por excelencia para convertir tu obra en maestra. Si a eso le sumas una estructura clara y atractiva, el resultado no puede ser otro que excelente. Y eso mismo es lo que ha sucedido con «Superestar», que nos cuenta la historia de Tamara a través de los personajes que la constituyeron (cada capítulo se centra en uno de ellos, al más puro estilo «Skins», pero con un aire nostálgico que traslada inevitablemente en el espacio tiempo).

Estéticamente, la serie mantiene una línea magnética que no sólo nos remonta a los 2000 mediante el vestuario y el trabajo de maquillaje y peluquería, sino también a través del color, las localizaciones y la textura de las imágenes. Imágenes construidas desde un imaginario que escapa a sus propias fronteras, dando rienda suelta a una creatividad sin límites y construyendo una atmósfera casi perfecta.
Rozan la perfección también los miembros del reparto; el trabajo de casting da incluso miedo de lo bien hecho que está. Ingrid García-Jonsson al timón de este barco dando vida a una Tamara cambiante y carismática, ya es razón suficiente como para alabar este aspecto del proyecto, pero no podemos dejar a un lado cómo Carlos Areces, Secun de la Rosa, Natalia de Molina, Pepón Nieto y Julián Villagrán, han construido una simbiosis casi perfecta entre su personaje y la persona real que hay detrás. Todos ellos han hecho un trabajo magnifico en el que desde la expresión corporal hasta la oral, están medidos con precisión.
La redención implícita en «Superestar»
Todos los elementos formales que construyen la nueva serie de éxito de Netflix son indudablemente especiales, pero es importante no pasar por alto (tal y como se hizo con Tamara) que detrás de tanta floritura, se esconde un mensaje aún mayor.
Los años han pasado, y todos estos personajes ya sólo son un vago recuerdo. Un recuerdo en forma de «frikis», de «zumbados» y de «raritos». Vigalondo no sólo ha desenterrado sus nombres y sus historias, sino que también ha querido hacerles justicia.
Figuras como la de Leonardo Dantés se muestran vulnerables y se personifican fuera de los focos y las tertulias. Aunque indudablemente la redención principal es la de Yurena (también Tamara) que fue víctima de un circo mediático que la convenció de que las burlas y la sobreexposición eran el precio a pagar por una carrera musical exitosa…¿Habría sido más feliz Yurena si nunca se hubiese convertido en Tamara? ¿Si hubiese sido siempre María del Mar? ¿Y su madre?

No debemos pasar por alto que Tamara siempre llevaba al lado a una mujer menudita, con mala leche y un bolso cargado de intenciones: Margarita Seisdedos, su madre y su mayor fan. Ambas protagonizaron algunos de los momentos más divertidos de esa televisión de los 2000 que tanto polvo ha ido cogiendo estos años…
Pero, además de divertidos, esos momentos se muestran entrañables y nostálgicos en «Superestar», porque juntas atravesaron el momento vital más importante de ambas. Cada una desde su propio escenario. Juntas hicieron historia de la televisión, igual que el resto de personajes que, por más criticados que hayan sido, fueron el motor principal de una cultura del entretenimiento que configuró hitos de la televisión actual por los que siempre les estaremos agradecidos.

Y tú, ¿ya has visto «Superestar»?
Laura Echeverria Hermoso @lauetxh
Imágenes: Cortesía de Netflix ©Carla Oset