Admitámoslo, si alguien nos hubiese contado de qué iba la vida adulta, es muy posible que hubiésemos escogido no crecer…
Imagen: Archivo
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Admitámoslo, si alguien nos hubiese contado de qué iba la vida adulta, es muy posible que hubiésemos escogido no crecer…
Ahí está, la historia de terror más corta del mundo. Hubo una época en que salir, beber y tener resaca eran casi como un deporte. Te levantabas pasado el mediodía con un dolor de cabeza terrible, bebías agua (acompañada seguramente de un Ibuprofeno) y te tumbabas en el sofá, teléfono en mano para pedir pizza y pasar la tarde viendo películas de serie B entre siesta y siesta. Y un día se te ocurrió tener hijos, que son adorables y nos encantan pero tardan unos años en aprender a hacerse el desayuno ellos solos… Así que aunque llegues a las 6 de la mañana a casa porque tienes canguro, a las 7.30 tendrás un bebé llorando al que hay que cambiar pañales o a un par de pequeños que quieren ver los dibujos. ¡Felicidades!

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