Admitámoslo, si alguien nos hubiese contado de qué iba la vida adulta, es muy posible que hubiésemos escogido no crecer…
Imagen: Archivo
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Admitámoslo, si alguien nos hubiese contado de qué iba la vida adulta, es muy posible que hubiésemos escogido no crecer…
Todos odiábamos que papá o mamá viniesen a despertarnos para ir al colegio (y prácticamente tuvieran que sacarnos de la cama a la fuerza). Era horrible. Pero incluso la voz de nuestros padres era más agradable que esa molesta alarma del despertador. ¿Salir de la cama por voluntad propia? ¿Y encima para ir a trabajar o a hacer un examen a la universidad? Que alguien me lo explique pero lo hacemos cada mañana.

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