Admitámoslo, si alguien nos hubiese contado de qué iba la vida adulta, es muy posible que hubiésemos escogido no crecer…
Imagen: Archivo
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Admitámoslo, si alguien nos hubiese contado de qué iba la vida adulta, es muy posible que hubiésemos escogido no crecer…
Ni siquiera nuestros padres cocinaban para nuestras fiestas de cumpleaños. Simplemente tenían que ir al supermercado y comprar Coca-Cola sin cafeína, pan Bimbo, Nocilla y un par de bolsas de ganchitos. Más tarde, de adolescentes, cambiamos la Coca-Cola por cervezas. Pero ahora, cuando invitas a tus amigos a cenar a tu casa esperan que cocines para ellos (y no precisamente espaguetis con tomate) y que encima les sirvas en platos de verdad que luego hay que lavar. ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Otra razón más para no crecer.

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